Algoritmos vs. Corrupción: ¿Puede la tecnología revertir el declive ético global?
(Segunda parte)
En mi colaboración anterior, iniciamos la reflexión sobre cómo la tecnología contribuye de manera determinante a combatir la corrupción en los países mejor evaluados en el IPC 2025.
Mientras escribo esta nueva entrega, el recuerdo de un querido profesor, mentor y gran amigo aflora con fuerza: el Maestro Benjamín Arellano Valdez. Con él, insertamos por vez primera en la agenda gubernamental del estado la transparencia y el combate a la corrupción, cuando apenas eran conceptos emergentes y aceptados no con gran apertura (2002).
Hoy, estoy segura de que sigue estas líneas con ese agudo sentido crítico que le caracteriza. A él, mi agradecimiento y cariño por las enseñanzas que marcaron el inicio de mi carrera y que hoy cobran un nuevo sentido ante la ‘tregua tecnológica’.
Y es que, si en aquel entonces hablábamos de voluntad política, programas, índices y leyes, hoy, marzo de 2026 nos obliga a hablar de infraestructura digital, pero también de una sociedad comprometida y activa.
Tras analizar el abismo que separa a México de los líderes mundiales, emerge una pregunta medular: ¿cómo se construye un Estado a prueba de balas éticas? La respuesta no es solo un discurso; es un algoritmo.
Acompáñame y retomemos nuestra charla con un buen café o lo que apetezcas
El Blockchain y la Inteligencia Artificial (IA) están logrando lo que las promesas no pudieron: hacer que la corrupción sea técnicamente imposible.
Ya establecimos que el mundo está dividido por la calidad de sus instituciones, pero hay una frontera más profunda: la brecha digital.
Mientras unos países aún luchan con archivos de papel fáciles de ‘extraviar’, otros han desplegado un ojo digital omnipresente.
En ese orden de ideas, trataré de explicar por qué el futuro de la honestidad es, esencialmente, binario. Aquí vamos.
En los países que lideran el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) 2025, la IA ha dejado de ser una promesa para convertirse en un detective de datos que opera las 24 horas del día.
¿Pero cómo funciona este cerebro digital? A través de lo que expertos llaman Machine Learning o aprendizaje automático.
Estos sistemas son alimentados con millones de datos de contrataciones públicas, nóminas y facturas. Su labor es detectar «Banderas Rojas» (Red Flags) -no me refiero a las de las parejas, sino a patrones de comportamiento que al ojo humano le tomaría años descubrir, pero que para un algoritmo son evidencias inmediatas.
Si bien hemos señalado que México se encuentra en una posición desalentadora en el IPC 2025, la tregua tecnológica parece estar alcanzándonos, ya que actualmente la Auditoría Superior de la Federación (ASF) utiliza IA para detectar patrones y presuntas irregularidades que permiten focalizar la fiscalización.
Con base en la información publicada en el sitio oficial de la ASF, está incorporando inteligencia artificial (IA), análisis de datos masivos y herramientas tecnológicas avanzadas para modernizar la fiscalización de recursos federales, priorizando una detección más eficiente de irregularidades y la mejora de la fiscalización preventiva.
Mientras tanto, en países como Corea del Sur o Reino Unido, la IA analiza en segundos si un proveedor tiene una dirección física real, si sus socios tienen vínculos familiares con funcionarios o si su capacidad financiera coincide con el contrato adjudicado. Si algo no cuadra, el sistema bloquea el pago antes de que el dinero salga del erario, (OECD, 2024).
Por su parte, el Reino Unido ha intensificado el uso de IA para depurar su registro de empresas y evitar que se usen para desviar fondos públicos (UK Government Counter Fraud Function, 2025)
El Blockchain es el notario que nunca miente. A diferencia de los archivos de papel que pueden traspapelarse o las bases de datos que un funcionario puede editar a puerta cerrada, la herramienta digital crea una cadena de registros inmutable y pública.
En países como Estonia, pionero absoluto en esta arquitectura, la identidad digital de los ciudadanos y los registros de propiedad están blindados con esta tecnología; ahí, alterar un documento público es técnicamente imposible, pues el sistema detectaría la manipulación al instante y la rechazaría.
Sin embargo, toda esta innovación tecnológica carece de alma sin una ciudadanía participativa y comprometida que la dote de propósito.
La verdadera revolución ocurre cuando las plataformas de Datos Abiertos ponen ese poder en manos de la gente; es la auditoría ciudadana potenciada por la red.
El algoritmo detecta la anomalía, pero es el ojo crítico de la sociedad el que exige la consecuencia. La tecnología no reemplaza nuestro deber cívico, lo expande.
Para concluir debo decir que la tecnología es el medio, pero la integridad es y será siempre el fin, el futuro no se escribe en papel, se programa con transparencia.
¿Tú qué opinas?
Nos leemos pronto.
