Organización y coordinación, la gran deficiencia
En la teoría de la organización de la ciencia de la administración pública (no entremos en debate por aquello de “ciencia”) uno puede tener la posibilidad de adentrarse a la reflexión respecto de distintas cosas que convergen para crear, diseñar, dar forma y echar a andar a distintos entes gubernamentales, que tengan un objeto o propósito explícito y, con ello, poner a trabajar distintos aspectos teóricos y herramientas del deber ser para que esos entes creados (y sus participantes como gestores o usuarios) tengan beneficios específicos y éxito en sus procesos.
Amén de ello, resalta como algo fundamental la capacidad de gestión de los actores involucrados en la dirección de esos entes gubernamentales, entendida esta como las posibilidades, conocimientos, institucionalidad y destreza de un agente gubernamental para entender, analizar y dimensionar su responsabilidad pública y, sobre ello, realizar acciones o tomar decisiones que impliquen romper esquemas, generar alianzas, depurar procesos, simplificar tareas y, sobre todo, ser eficientes en la tarea.
Una de estas posibilidades o conocimientos en la capacidad de gestión tiene que ver con la construcción de coordinación para que los esfuerzos de los agentes o de las organizaciones se conviertan en fuerzas que confluyen y no en elementos repelentes.
Y es en este punto donde buscamos transmitir una idea: cuando en el ejercicio de gobierno no se habla un idioma común (y no me refiero solamente a una forma lingüística) sino a entendimiento en valores, metas, deseos, anhelos y demás, es muy posible que los esfuerzos se conviertan en fuerzas que se repelen, es decir, terminarán rechazándose a sí mismas.
Hace no mucho conversaba con un funcionario joven que tiene a su cargo la tarea de gobernar una demarcación territorial.
Durante la conversación, salió a relucir una impresión que esta persona tenía respecto a la idea que muchas personas tienen sobre la supuesta “facilidad ficticia” de ser un protagonista de la vida pública, como era su caso.
Palabras más o palabras menos, la persona con la que interactué decía que “mucha gente piensa que es muy fácil ser candidato; luego que ya hay candidatura, muchos otros piensan que es muy fácil hacer campaña; ya que eres electo, otros muchos piensan que es muy fácil gobernar. Y, todo lo contrario: las cosas son más complicadas”.
Y coincidía con esa persona en que, efectivamente, muchas veces se hace una apreciación incorrecta del usuario de un servicio, del burócrata rebasado, del empresario aguzado o de cualquier otra expresión receptora de un resultado de la acción gubernamental, en el sentido de que parece fácil hacer tal o cual cosa.
Esa apreciación estaba basada en que el actor político o gubernamental busca una perspectiva de comunicación o de incidencia inadecuada, o bien, simple y sencillamente las demandas sociales rebasan la capacidad de atención o decisión de lo público, entre muchas otras cosas, pero hay una fundamental: hablar un lenguaje común.
Considerando lo anterior, no debemos dejar de lado que, una de las circunstancias actuales de los gobernantes es la obligación de entender la importancia de la coordinación, entendida ésta como la capacidad de llevar a cabo acciones de manera programada y ordenada con el ánimo de disminuir costos operativos y maximizar la eficiencia.
Así que, si desde la cabeza de una organización no se entiende lo que son la organización y la coordinación, es muy factible que las instrucciones o determinaciones que dé o realice no se vean cristalizadas por la inoperancia del círculo del ejercicio de gobierno, pues es éste el que vive la ausencia de claridad en los mensajes y la no determinación firme del agente principal.
En la administración pública siempre se presentan espacios para que las cabezas “expliquen” o “transmitan” con la mayor claridad posible el resultado que buscan con sus decisiones; pero si hay fallas en esos dos conceptos, es muy posible que vivamos gobiernos deficientes y torpes, pero lo peor, gobiernos autócratas y mezquinos. Usted podrá sacar sus determinaciones con solo observar.
*Doctor en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Administración Pública, UNAM
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