Se formaliza la oposición
En 1900 hubo cambio gubernamental en Zacatecas. Un grupo político en el poder —los arechiguistas: profesionistas y docentes en el Instituto de Ciencias— fue sustituido por otro —los genaristas: propietarios, accionistas de minas, comerciantes, herederos políticos de héroes y políticos de la Reforma—.
La oposición a la nueva administración estatal no emergió solo por la exclusión, sino por desplazar la plataforma ideológica que cimentaba el régimen en el país y especialmente en el estado. Ambos equipos se declaraban liberales y leales al régimen del general Porfirio Díaz.
En el contexto ejercer la oposición evidente, el licenciado Benito Garza asistió al Congreso de Clubes Liberales de San Luis Potosí, en febrero de 1901. La recepción al liberal de origen sombreretense fue buena, hasta el ya radical periódico Regeneración, de los hermanos Flores Magón, le dedicaron pomposas palabras: “Garza ama la libertad, y no quiere tener liga alguna con el gobierno”. El abogado concurrió como presidente del Club Benito Juárez, el que en 1895 se unió al disidente Grupo Reformista y Constitucional de la Ciudad de México.
En 1901, Garza concurrió a una reunión que se opuso a la política de conciliación y expuso un conjunto de reivindicaciones de los postulados liberales. En San Luis, Garza fue designado segundo vicepresidente, al lado del presidente Camilo Arriaga y del vicepresidente Fernando P. Tagle. Al ser una manifestación política de oposición frente a la simulación del régimen que los proclamaba como su programa y a la conciliación entre la Iglesia y el gobierno, la asistencia del zacatecano dio la oportunidad para vincularse con los opositores que coincidían con la identidad de su grupo.
Otros participantes de la región fueron Jesús G. Piñera y el doctor Miguel Macías, del club “Jesús González Ortega”, de Nieves, y del club “González Ortega”, de Pinos, respectivamente; más tarde se adhirió el Club Donato Guerra de Nochistlán, cuyo presidente fue Celedonio Macías, su comparecencia fue una de las primeras manifestaciones de oposición abierta al régimen porfirista. Su presencia en el congreso permitió recuperar las redes liberales como un eje de oposición y como un medio de protección política
Las resoluciones del congreso sobre la organización del Partido Liberal: la propagación de los principios liberales; los medios para combatir el clero político; las medidas para la aplicación de la justicia en México; y, las garantías para asegurar los derechos de los ciudadanos y la libertad municipal. Esto lo hicieron patente a través del periódico El Centinela de la ciudad de Zacatecas. Subvencionado por algunos de los arecheguistas desplazados, presentaron, junto a la propaganda surgida en el Congreso Liberal de San Luis Potosí, su oposición a la creciente presencia del clero católico y a su relación con el gobierno de Genaro G. García.
El Centinela se costeaba por sus suscriptores y por el apoyo de Fernando Villalpando, José María Domínguez, Manuel Díaz de la Serna, el ingeniero José María Valero, Rodolfo Ávila, José María Aguilar, quienes contribuían vía avisos comerciales. Al poco tiempo, comenzaron a aparecer edictos y pregones judiciales de Nochistlán y de Juchipila. La crítica de los masones contra el clero y contra algunas de sus manifestaciones religiosas (la confesión, el respeto al Papa y las celebraciones marianas), fueron duras e irrespetuosas. El obispo fray Guadalupe de Jesús Alba y Franco los declaró “enemigos de Dios [además de] ilícito y pecaminoso leer y retener el periódico”.
Pese a la descalificación del obispo, siguieron solicitando su envío de pueblos lejanos. Esto permite observar el grado de adhesión entre “los actores del mundo ilustrado” de Zacatecas, mismo que se prohijó desde las iniciativas de secularización emprendidas durante el gobierno de Aréchiga. Más aún, este hecho no provocó reacciones importantes, sólo se denunció la intervención de un gendarme para prohibir la circulación del periódico.
El Centinela fue un instrumento que socializó una visión política. Por medio de él se criticó la labor gubernamental de Genaro G. García, de Cristóbal Hubert, jefe político de Zacatecas, y de Francisco Journée, director de la Normal.
En cambio, el periódico anunciaba todos los eventos públicos y sociales del general Aréchiga, las actividades de la escuela Progreso y su participación en el evento de conmemoración de Benito Juárez, el 18 de julio de 1901. Es importante destacar que en el periódico no apareció ni oposición ni crítica al gobierno del general Díaz, solo las contradicciones de su “régimen autoritario”.
No soslayemos a Garza y los liberales de la ciudad de Zacatecas, en una década se vincularán al antirreeleccionismo de Francisco I. Madero.
