En la cúspide de la burocracia política
El secretario del despacho de gobierno es una figura constitucional, la cual cuenta con facultades básicas para impulsar el funcionamiento gubernamental. Además de las constituciones y sus reformas (1825, 1832, 1850, 1852, 1857, 1869), fundamenta su labor en las leyes y reglamentos expedidos para la dependencia.
Insisto en su configuración: no es un funcionario simple y subordinado del gobernador; lo suyo es la agencia formal del Ejecutivo, y realiza labores políticas en tanto complementa y hace el contrapeso del Poder. Es el sucesor informal del gobernador en vacancia breve y legal; en otros casos de ausencia, cuando se impone al Poder Legislativo.
En el siglo 19, los secretarios fueron parte de los letrados distinguidos de la comunidad, provenían de “oficios intelectuales” —profesores del Instituto, redactores y colaboradores de periódicos, escribanos de asuntos privados, escritores de literatura, autores de libros y folletos—. En aquella centuria ocurrieron tres renovaciones generacionales; la mayoría provino de ser abogados “titulados” en el Instituto Literario del estado. En conjunto, en la segunda mitad decimonónica, se distinguieron por su experiencia en el litigio en juzgados locales y trámites en el Distrito, tuvieron comisiones honorarias en la representación política —regidores, juntas patrióticas— y ser parte de las redes sociales —familiares de hecho y extendidas— que intervenían en el espacio público político. Otro aliciente: fueron lectores avezados de libros, sus libreros y bibliotecas se formaron desde los años estudiantiles, aunque también asistieron a la ilustre Biblioteca Pública del estado y a la del Instituto Literario.
En el cambio de 1900, del gobierno del general Jesús Aréchiga (1888-1900) al de Genaro G. García (1900-1904), salió de la secretaría del despacho de gobierno José María Castañeda —pasó a ser diputado local, donde estuvo hasta 1912—. Éste se hizo cargo de la secretaría de gobierno tras la muerte de Pedro F. Nafarrete (1899), quien fue el alter ego del general Aréchiga. Nafarrete Lo suplió como ejecutivo interino y efectúo un férreo control con tirios y troyanos en la década de 1890, lo mismo impidió manifestaciones religiosas que censuró ciertas disidencias de arechiguistas. Al fallecer, al tiempo de fungir como secretario, era senador suplente por Zacatecas.
A José María Castañeda lo sustituyó el licenciado Ignacio Castro Carrillo (1854-1918), el hecho ocurrió al retirarse la camada de arechiguistas, en septiembre de 1900. Castro inicialmente fue electo magistrado, pero García lo nombró secretario de gobierno.
El abogado procedía de la familia de José María Castro, gobernador en el inicio de la Guerra de Tres Años; éste era filial a los moderados de la capital estatal —Miguel Auza, Manuel González Cosío, herederos del capital político de Francisco García Salinas—. Antes de la secretaría, Ignacio fue regidor (1880) y magistrado (década de 1890). Por cierto, una nieta suya fue la escritora Dolores Castro Varela.
La importancia política del abogado Castro se nota no sólo en los interinatos que cubrió de Genaro G. García, sino continuar como secretario de gobierno con Eduardo G. Panhkrust (1904-1908) e igualmente ser el suplente de sus ausencias. Permaneció hasta septiembre de 1908. Si en la primera administración compartió la titularidad del Ejecutivo con los líderes de los poderes Legislativo —doctor Francisco Hinojosa, sobrino de García— y Judicial —licenciado Zeferino Borrego—, en el período de Pankhrust fue su alter ego. La secretaría de gobierno era entonces la cúspide la burocracia política estatal, desde ella se controlaba política y administrativamente al gobierno zacatecano.
Otro rasgo que sucedió con Castro fue la poca remoción inmediata del personal de la secretaría. En 1900, el despacho se integraba con el secretario, tres oficiales, cinco escribientes ayudantes de los anteriores, un escribiente para el archivo, un conserje y dos mozos.
El administrador del Periódico Oficial cambió hasta abril 28 de 1902, del viejo Ignacio Medina se pasó al Rafael de las Piedras —por cierto, nieto de uno de los impulsores del primigenio órgano oficial del estado—, el cual permanecerá en el cargo hasta junio de 1914.
FENALIZ 2026
Mañana concluye la Feria del Libro —La Fenaliz—. Las notas en plataformas y prensa dan referencias del ecosistema libresco en la capital del estado. Hay aciertos en las obras presentadas; el programa confirma cuan estables son estables los autores, los comentaristas y el auditorio; otros logros son las puestas en escena para atraer personas al espacio ferial. La oferta de la Fenaliz sigue afianzada en obras literarias e historiografía generadas en la Universidad. Van mis parabienes a la doctora Xóchtil del Carmen Marentes Esquivel, por lo consolidado.
POSDATA
Cuando Montiel anuncie la coordinación, la lista de aspirantes al IZC surgirá en los pocos corrillos que hay en la bizarra y vetusta ciudad de Zacatecas.
