La corrupción es un engaño
Aprender a respetar las reglas que nos enseñan nuestros papás nos ayuda a ser mejores ciudadanos, tanto en nuestra casa como en la calle, porque en todas partes hay normas y reglas. Conocerlas nos ayuda a mejorar la convivencia y el entorno, tanto en casa como en el espacio público; y nos facilitará la adquisición de responsabilidades que mejorarán nuestro desempeño en la sociedad.
Es sencillo: ser un buen ciudadano es ser aquel que no tira basura en la calle, que sigue las leyes de la ciudad y en el tráfico, también el que cuida el medioambiente y se comporta de manera adecuada en todos los lugares.
Lo anterior no solo se aprende con lo que nos enseñan nuestros padres, también podemos verlo en acciones que realizan los demás. Hay muchas maneras en que las personas influyen en nosotros los niños. Por ejemplo, hay gente que admira a los adultos, maestros o autoridades, porque ellos tienen responsabilidades y algunas de ellas son respetar todas las leyes, semáforos, límites de velocidad y lugares en donde no se puede estacionar.
No romper las reglas implica ser honesto, y la honestidad te puede abrir muchos caminos en la vida. Si mientes o rompes una regla, aunque lo hagas a escondidas, se perderá el orden en la comunidad.
En ocasiones, podemos ver que en nuestra ciudad que hay mucho tráfico o zonas de entretenimiento que están sucias. Nos podemos dar cuenta de que el desorden o suciedad son porque alguien rompió las reglas o no siguió las leyes. En esas situaciones de tráfico se puede ver que las personas se comportan de manera inapropiada; hay gente que se pelea a palabras y golpes en la calle. A veces, nosotros los niños, debemos recordarles a los adultos sobre seguir las reglas para que entiendan que, de no hacerlo, el mundo se vuelve triste, violento, sucio y desorganizado.
Incluso en la niñez, observamos situaciones en las que podemos identificar la corrupción y deshonestidad. Por ejemplo, cuando estamos jugando con otros niños y alguien hace trampa; eso es una forma de engaño. Si haces trampa, tal vez pienses que eres superior a los demás, pero si te descubren, recibes una sanción y pierdes la confianza de tus amigos. Lo mismo pasa en la vida real con los adultos: quienes rompen la ley y actúan con corrupción pueden terminar en la cárcel por días, semanas, meses o hasta años.
No olvidemos que la corrupción es más que un engaño, es un robo. Pongamos un ejemplo: un servidor público es quien trabaja para que tengamos servicios como agua o electricidad, y un ciudadano es quien los usa. En ambas situaciones se pueden romper las reglas. Por ejemplo, si alguien no hace sus pagos de forma correcta y un trabajador le pide dinero para pagar menos; puede ser que el propio ciudadano ofrezca el dinero. Ambas acciones están mal.
Si las personas que rompen las reglas o cometen actos de corrupción me escucharan, les invitaría a que lo piensen dos veces. Ellos un día fueron niños, hoy son nuestro ejemplo y estamos aprendiendo de ellos. Y estoy seguro de que todos queremos vivir en un lugar donde las reglas se respeten.
Como un integrante de los Guardianes, pienso que debemos decir la verdad e invitar a nuestros amigos a seguir las reglas. Si nos unimos, todos podemos hacer una fuerza para acabar con la corrupción y las malas acciones. Si mis amigos ven que a mí me va bien haciendo lo correcto, ellos también lo harán; ese buen ejemplo se irá expandiendo a través de los amigos, primos y vecinos. Así es como creo que cambia una comunidad. Si en casa aprendí a no decir mentiras, en la escuela debo actuar igual. Al final, nuestras acciones demuestran los valores que nos enseñaron en el hogar.
*Alumno de quinto grado de la Escuela Primaria María R. Murillo
