Samuel Castrejón se lleva el título; tarde de poder de Ignacio Garibay
Madrid.- La plaza de toros de Las Ventas volvió a vibrar con la gran final del certamen Camino Hacia Las Ventas, un evento que cada año pone a prueba a las jóvenes promesas del toreo. Pedro Gómez, Samuel Castrejón e Ignacio Garibay se midieron a una variada y exigente novillada de Ángel Luis Peña. El resultado fue una tarde intensa, llena de momentos de emoción y entrega sincera, que dejó buen sabor de boca y motivos para el optimismo.
El festejo fue una muestra del empuje de una nueva generación que quiere abrirse paso con personalidad propia. Pedro Gómez volvió a demostrar valor y actitud. Aunque su primero no terminó de romper, dejó una estocada certera y una imagen de torero decidido. En el cuarto, su toreo ganó en limpieza y conexión con los tendidos, logrando pasajes templados y armónicos que evidencian su progreso. Su labor fue irregular, pero cargada de intención y deseo.
Samuel Castrejón firmó quizá la faena más completa de la tarde. Entendió perfectamente al quinto, un gran novillo que embistió con clase. Su toreo al natural, pausado y sentido, llegó con fuerza al público y le valió la primera oreja del festejo. Castrejón mostró temple, madurez y gusto, cualidades poco comunes en un novillero de su edad. Fue el triunfador numérico, pero no el único que dejó huella.
Garibay, corazón y entrega sin medida
El nombre propio de la tarde fue el del mexicano Ignacio Garibay. Su actuación fue un ejemplo de entrega y torería. Le correspondió el lote más difícil, con dos novillos de comportamiento desigual, pero supo imponerse a las circunstancias con serenidad y valor. En el tercero, toreó con clase y mucha verdad, logrando momentos de gran torero ante un animal incierto. Y frente al sexto, prácticamente imposible, no se guardó nada: se puso donde quemaba, buscó la faena donde no la había y se vació por completo.
Garibay fue el más veterano de los tres, y se notó su poso. Con inteligencia y firmeza, convirtió la dificultad en emoción. No cortó trofeos, pero se ganó algo más valioso: el respeto de la plaza y el reconocimiento de quienes valoran el toreo auténtico. Su actuación recordó que la bravura no solo pertenece al toro, sino también al torero que se entrega sin condiciones.

