Invisibilidad
Han Kang (1970), autora coreana, cuenta en La vegetariana (Penguin Random House, 2024) la historia de la transformación de Yeonghye, una mujer, esposa, hija, hermana. El cambio evidente es el de la modificación de su dieta, que llega de modo repentino a la vida de la protagonista y se coloca en silencio en la rutina de un matrimonio que ha sido un aburrimiento conformista.
Esta manera de presentar el conflicto, la ignorancia de razones tras la decisión, predispone al lector hacia la desesperación de los personajes satélites, es decir, el esposo, los hermanos, padres. A su vez, la narración y las acciones de los demás personajes están controladas por el esposo, quien comparte su perplejidad con su familia política y ocasiona diversas intervenciones que van escalando en su violencia, y con frecuencia se queja con un dejo de nostalgia por los platillos que alguna vez le preparó su mujer: “Hasta mi suegro, que nunca llamaba, la reprendió un día severamente. Sus gritos encolerizados se escapaban del aparato y llegaban hasta mis oídos. ‘¿Qué diablos estás haciendo? Y que lo hagas tú, pase, pero ¿qué va a ser de tu marido, que está en la plenitud de sus fuerzas?’” (p. 32).
En el fragmento anterior, junto con el hecho de que a Yeonghye no le gusta usar sostén, pues le causa opresión en el pecho, algo que se menciona al inicio de la novela, encuentro las razones para mi comentario. El conflicto gira alrededor del control de su cuerpo, el control del cuerpo de la hija de la que se espera sirva a un esposo, que lo acompañe, lo atienda, le dé hijos.
Estos tres sucesos se repiten en los meses que transcurren entre la decisión de Yeonghye de convertirse al vegetarianismo y el episodio violento con el que cierra la historia: qué se lleva a la boca, con la comida no solo como acto de nutrición sino social; cómo cubre su cuerpo, no como abrigo si no frente a los demás, que pueden verlo o no; compartir su cuerpo con su esposo no como expresión de amor, algo que no parece haber en la pareja, si no de las funciones de la mujer: satisfacer a su esposo y eventualmente darle hijos.
A esto último se refiere la reprimenda del padre, pues debería aprovechar la fortaleza del marido para darle hijos, algo que desnutrida por el cambio de dieta no podrá hacer; aunque se hace énfasis en la ausencia total de deseo y “por el hecho de que seguía evitando mantener relaciones —incluso dormía con los pantalones puestos…” (p. 33).
En la narración Yeonghye no toma la voz, no participa en diálogos; solo se deja arrastrar por las circunstancias y su única convicción es la renuncia a comer carne. Ajena a la narración, se presentan sueños, memorias, descripciones y otros episodios que indican la desconexión que tiene con su entorno. Uno de esos recuerdos muestra con bastante crueldad cómo es que en su infancia el padre castigó a un perro que la mordió y que después terminó siendo el protagonista de un banquete en el que ella también participó; con claridad, aquí aparece una de las razones de esa opresión en el pecho.
