La maestra Tere corrió a abrazar a su nieto de ocho años cuando, mientras jugaba en la sala, sintió que una fuerte sacudida que venía del exterior lo empujó. “Abuelaaa”, gritó el niño, por lo que de inmediato Tere corrió a abrazarlo.
Después de ver que los vidrios de la casa tronaron, Tere salió a la calle a revisar qué había sucedido; a lo lejos observó una franja rojiza de la que brotaban llamaradas, tras un estruendo que la dejó ensordecida y con la cabeza como a punto de estallar, mientras todo se tornaba confuso y en caos.
Fue la noche del domingo, minutos antes de las 20 horas, cuando la gente se disponía a atender la invitación de la alcaldía para disfrutar de la coronación de la reina, con lo que arrancaría la Feria Regional de la Tuna y la Uva 2026, en la plaza principal.
Estaban justo a dos cuadras hacia arriba de la plaza y dos más a la derecha de donde ocurrió la explosión de un vehículo. “Era una bomba”, coincidieron la mayoría de los afectados.
Es el resultado, dijeron, de que la Comandancia de Policía permanezca entre las casas, justo en el centro de la ciudad y que, hoy más que nunca, exigieron debe salir de ahí.
Fue esa misma comandancia que, al llegar la noche, era cerrada con candado y luego flanqueada por dos tinacos altos como protección, por dentro, por los mismos elementos de seguridad.
Esto lo hacían dijeron los vecinos, desde que han sufrido otros atentados, entre estos, “dos bombazos más”, uno ocurrido hace unos años y otro más a principios de mayo del año pasado.
“Pero esto no tiene comparación, fue una bomba, estamos como viviendo en terrorismo, no se puede vivir así”, expresó Tere en entrevista ante los medios de comunicación, en la zona donde todavía muy de mañana permanecían varios coches dañados y los evidentes efectos de la onda expansiva que se observaba en las viviendas dañadas en los techos, las ventanas y las puertas que fueron como arrancadas de su sitio.
“¿En qué país estamos viviendo? y la señora [Claudia Sheinbaum Pardo] dice que no pasa nada, porque no le pasa a ella, porque ella tiene seguridad, tiene protección. David Monreal dice que no ocurre nada. ¿Y nosotros qué? No se puede vivir así”, reprochó Tere.
“Fue horrible, son cosas que uno nunca en la vida piensa que van a pasar y suceden; ya estábamos acostados, nomás sentimos la explosión, el apagón, todo fue al mismo tiempo, las tres cosas: apagón, vidrios [tronados] y la quemazón”, expresó otra mujer adulta que, sin embargo, celebró: “gracias a Dios estamos bien”.
Al preguntar a los vecinos de la calle González Ortega qué fue lo que les dejó este acto, de inmediato respondieron: “el miedo”. Varias de las personas entrevistadas afirmaron que el año pasado ocurrió otra explosión, pero esta, reiteraron, “no tiene comparación”.
En un recorrido por el centro de Ojocaliente, en apariencia todo comenzaba a fluir; varios negocios ya tenían abiertas sus puertas, con la salvedad de la presidencia municipal que, según determinaron las autoridades, debía suspender sus servicios por seguridad.
Sobre las calles alrededor de la plaza,estaban colocados ya varios juegos mecánicos y, cerca de ahí, los puestos comerciales se habían asentado ya. Comenzaba la temporada de feria.
CASAS CUARTEADAS Y LLUVIA
El ambiente entre los pobladores no era de fiesta tras lo ocurrido la noche anterior. La incertidumbre por lo ocurrido se reflejaba y cuanto más entre los vecinos afectados “por la bomba” que, sabían, explotó y dejó a varias familias afectadas, en por lo menos cuatro cuadras a la redonda.
Este lunes. los damnificados fueron citados a una reunión en la presidencia municipal, para hablar sobre los daños; sin embargo, la cita era para los miembros del cabildo, que de manera emergente fueron convocados para sesionar y determinar el futuro de la temporada ferial.
En la espera, afuera de la alcaldía, los vecinos refirieron que una lluvia fuerte “coronó” esa noche de domingo, mientras parte de unas 62 familias, según las cifras preliminares de afectados, relataban cómo vieron dañadas sus viviendas “de un segundo a otro”.
Cómo las vidrieras de puertas y ventanas tronaron, algunos domos que “volaron” con la explosión y otros techos cuarteados que, de inmediato, provocaron que la lluvia, que llegó con fuerza, provocara “que dentro de las casas lloviera más adentro que afuera”.
SENTIMIENTOS ENCONTRADOS
Una joven profesora comentó que a la hora de la coronación ya estaba en la plaza con su familia, cuando todos los presentes escucharon un estruendo “muy fuerte” que lastimó sus oídos, mientras su marido corría a buscar a los hermanitos de la maestra que paseaban por los puestos comerciales.
Su esposo le pidió que regresaran de inmediato a su casa, ubicada a media cuadra de la comandancia. “Vámonos porque es una bomba y cayó por la casa”.
Cuando llegaron, además de que la policía les evitó el paso, observaron que el portón estaba dañado: “hubo mucho quebradero de vidrios, unas bardas se movieron, se movió un cuarto completo de lugar, está agrietado todo, muy feo y grietas en el resto de la casa; se abrieron muchas goteras que no había”.
Entre lágrimas que no pudo controlar, la joven maestra expresó el fuerte sentimiento por lo ocurrido, con el deseo de que pronto, la gente afectada con el hecho se reponga de sus pérdidas.
“Nos duele porque mi hermano [pequeño] estuvo mal toda la noche, en shock, por la impresión, no me imagino a la gente que vive enfrente, que perdió su casa en un segundo.
“Espero que estén bien, pero yo creo que no debió de suceder esta situación; es muy fuerte ver que todos los vecinos tienen como mínimo un daño, fuerte ver cómo en un segundo se pierden muchas cosas. Yo creo que esto nos unió más como vecinos”, agregó.
La maestra Tere, a su vez, expresó que el sentir de todos es que se estaban preparando para ir a la fiesta del pueblo, a la coronación, pero de pronto esa alegría de la fiesta se convirtió en tragedia, una que, afirman, no olvidarán: “la mayoría ya iba para la fiesta, ¿de qué se trata?”.
La voz unísona de los vecinos es que ya no desean que la comandancia permanezca en ese lugar.
“Es un riesgo, la magnitud del problema fue comparable con un terremoto, todas las casas presentan daños estructurales, no sabemos incluso si es seguro permanecer dentro de ellas”, expresó otro vecino, mientras poco a poco la vida cotidiana en Ojocaliente se recuperaba, aunque no del todo para las familias que se quedaron en la indefensión, como cuatro de ellas, que registraron pérdida total, mientras otras deberán cuidar de su casa cuya puerta principal fue desprendida por la explosión o resguardar el portón dañado, más cuando, afirmaron los vecinos, “ya hubo rapiña”.
