CALERA DE VÍCTOR ROSALES. Con el cuerpo de su hijo frente a su casa, la madre de Manuel de Jesús dio por cumplida su promesa: “sí regresaste, mi vida, sí te traje de vuelta”. Para la familia Cruz Delgado terminó una búsqueda que se prolongó por casi una década, pero no la exigencia de justicia, “hasta dar con los responsables”.
De esos casi 10 años de recorrer municipios con la foto de Manuel en el pecho, durante nueve, los restos del joven permanecieron en el Servicio Médico Forense (Semefo) sin que fueran identificados. “Yo quería que regresaras, pero vivo”, lloraba una de sus hermanas junto al ataúd.
Al frente del cortejo fúnebre iba La Chaneta. El sol de las 4 de la tarde rebotaba en el cofre de la Mitsubishi roja que abría el paso por las calles de Calera, de la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús rumbo al Panteón Municipal, mientras la Cumbia de los Pajaritos se mezclaba con el llanto de los dolientes.
Tres niñas llevaban un muñeco tejido, una foto de Manuel y una cruz de madera en la que se leía: 24-12-97 / 26-03-26 PIWA, como le decían al muchacho, quien se dedicaba a labores del campo. Tenía 18 años cuando, a las 3 de la mañana del 21 de julio de 2016, hombres armados y vestidos como policías lo sacaron de su casa.
En Calera se supo que la misma madrugada se llevaron a más personas, al menos otras tres, de quienes hoy en día no se sabe si volvieron a sus hogares. Los habitantes de la cabecera pensaban que los habían secuestrado para “reclutarlos”, pero no todas las familias denunciaron las desapariciones, pues “aquí tenemos miedo a hablar”.
EL DOLOR DE LAS FAMILIAS
Los familiares de Manuel de Jesús sí acudieron a la entonces Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE), hoy fiscalía, de inmediato. La carpeta de investigación se abrió por desaparición forzada y “nada más nos dijeron nos dijeron que cualquier cosa nos hablaban”, recordó Brenda Cruz Delgado, hermana de Manuel.
Esa llamada de las autoridades no llegó. Fueron madre, padre y hermanas quienes empezaron la búsqueda en Zacatecas y otros estados. Se unieron al colectivo de acompañamiento Zacatecanos y Zacatecanas por la Paz. Y, cada lunes, acudían al Semefo por si Manuel de Jesús estaba ahí.
No obtuvieron respuesta positiva hasta que este jueves les avisaron que su cuerpo había sido identificado, nueve años después de que ingresó al servicio. Los restos de Manuel los localizaron en una fosa clandestina en Valparaíso, un año después de su desaparición, en 2017.
“¿Para qué hacer sufrir, para qué jugar con el dolor de las familias?”, cuestionó Brenda sobre la tardanza para que su hermano pudiera regresar a casa. “Nada más nos dijeron que en esos tiempos no lo pudieron haber entregado porque no tenían recursos ni los aparatos de alta tecnología para identificar”.
Manuel de Jesús fue el octavo resultado positivo del cotejo que realiza la Fiscalía General de Justicia del Estado (FGJE) tras procesar muestras biológicas consideradas de alta complejidad, para lo que se tuvo que recurrir a una colaboración con el Instituto Nacional de Medicina Genómica (Inmegen).
CORAJE, TRISTEZA, INJUSTICIA
Brenda lamentó que, pese a que la familia insistió en la búsqueda en vida, no se le daba seguimiento a los indicios que ellos mismos presentaban: “fue mucho desgaste psicológico, nos revictimizaron mucho”.
Junto a los familiares de Manuel de Jesús caminaban niñas que se secaban las lágrimas con una manga, hombres con cachucha que abrazaban al padre para ayudarlo a cargar el ataúd de su hijo, mujeres que sostenían a la madre y, entre ellas, varias con playeras blancas y fotografías de sus propios hijos., a quienes todavía buscan.
“Nosotras los acompañamos. Íbamos por nuestra cuenta a buscar porque antes no se nos apoyaba”, reprochó Amalia María Márquez Amaro, madre de Jonathan Josafat Zamarripa Márquez, desaparecido desde el 25 de septiembre de 2014 en Fresnillo.
La forma en que encontraron a Manuel de Jesús, enfatizó, representa injusticia para las buscadoras. “No es como uno los quisiera encontrar, pero ya cuando menos tenemos un lugar digno dónde llorarle. Da coraje, tristeza, saber que los tengan ahí y nos tengan como familias sufriendo y pasando este viacrucis”.
QUE HAGAN SU TRABAJO
“Manuel era un chico muy carismático, agradable, bromista. Juntos éramos una familia muy feliz, muy unida”, recordó su hermana Brenda. El cortejo fúnebre hizo una parada frente a una casa con puertas negras. La madre del joven dijo que justo ahí lo quería traer de vuelta “para que vuelvas a bailar, como te gustaba”.
La Chaneta paró su marcha unos metros adelante y de sus bocinas comenzó a escucharse una canción escrita para Manuel:
A los 15 años conoció una morra y el vato se enamoró de ella,
sin saber que sería lo peor y que solo le traería problemas.
Esa mujer era muy mala, pero él no se daba cuenta de nada
y el error más grande que él cometió fue que con ella no se juntara.
Caía la tarde del viernes y la música acompañó a los dolientes hasta el panteón. Nadie se imaginaba que con el viejo algo malo pasara, nos dejó con el alma destrozada.
La familia ahora busca “que se haga justicia y digan la verdad”. La carpeta del caso sigue abierta y se pasará a la unidad de investigación de homicidios. De las autoridades, Brenda Cruz espera “que ahora sí hagan bien su trabajo […] porque el gobierno bien sabe quién se los llevó, el gobierno todo sabe”.






