Claudia Sheinbaum y una reforma administrativa
La semana pasada que leía algunas notas en el periódico El Universal, llamó poderosamente mi atención una columna de Mario Maldonado, titulada “La otra gran reforma de Sheinbaum”.
En ella el columnista escribió que “La semana pasada Claudia Sheinbaum hizo uno de los anuncios más relevantes para su gobierno, el cual pasó un tanto desapercibido. La próxima presidenta de México dijo que su equipo ya trabaja en una iniciativa de reforma a la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal [LOAPF], con la cual podrá, entre otras cosas, crear ‘supersecretarías’, de manera que sus secretarios y secretarias de Estado tengan un mayor control de sus áreas y por lo tanto ella como jefa del Ejecutivo”.
El tema, efectivamente, pasó desapercibido; sin embargo, ello no significa que no sea algo a lo que hay que darle seguimiento, por las futuras implicaciones.
Mire Usted: lo primero que hay que tener en consideración es una noción de reforma administrativa. Según Francisco Moyado, “La reforma administrativa es un proceso permanente, lo que demuestra que los sistemas políticos no son inmutables. Los enfoques, las áreas prioritarias, su instrumentación técnica y el discurso para su legitimación, se adecúan a cada etapa y acompañan la transformación de las instituciones del Estado, desde el primer tercio del siglo 20.
En esta perspectiva, y en una primera etapa, los programas de reforma administrativa se enfocaron en el fortalecimiento de las capacidades necesarias para el desarrollo económico y social, así como en las funciones generales del gobierno”.
Con eso en consideración, le recomiendo que le dé una revisada al texto de Maldonado, con el mero propósito de contextualizarse más respecto del supuesto propósito de reformar la administración pública federal.
El tema surte importancia porque podría implicar una nueva forma de trabajar de las instancias del gobierno federal, pensando en una simbiosis entre personas/equipos de trabajo y responsabilidades/atribuciones, que muchas veces resulta en otorgar una amplia confianza a determinadas personas en la función pública para que cumplan con tareas específicas.
Otro punto fundamental es que, invariablemente, se puede pensar que una reforma administrativa también conlleva el achicamiento o agrandamiento de estructuras, con el consecuente cambio presupuestal. En un país tan diverso y disperso como el nuestro, el manejo presupuestal “en territorio” resulta harto importante, porque “presupuesto mata carita”.
Una reforma administrativa bajo la batuta de la presidenta electa hace suponer, en primera instancia, que la doctora Sheinbaum y su equipo cercano tienen un diagnóstico/análisis del funcionamiento de determinadas áreas del gobierno federal que necesitan cambiar, reorganizarse, reestructurarse o, incluso, desaparecer, a fin de dar paso a una nueva forma de ejercer atribuciones.
Por otro lado, es inevitable pensar que, con base en consideraciones analíticas viables, el equipo del gobierno electo necesita replantearse mecanismos de actuación de determinadas áreas, a fin de ejecutar de una forma distinta tareas o trabajos, en relación con lo visto hasta el día de hoy.
Una reforma a la administración pública federal conlleva el saber que necesitas armar no solamente tu equipo, sino las canchas donde esos personajes van a jugar.
Es posible que se estén construyendo trajes a la medida, lo cual no es malo, sino simplemente es parte del sello de cada administración y va de la mano de la forma en que se integran equipos de trabajo y se va desdoblando su actuar.
No dejemos de lado que desde 1976, cada titular del Poder Ejecutivo Federal realizó (o permitió que se concretaran) reformas a la LOAPF que dieron cuenta del marco normativo y operativo que a la fecha tenemos, con virtudes y defectos, con logros y fallas, con aciertos y errores, con todo.
Así que una reforma administrativa parecería una nimiedad, pero no lo es. Muy por el contrario, es un asunto de la mayor importancia, porque estaríamos viendo la manera en que se pretende que determinados temas, de importancia para la nación, sean tratados.
Ya iremos viendo cómo avanza el tema, pero es algo que también, sin duda, las entidades federativas y municipios deben dar seguimiento puntual, a fin de estar en condiciones de ver, adaptarse y coordinarse, para beneficio de la población. Parece algo sin chiste, pero tiene mucha importancia. Ya lo veremos con el paso del tiempo.
