Usos y abusos de un no-color
Técnicamente el negro no es un color sino la ausencia de luz. Sin embargo, y para facilitar las cosas en papelerías, zapaterías y boutiques, el negro se puede adquirir como cualquier otro color industrialmente producido. La ropa, zapatos, decoración, automóviles y hasta las bolsas para basura son de ese no-color disponible para todo.
El negro y el blanco, aunque no sean, son considerados como colores neutros y pueden encontrarse prácticamente en cualquier lado al que se dirija la mirada, incluso desde los ojos de donde se mira.
En la noche y para demostrar la primera y arrogante sentencia, por la sombra, todos los colores se convierten en negro según la mirada. Sin embargo y además de lo técnico, la percepción de los colores también se construye culturalmente.
Alrededor del no-color negro se han construido múltiples significados asociados a representaciones simbólicas como casi todo lo demás que también es social e imaginario. Se puede hablar de psicología del color, pero habría que hablar más bien de varias, porque las representaciones van cambiando de acuerdo a los múltiples contextos.
Por ejemplo, la palabra negro puede usarse con cariño o como insulto en circunstancias precisas, cuestión de utilizarla en el contexto equivocado para persuadirse un poco de las variaciones simbólicas y culturales. Los valores, significados, asociaciones y demás representaciones atribuibles al negro son, como casi toda racionalización, convencionalismos sociales.
Entre los múltiples simbolismos que carga el negro, uno es el del luto. La elegancia, seriedad, sobriedad, glamour, formalidad, sensualidad y duelo son atribuciones culturales a la ropa negra en este preciso contexto, tanto así, que en las fiestas de etiqueta y los velorios se nota los que no hacen tanto caso a esos curiosos convencionalismos.
Según Hollywood, hay que vestir de negro, usar lentes de Sol y no llorar tanto en los velorios. El problema es que México tiene su propia cultura y aunque quiera, sus costumbres siguen distando tantito de las de Netflix, Disney y Pixar, empresas que de todo se apropian para luego regresarlo al mundo por una módica suscripción mensual para que aprenda cómo se debe ver. México aprendió que en el luto también se visten colores y recordó cómo llorar con el pretexto de la película Coco.
Las viudas en España y por lo tanto en México solían vestir de negro para expresar un luto que podía durar toda la vida, mientras que los viudos nomás seguían existiendo sin necesidad de cubrirse la cabeza o darse golpes de pecho todo el día en las caritativas iglesias. Los colonizados caballeros aprendieron a llorar poco, antes de que Hollywood se los sugiriera casi gratis.
Sin embargo, los fulanos suelen desvivirse siempre primero y más trágicamente, por eso luego las viudas tienen que andar pidiendo una ayuda para sus pobres criaturas porque tienen calentura y la panza bien boluda, cosa que, a pesar del paso del tiempo y las múltiples transformaciones, sigue sonando todavía a un México actual. Dicen que el color negro, en el luto, lo impuso una tal reina Victoria y, según la historia oficial, México ha caído en fascinación por eso de las coronas y la ausencia de victorias.
El caso es que utilizar el color negro en la vestimenta ha sido culturalmente asociado como símbolo de elegancia, seriedad y sobriedad, pero también de tristeza y de dolor. A veces resulta más sencillo elegir el color de las prendas, antes que reconocer sentimientos fáciles de reservar. Eso sí, se siente con independencia del género, la edad y las condiciones sociales.
Claro que es más fácil escoger cómo expresarlo cuando hay recursos culturales suficientes para verse adecuadamente alegre, enojado o triste. Racionalizar lo que se siente también disminuye la angustia, siempre y cuando los otros se enteren de la intención. No se es, sin ayuda de otro.
Por supuesto que para vestir de negro no hace falta saber todo esto, como con lo demás que se hace diario sin pensar. Al final, el negro tiene muchos usos, hace parecer elegante, disimular la panza, no llamar tanto la atención o llamarla de más. Total, da igual, el negro combina con todo, pero como técnicamente no es color, combina más con la sombra propia.
