Calita y Arturo Saldívar cortaron una oreja cada uno ante los toros de José Julián Llaguno, en una corrida cuyo pulso cambió con la cornada sufrida por Bruno Aloi al entrar a matar al tercero.
ZACATECAS.- El toreo volvió a mostrar su contradicción más cruda: en el mismo ruedo donde se celebró el triunfo apareció también la incertidumbre de una cornada. La corrida de José Julián Llaguno transitó entre esos extremos, con Ernesto Javier “Calita” y Arturo Saldívar cortando una oreja, mientras Bruno Aloi pagó con sangre la determinación mostrada ante el tercero.
No tuvo una sola lectura el festejo. Hubo toros que exigieron medir los tiempos y otros que ofrecieron mayores posibilidades para el lucimiento. Pero el percance de Aloi modificó inevitablemente el pulso de la corrida y dejó la preocupación instalada en los tendidos de la Monumental Zacatecas.
“Afortunado”, de 504 kilos, abrió plaza para “Calita”, que saludó por verónicas y buscó después el lucimiento en un quite por chicuelinas. El toro había mostrado debilidad en el caballo y llegó al último tercio con las fuerzas medidas, perdiendo las manos cuando se le obligaba.
El mexiquense comprendió pronto la condición de su oponente. Evitó atosigarlo, administró las pausas y acortó paulatinamente las distancias para mantenerlo metido en la muleta. Cuando tomó la izquierda, se cruzó y dejó la tela puesta para conseguir naturales de buen trazo. Fue una labor de oficio y conocimiento de los terrenos, rematada con una estocada hasta las cintas que hizo doblar pronto al toro. Cortó la primera oreja.
Arturo Saldívar recibió después a “Agradecido”, de 460 kilos, un ejemplar noble, fijo y pronto, aunque tampoco sobrado de poder. El hidrocálido aprovechó esas virtudes para ligar las embestidas y conducirlas sin brusquedades. La faena ganó expresión conforme encontró el ritmo del toro, con tandas por ambos pitones en las que hubo temple y continuidad. La petición de oreja fue mayoritaria, pero el palco no la concedió. Tras escuchar un aviso, Saldívar salió al tercio.
Bruno Aloi se fue de rodillas para comenzar la faena a “Bendecido”, de 484 kilos. Había decisión en su planteamiento y consiguió pronto ligar por el pitón derecho. También encontró respuesta al natural y buscó imprimir variedad antes de que el toro comenzara a reducir sus prestaciones.
Entonces apareció la cara más dura del toreo.
Al entrar a matar, Aloi fue prendido de fea manera y sufrió una cornada en la zona de la axila. La inquietud se apoderó de la plaza mientras era conducido a la enfermería para recibir atención médica. Los primeros reportes señalaron que la trayectoria de la herida era hacia el exterior y que, en principio, no habría afectación pulmonar.
El percance obligó a correr el turno y Saldívar regresó para enfrentarse a “Viajante”, de 563 kilos. El toro tuvo fondo y buen son, y esta vez el hidrocálido encontró materia suficiente para desplegar un toreo de mayor profundidad. Le dio sitio, embarcó las embestidas desde adelante y consiguió llevarlas largas, especialmente cuando bajó la mano y mandó por abajo. También al natural hubo momentos de calidad. La faena tomó vuelo, pero el acero impidió que llegara el premio.
“Compañero”, de 572 kilos, fue el segundo del lote de “Calita”. Tuvo fondo, aunque careció de la fuerza y transmisión necesarias para que aquello terminara de romper. El mexiquense volvió a hacer gala de oficio, sosteniendo la embestida con una muleta templada y procurando no quebrantar al toro. Hubo pasajes estimables, pero el fallo con la espada dejó todo en palmas.
Quedaba “Cincuentón”, de 450 kilos, y con él llegó uno de los pasajes de mayor contenido de Saldívar. Variado con el capote, antes de tomar la muleta brindó a la distancia a Bruno Aloi, que permanecía siendo atendido tras el percance.
De hinojos inició el trasteo y después, ya asentado sobre las zapatillas, encontró por el derecho la buena condición del toro de José Julián Llaguno. Corrió la mano con mando, acompasó las embestidas y dejó que los muletazos viajaran hasta atrás. Por el izquierdo surgieron naturales largos y reposados. Pinchó antes de dejar la estocada y finalmente paseó una oreja.
La moneda había girado durante la corrida. De la satisfacción del triunfo a la angustia del percance; del esfuerzo ante toros medidos de fuerzas a la posibilidad de torear con mayor largura cuando hubo materia para hacerlo. “Calita” y Saldívar cerraron su actuación con una oreja cada uno, mientras la atención permaneció también en la evolución de Bruno Aloi.
Triunfo y sangre. Las dos caras que el toreo, sin previo aviso, puede mostrar en una misma tarde.

Fotos: Manolo Briones
