Mi historia como Guardiana del Patrimonio
Soy Dahena. Me encanta el deporte, en especial el futbol. Y hoy quiero contarles cómo conocí a mis amigos de la fiscalía. Ellos llegaron a mi escuela preocupados por enseñarnos sobre las leyes y el cuidado del patrimonio. Al principio, quizá pienses: “qué aburrido, las leyes no son para niños”.
No te culpo, yo pensaba lo mismo. Antes de que ellos llegaran, ya nos habían dado otras pláticas y yo esperaba “lo de siempre”. Pero me equivoqué. Descubrí cosas muy interesantes y quiero contarlas a mi manera.
Aprendí que las leyes también son para los niños. Antes creía que solo eran cosa de adultos, porque son ellos quienes empiezan a romperlas. El problema es que los niños observamos y aprendemos: si un adulto rompe una regla, el niño que lo ve suele repetir la acción. Pero si los adultos están al tanto de nosotros y ponen el ejemplo, la historia cambia.
Cuando escuchaba los temas, al principio no me parecían interesantes, pero empecé a preguntarles cosas difíciles; ya saben, esas cosas que los niños curiosos solemos preguntar. Recuerdo que les cuestioné: “¿por qué algunos fueron presidentes si ni siquiera terminaron la escuela?”. Me explicaron que México ha tenido líderes muy inteligentes que no siempre tuvieron mucha preparación académica. Ahí comprendí que no todo se aprende en la escuela; sino que también aprendes mucho en la vida.
Sorprendida, fui anotando datos curiosos sobre el robo, el grafiti, la contaminación y el uso de armas o drogas. De todo eso, creo que lo que más nos afecta a los niños de mi edad son las drogas. Pienso que consumirlas pone en riesgo tu vida y la de los demás.
Yo te pregunto a ti, como niño: ¿Cuál consideras que es el delito que más nos daña? Para mí, el daño empieza con acciones que parecen pequeñas, como destruir algo que no es tuyo o tratar mal a los vecinos. Los espacios de nuestra ciudad son bonitos, pero si los dañamos y no hay respeto entre nosotros, algo hermoso se convierte en un conflicto grande.
Con la actividad me convertí en Guardiana del Patrimonio. Entiendo que ese compromiso va más allá de cuidar edificios. Ser una guardiana es hacer caso a esa vocecita en tu interior que te recuerda que estás ayudando a alguien: al ambiente, a mi comunidad, a mi familia y a ti mismo. Esa misma vocecita que cuando juego futbol me ayuda a meter goles.
A veces es difícil tener información y compartirla porque da miedo, pero saber ayuda a tener más ojos vigilantes y más seguridad. Esa voz me ha detenido cuando he sentido la necesidad de «pertenecer» a un grupo para tener amigos. A veces te dicen: “si no haces esto, ya no vamos a ser tus amigos”, y eso te impulsa a hacer algo malo solo por encajar.
Es como una moneda al aire: no podemos predecir el futuro y nosotros también tomamos malas decisiones. Pero ser guardiana me da la fuerza para elegir bien. Me motiva saber que, además de cuidar la historia, ayudamos a la madre naturaleza.
Si conoces a un niño que aún no es guardián y toma una mala decisión (como no ayudar en casa o dejar que la suciedad junte animales y moho), invítalo a jugar. Dile que ser un guardián es un juego de misiones donde mantener limpia su casa es el primer paso para que nuestro país no esté contaminado.
En el centro de nuestra ciudad hay callejones y casas antiguas que son parte de nuestra historia, pero muchas están llenas de grafiti o descuidadas. Debemos empezar por nuestro hogar y luego seguir con lo demás. ¡Infórmate, mi chavo, que la información es poder!
Tal vez sientas que siempre hay algo que no te deja hacer lo correcto, como ese árbitro que te pita mal un partido. Pero a pesar de eso, tú te esfuerzas. Con esa misma libertad con la que eliges seguir jugando, puedes elegir ser un buen ciudadano, respetar las leyes y tener sueños. No te rindas, aunque otros no quieran seguirlas. ¡Tú debes ser fuerte y hacer que siga rodando la pelota!
*Alumna de la Escuela: Miguel Auza, Quinto “A”
