La chatarrización y sicarización de la escuela en Zacatecas
Adicional a sus problemas ancestrales de falta de calidad en los aprendizajes, hecho que coloca al sistema educativo zacatecano en los últimos 10 lugares de eficiencia en el país (según datos de la propia SEP), dos fenómenos adicionales actuales afectan a las escuelas en nuestro estado: La chatarrización y la sicarización.
La sicarización es el fenómeno extendido en todas las latitudes de la geografía zacatecana que se expresa a través de la ominosa presencia de los grupos criminales en el entorno social de la escuela e incluso en su interior, factor que ha vuelto más complejo el tratamiento del problema de la violencia escolar.
Sobre el problema de la sicarización de la escuela en Zacatecas, poco se realiza y nada se ha investigado para combatir y prevenir este fenómeno de inconmensurables consecuencias negativas para la educación de calidad.
En un estudio cuantitativo que sobre el particular realicé en todo Zacatecas, hace algunos años, los maestros y maestras expresaban sus profundas preocupaciones sobre la presencia atemorizante de los grupos criminales, cerca o dentro de la escuela, obstruyendo los procesos de calidad educativa.
Mucho se tiene que hacer para blindar a la escuela, a los alumnos y alumnas, así como ofrecer la suficiente protección al trabajo que cotidianamente realizan los docentes, ante la perturbadora presencia de estos grupos que alteran la paz social y los procesos educativos de calidad.
Pero veamos el otro problema, el de la chatarrización de la escuela en Zacatecas: ¿Cuánto afecta la salud de los alumnos y alumnas? ¿Cuál es la dimensión económica del costo para las familias en relación a la compra de comida chatarra para sus hijos? ¿Qué tanto impacta en la calidad educativa?
Las empresas de marketing más prestigiadas de México calculan en un escenario conservador que el gasto promedio diario por alumno en la adquisición de productos chatarra en las escuelas pudiera ascender a poco más de 25 pesos.
Si multiplicamos ese gasto per cápita en la compra de alimentos chatarra por el número total de alumnos y alumnas del sistema educativo zacatecano, que asciende a 473 mil en todos los niveles, con un calendario de 180 días hábiles, entonces diríamos que las familias de nuestro estado destinan más de 2 mil millones de pesos al año para comprar este tipo de productos dañinos para la salud de niños, niñas, adolescentes y jóvenes.
En México, el gasto global en las escuelas, en la adquisición de productos chatarra supera los 100 mil millones de pesos, generando un enorme negocio para empresas nacionales y extranjeras.
El Inegi, en su encuesta nacional de salud y nutrición más reciente, revela que más de 37 por ciento de los infantes entre cinco y 11 años presentan problemas de obesidad, sobrepeso, diabetes y enfermedades cardiovasculares por el consumo de productos chatarra.
Esto se ha convertido en un problema de salud pública que hay que atender con urgencia. Las nuevas generaciones se están suicidando con el consumo de alimentos chatarra.
Por eso está bien que, desde el 29 de marzo, hayan comenzado a regir las normas del programa Vida Saludable, que prohíbe la venta de productos chatarra en las escuelas. Esto es bueno, pero no es suficiente. Falta mucho por hacer.
Hoy en día podemos afirmar de manera objetiva, que la educación en Zacatecas se desenvuelve en un contexto de tres fenómenos que son a la vez tres enormes problemas de fondo y son los siguientes:
Primero, la ineficacia e ineficiencia que caracteriza al sistema educativo zacatecano, que lo ubica en los últimos lugares del ranking nacional de calidad.
Segundo: la sicarización de la escuela y el impacto negativo de la violencia criminal en la educación de calidad; y tercero: la chatarrización escolar, por la venta de productos alimenticios que atentan en contra de la salud de alumnos y alumnas.
Los liderazgos y la autoridad educativa
La ineficacia y la falta de calidad del sistema educativo zacatecano están asociados a la evidente improvisación de sus liderazgos y autoridades, al igual que a la ausencia de políticas públicas estratégicas, que han impedido colocar a la enseñanza pública como una prioridad para el desarrollo.
