La ciudad Zacatecas-Guadalupe, ya de por sí, es discriminante. El acceso diferenciado de los zacatecanos a una fragmentada ciudad en zonas residenciales, comerciales, escolares y laborales, es un problema no resuelto. Y el “viaducto elevado” no lo resolverá, lo intensificará.
La construcción del ridículamente llamado viaducto elevado intensifica la discriminación. La primera discriminación será la de privilegiar a automovilistas sobre peatones y transporte público.
El viaducto elevado privilegiará solo a la población usuaria del automóvil, le disminuirá el tiempo de traslado, llegará rápido a su destino, sin obstáculos.
Incluso, la propuesta mal llamada MOBI (Movilidad para el Bienestar) está pensada para los automovilistas y su rápida movilidad sobre la ciudad. Peor aún, está pensada exclusivamente para los automovilistas que se trasladan desde Guadalupe hacia Ciudad Administrativa y Campus Siglo XXI (21) (y viceversa)… la susodicha MOBI y su pomposo “viaducto elevado” no piensan en el zacatecano que vive del comercio, que oferta servicios, que trabaja en las maquiladoras, que visita a sus familiares y amigos… no, solo piensa en el burócrata y en el universitario que trabajan en Ciudad Administrativa y Campus Siglo XXI (21), y que posee un automóvil.
Por el contrario, a los peatones y a los usuarios de transporte público, con la construcción del viaducto elevado, les aumentarán sus costos económicos y emocionales no solamente en tiempo de traslado, sino en acceso al transporte, y se les asignará el espacio inferior al viaducto elevado… La construcción del viaducto elevado por muy bonito diseño que se vea en simulaciones digitales y maquetas, en la parte inferior, no habrá espacio, solo un carril donde se amontonarán autobuses de transporte público (el susodicho Platabús que ya tendremos oportunidad de platicar al respecto), autos que desean entrar y salir del Centro Histórico y de colonias vecinas, así como de peatones que pelearán, codo a codo, por un espacio para tomar un autobús, un taxi o simplemente caminar.
El bulevar estará aún peor en su deterioro porque el gasto público se enfocará en enaltecer la “parte superior” y, como siempre sucede con este tipo de obras, la “parte inferior” será un espacio abandonado por comercios y servicios, ante la caída de consumidores, y los peatones solo las circularán, porque no les queda de otra, para asistir a las paradas de autobuses. La “parte inferior” del bulevar será un espacio para evadir, inseguro, solo, deshabitado y con muchos problemas de inseguridad.
La segunda discriminación es para quienes viven y tienen su vida laboral cerca y sobre el bulevar López Mateos.
Durante la construcción del segundo piso, que se llevará más de los dos años pronosticados y muchísimos millones de pesos más, no solo será un martirio para los pobladores y comerciantes entrar y salir del bulevar, sino tendrán pérdidas económicas por cierres, bloqueos; también serán afectados sus tiempos y esfuerzos, porque mientras estén creando ese mastodonte de concreto les impedirán acceder a sus vidas cotidianas de labor y ocio.
Cuando se termine de construir, la vida de los residentes de las colonias vecinas y de los comercios que se localizan ahí cambiará radicalmente, porque ya no transitará la cantidad de consumidores que lo hacían cuando no existía el segundo piso o porque tendrán una frontera física que atravesar para llegar a su destino.
La tercera discriminación es la división social y espacial que generará. El viaducto elevado dividirá a la ciudad más de lo que ya está: separará el Centro Histórico de las colonias Pánfilo Natera, Buenavista, El Ete, Flores Magón, Lomas del Capulín, Minera y las demás hacia el sur.
Los turistas no verán y no tendrán contacto, según quienes lo construyeron, con la parte fea de la ciudad. El viaducto elevado marcará aún más las desigualdades sociales. Los pobladores de todas estas colonias serán marcados como ciudadanos de segunda, porque ese viaducto los separará más del resto de la ciudad.
Esa construcción de concreto será una frontera física y simbólica que les distanciará del resto de los zacatecanos.
El viaducto elevado, como muchas obras públicas en Zacatecas, intensificará las desigualdades socioespaciales y profundizará las discriminaciones de los ciudadanos poderosos con sus grandes y lujosos autos hacia los ciudadanos de a pie.
Finalmente, la cuarta discriminación es hacia la libre manifestación. El bulevar es el espacio donde se desarrollan las manifestaciones, desde el taxista que exige seguridad, hasta el maestro que demanda que le paguen su salario justamente ganado.
Con la construcción del privilegiado viaducto, el zacatecano ya no podrá manifestarse. Y es que, otra vez, las manifestaciones molestan a los burócratas y universitarios automovilistas.
En el pasado, hubo varios intentos de acabar con ellas, desde aplastarlas dictatorialmente hasta proponer leyes que impidan usar las calles para manifestarse. Por fin, hay una excelente estrategia para acabar con ellas: el viaducto elevado. Y sin necesidad de trastocar la legitimidad del gobierno.
Entonces ¿el viaducto elevado realmente generará movilidad para el bienestar?
*Urbanista. Docente investigadora de la Universidad Autónoma de Zacatecas