Si Trump logra cambiar la constitución para quitar el derecho de ciudadanía por nacimiento en territorio estadounidense (https://bit.ly/3Celkhj), el sistema se adentra en cambios que modificarán su esencia.
Será el fin de Estados Unidos como lo conocimos. A la muerte de la república, el imperio sin máscara (de nuevo, volvamos sobre Roma y otros). La constitución norteamericana, su solidez institucional y su tradición democrática estarán a dura prueba estos siguientes años. Y tienen todo en contra para prevalecer.
Ya se ha hablado, en pocos días, de la instauración en Estados Unidos de esa versión oligárquica que en México llamamos “capitalismo de cuates”; lo que otros políticos y opinadores como Rafael Correa han llamado “neoliberalismo criollo”.
A golpe de memoria, fue en un programa de televisión donde alguien llamó al neoliberalismo “el hermano gemelo psicópata del capitalismo”.
Más que jocosa, la definición es precisa. El neoliberalismo es la versión refinada, anti regulatoria; el capitalismo en esteroides. También la más destructiva. Para mayor abundamiento, sugiero leer a Chomsky y su análisis sobre cómo ese sistema acabará con lo poco o mucho de democracia remanente en Estados Unidos.
Volviendo a Trump. Acompañado de Elon Musk y Jeff Bezos, y con el alineamiento de Mark Zuckerberg, donde las narrativas y el comercio se disciplinan a la nueva visión de “la república”, vimos la inauguración de un capitalismo al servicio no de los capitalistas, sino de los capitalistas amigos y aliados de Trump. Las reglas no al servicio del más rico y fuerte, sino de entre ellos, a quienes están del lado del gobernante. La oligarquía sin tapujos.
México de eso te sabe un rato largo. Y si lo dudamos, observemos la foto del mexicano Slim y su primogénito en el baile inaugural del pasado martes. No es incidental ni “solo anecdótico”, es una participación calculada (foto incluida).
Y como a ese capitalismo de cuates le estorban las formas y la ley, intentará una “operación inversa”. Donde al magnate le incomode, la violará con singular alegría.
Válgame aventurar una predicción. Lo que sigue es la modificación de la narrativa predominante, de la “libertad para todos”, a la “libertad para los que lo saben hacer mejor”. Eso, y la aniquilación de la agenda “woke”, es lo que comenzaremos a ver tanto en la programación de los principales streamings, como en las redes sociales.
Y para eso necesitan el control de la narrativa. De allí, que Tik Tok libre ahora una batalla de permanencia en el mercado americano. Trump no “les dio chance” solo de continuar; lo hizo para que la plataforma china se alinee o se venda. Las redes sociales no solo son para conocer la biometría personal, los hábitos conductuales en gustos y hábitos, sino son los grandes adoctrinadores de nuestra era: canales donde el usuario además de ser el producto, es el productor de una narrativa teledirigida por el algoritmo. Negocio redondo, por cierto.
Sin oposición, el conservadurismo trumpista avanzará con una oposición liberal que se conformará con ser vocal y testimonial. Los demócratas se lo buscaron.
Lo que sucedió en noviembre fue el principio del fin del sistema de partidos norteamericano. Y no nos engañemos: el brazo ejecutor fue el capitalismo en esteroides.
La modificación de uno de los principios sobre los que se fundó EEUU en la ciudadanía por nacimiento en territorio es, de nuevo, no la enfermedad sino el síntoma que anticipa la entrada a una nueva era en el modelo más célebre e imitado de democracia occidental, donde el resultado podría dejar de ser democrático.
