La fórmula del respeto
A mí me gustan mucho las matemáticas. Muchas personas piensan que resolver problemas es cuestión de ser inteligente, pero yo he aprendido que no es así. Para poder mejorar he tenido que entrenar mucho, resolver cientos de problemas, equivocarme una y otra vez y volver a intentarlo. Cada error me ha enseñado algo nuevo y cada pequeño avance ha sido gracias a la disciplina.
En las olimpiadas de matemáticas, también he aprendido que existen reglas. Todos debemos seguirlas para que la competencia sea justa y para que cada participante tenga las mismas oportunidades. Si alguien cambia una regla, la competencia ya no tendría el mismo valor. Las reglas no están para hacer las cosas más difíciles, sino para que la participación sea respetuosa, divertida y justa para todos.
Eso también pasa en la vida diaria. En la escuela, en la calle y en Internet, necesitamos respetar las reglas para convivir en paz. Cuando alguien rompe esas reglas en Internet insultando, poniendo apodos o lastimando, se le llama ciberbullying. Aunque no veamos llorar a la otra persona, la hacemos sentir mal, lo que provoca que ya no quieran participar, jugar ni juntarse con los demás.
Algunas veces creemos que un comentario o burla en Internet no va a hacer daño, ya que es muy corto o no es para tanto; pero esas palabras pueden quedarse en la mente de quien las recibe. Ningún niño o niña debería sentir miedo por usar Internet o por ir a la escuela por temor a que se burlen de él o ella.
Así como en matemáticas buscamos la respuesta correcta, también debemos buscar la manera correcta de tratar a los demás. Si vemos que alguien está siendo molestado, no debemos ignorarlo ni reírnos. Podemos acompañarlo, apoyarlo o pedir ayuda a un adulto. No decirle a nadie también puede hacer que el problema continúe o se haga más grande. Antes de mandar cualquier mensaje, burla o meme por Internet tenemos que preguntarnos si nos gustaría que nos hicieran lo mismo.
También debemos recordar que detrás de cada pantalla hay una persona con sentimientos. Una palabra amable puede alegrarle el día a alguien, mientras que una ofensa puede causarle tristeza por mucho tiempo. Todos podemos ayudar a que Internet sea un lugar más seguro si pensamos antes de escribir y si actuamos con respeto.
Para mí, la cultura de la legalidad significa hacer lo correcto, aunque nadie nos esté viendo o nos felicite por ello. Significa respetar las reglas, ser honestos y tratar a los demás de la misma forma con la que nos gustaría ser tratados.
Yo quiero seguir aprendiendo matemáticas, pero también quiero aprender a ser un buen compañero, porque de nada sirve resolver problemas difíciles si no sabemos cuidar a las personas que nos rodean.
Estoy convencido de que cada uno de nosotros puede ser un buen ejemplo de buen ciudadano a través de pequeñas acciones todos los días. Respetar las reglas, ayudar a quien lo necesita y hablar con amabilidad también son formas de construir un mejor futuro para todos.
Creo que la mejor medalla de oro que cualquiera puede ganar es que los demás nos recuerden por haberlos tratado siempre con respeto.
*Instituto Bilingüe Tesla, nivel primaria
