Se me olvidó otra vez…
“La historia se repite dos veces: primero como tragedia y después como farsa”: Karl Marx
Es muy sencillo olvidar, porque como dice la canción “si te vienen a contar cositas malas de mí, manda a todos a volar y diles que yo no fui”. Y eso lo estamos viendo y lo vamos a sentir más cercano en cuanto comience el proceso electoral de Zacatecas. Porque todos los que aspiran y ya se destaparon, bajo la figura mamila que quieran, ahora se van a presentar ante nosotros como los buenos samaritanos, escondidos bajo la negra cobija del fariseísmo.
Y pareciera que este proceso es una lucha entre familias fresnillenses (los Bonilla contra los Monreal), donde no sabemos que vamos a ganar los ciudadanos de a pie, porque tampoco sabemos -ni vamos a saber- cuál es en realidad el proyecto político que cada familia abandera. Lo que sí nos queda claro a algunos, es que el proyecto es de beneficio para unos cuantos, pues comparten la misma ideología.
Dice en entrevista Adolfo Bonilla que ya llevamos casi tres décadas en que la política nos ha polarizado y dividido, han sido muchos años de polarización. O sea, desde con Ricardo Monreal, pasando por Amalia García, Miguel Alonso, Alejando Tello y el actual góber, el rancho ha estado polarizado políticamente y solo se le pondrá fin si Bonilla es elegido gobernador. ¿Así de sencillo podemos resumir los problemas estructurales del rancho? Más bien Bonilla quiso decir que la polarización y enfrentamiento político de las familias y facciones políticas ha sumido a Zacatecas en el abandono, inseguridad, falta de empleo y un largo etcétera.
Necesitamos RECONCILIACIÓN, es la conclusión del aspirante priísta. O sea, más abrazos y menos madrazos. Pero si la bronca es entre grupos políticos, donde se llevan de la corbata a la raza, ¿quiénes se van a reconciliar? ¿Cómo resolver los grandes problemas de los productores, maestros, Universidad y toda la raza que sufre los estragos de la inseguridad? ¿Con RECONCILIACIÓN? Neta que ya no entendí.
Y entiendo que no es fácil gobernar una entidad que durante décadas ha estado en el abandono, sin desarrollo industrial y, hoy en día, sumida en la inseguridad. Una entidad que vive de milagro, gracias a las remesas y las aportaciones federales, pero a la que le ha faltado conducción y visión a mediano y largo plazo, para impulsar todas las capacidades que tienen sus hombres y mujeres, sus profesionistas, sus organizaciones. Lo que deben los aspirantes de urgencia, es convocar a un diálogo amplio para generar un proyecto a mediano plazo, que permita enfrentar los problemas por los que atravesamos.
Proyectos reales, no mafufadas. Debate, no gritos lastimeros de lo que no hizo el que se fue, de eso ya estamos cansados. “Pues es que fulano no hizo nada, se robó la lana nada más”. Un gobernador o gobernadora que tenga un gabinete joven, plural, pero no a los mismos de siempre, ya nos cansamos de ver las mismas caras que salen muy caras. Porque esos burócratas de toda la vida solo llegan a cobrar (y muy bien gracias a la amistad con el mero, mero), pero arrastran los viejos vicios de la vida godín que ya no deben de existir, en una época en que la administración debe nutrirse de sangre joven con ideas frescas. Porque, si bien es cierto que lo primero es ganar la elección, muchos aspirantes inician convocando a cuates a los que les prometen algún hueso de perro para que los apoyen.
¿Qué queremos algunos ciudadanos -tal vez la mayoría- durante las campañas? Algo muy sencillo DIÁLOGO HONESTO. Sí, acercamiento con los diferentes sectores, que conozcan nuestras ideas y, porque no, propuestas. Que sepan que existimos y que podemos incorporarnos en un proyecto plural sin la presencia de quienes tienen un negro pasado. Quienes pretenden gobernar Zacatecas, deben entender que no es una obligación moral ni política, acomodar a los burócratas de su partido en la administración. No y no. Ya es tiempo del cambio generacional. Ya es tiempo de que, quienes han vivido gracias al financiamiento público de los partidos o del presupuesto gubernamental, se dediquen a otra cosa. Tal vez vender buñuelos o cuidar a sus nietos. Digo.
