Si quiere feria, vaya a Zacatecas (2)
En mi colaboración anterior abordé brevemente el surgimiento de la Feria Nacional de Zacatecas, tal y como hoy la conocemos. Es decir, el concepto de un evento periódico que mezcle comercio, música y entretenimiento tiene en realidad poco de existir, aunque sus raíces comerciales se hundan en la lejana Edad Media.
Quise subrayar que, más allá de ser acontecimientos banales, las ferias son fenómenos sociales y culturales que evolucionan con el tiempo y cuyo desarrollo siempre refleja las dinámicas económico-políticas de la sociedad que las sostiene. Cuando hay dinero se nota en la feria, y cuando no, se nota más.
La semana pasada mencioné que la primera Feria Regional de Zacatecas tuvo lugar en 1940, bajo el gobierno del general Pánfilo Natera. Aquellas ediciones no contaban con un recinto propio: se desarrollaban en sitios donde la gente solía pasear y socializar, como la Alameda Trinidad García de la Cadena. En 1960 cambió el nombre a “Fiestas de Zacatecas” y tres años más tarde a “Feria del Patrocinio”.
Aunque conservaban el aire de verbena popular, el deterioro del paseo arbolado y las molestias a los vecinos generaron constantes quejas. Por ello, en 1969 la feria se trasladó a la zona de Lomas de la Soledad, donde se levantaron instalaciones sencillas que, no obstante, ya incluían un palenque para las peleas de gallos y una explanada para el teatro del pueblo.
Como recuerdo de esa etapa aún queda un conjunto de arcos de cantera entre las calles Julián Adame y Adolfo Villaseñor, identificados por la investigadora María de los Dolores Saucedo como los únicos restos en pie de esas instalaciones.
El palenque era entonces el corazón de la feria. Allí se reunían apostadores y curiosos en medio del bullicio. Pero la feria no era solo eso: alrededor bullía la vida popular, con puestos de cobijas gruesas para el frío zacatecano, ollas y utensilios de cocina, juguetes sencillos para los niños y la comida típica regional. El aire se impregnaba con el aroma de gorditas, enchiladas y tacos dorados, mientras los tamborazos marcaban el ritmo de la fiesta.
Los juegos mecánicos eran modestos y convivían con productos artesanales —trastecitos de barro y de peltre— que daban a la feria un aire entrañable. Era un ambiente sin plásticos ni productos importados, sostenido por la creatividad local.
Hacia 1972, la feria ya pedía un recinto más grande y moderno. El crecimiento urbano y las nuevas expectativas de un Zacatecas que buscaba mostrarse al país exigían un espacio a la altura. En la prensa local se informaba que el Gobierno del Estado aceleraba los trabajos de urbanización y construcción de las nuevas instalaciones de la Feria Nacional de Zacatecas.
El proyecto contemplaba la Plaza de Toros Monumental, el Palacio de las Artesanías, el Mirador y recintos para exposiciones industriales, comerciales y artesanales, además de la promesa de un casino y “otros centros de diversión” que se planearon estrenar en 1976 (Sol de Zacatecas, 1975).
El 5 de septiembre de 1976 se inauguró la Plaza de Toros Monumental de Zacatecas, hito que marcó la apertura de la feria en sus nuevas instalaciones. La ceremonia fue considerada un acontecimiento histórico: la ciudad estrenaba no solo un recinto ferial, sino también un símbolo de orgullo local, de continuidad con las tradiciones taurinas y de apuesta por un futuro moderno.
Mi mamá recuerda con emoción haber estado presente en esa magna inauguración, cuyo cartel reunió a Manolo Martínez, Manolo Arruza y Antonio Lomelí. También recuerda las críticas de la época: “Esa plaza jamás se llenará con las tres gentes que viven en Zacatecas”.
De la Alameda con tamborazos y trastecitos de barro pasamos al complejo ferial que prometió modernidad. Hoy, sin embargo, hay quienes consideran que nuestra feria se ha quedado atrás, desdibujada frente a otras ofertas de entretenimiento.
La Monumental Plaza de Toros ya no convoca a las multitudes de antaño y los espectáculos musicales suelen dividir opiniones entre la aceptación y la decepción. Pero este desgaste también habla de los cambios en los gustos, en las aspiraciones y en la manera en que la sociedad busca divertirse y reconocerse. ¿Cuál será el futuro de la feria? El tiempo lo dirá.
*Maestra en Estética y Arte
