Freddie Freeloader
“No deberíamos estar buscando héroes, deberíamos estar buscando buenas ideas”. (Noam Chomsky)
Y sí, lo que le falta a nuestra juventud es buscar ideas frescas, novedosas que, en lugar de repetir formas comunicativas de control hegemónico, se transformen en proyectos de liberación.
La neta es que los chavos de hoy se han vuelto hijos del algoritmo. Qué comer, a dónde pasar el fin de semana, qué ropa usar, diseñadores y estupideces por el estilo.
Mientras las bibliotecas se han convertido en museos de letras, las redes sociales no han sido sino la nueva forma de formación moral e intelectual. Te dicen: “Es que lo vi en Facebook; tik tok enseña nuevas formas de vestir”, y así van por las calles cargando una pesada losa sobre la espalda.
Y, además, se sienten tan felices de navegar con un diccionario hecho a la medida, con frases y palabras, que el mismísimo Cervantes caería fulminado por un rayo de ignorancia. Evito señalarlas porque, le pura neta, me avergüenzo de tanta nimiedad.
Lo que sí es importante señalar es que en términos educativos y de conocimiento vamos para atrás, en términos generales obvio. Sobran ejemplos de los nuevos héroes de la jumentud moderna; adivinaron: los llamados influencers. Esos que contrata el gobierno estatal para ladrar emotivas conferencias de superación personal. Chale.
Pues resulta que las benditas redes sociales, con su nuevo código moral, señalan con dedo flamígero a quienes se toman la libertad de insultar, calumnia, denigrar, a personas por su origen social. Y es ahí donde nacen epítetos como #Lord o #Lady, para calificar a estos sujetos repugnantes que circulan como el pan nuestro de cada día.
Qué importa que el país se caiga a pedazos, que la criminalidad aumente, que las instalaciones médicas no tengan insumos. Todo el rencor social se asocia con personas que la riegan gacho en su diario acontecer, víctimas del estrés o de alguna enfermedad mental (desde la ansiedad y la depresión, hasta trastornos más complicados).
Así han nacido, para la posteridad, personajes como las Ladies de Polanco, Lady Profeco, Lord Ferrari, Ladies Invasoras, Lady Racista, Lady Chiles, Lady Reportera y una lista de personajes sublimados a actores de las redes, criticados por muchos sin el menor conocimiento de su actuación.
Algunos estudiosos de las redes, señalan que pregonar sus actitudes machistas, misóginas, racistas, le hace bien a la sociedad porque, etiquetarlas, cumplen una función de denuncia y visibilización de problemáticas estructurales como el clasismo, el racismo y la impunidad.
Pero, el pero de siempre, estas actitudes, de entrada, ya prejuzgan una conducta y, en el peor de los casos, se toma la justicia por propia mano. Vean el caso de #Lady Racista, quien, al salir del juzgado donde fue citada por haber insultado pon epítetos racistas a un policía, fue insultada y bañada con agua o algún otro líquido, de esos que manchan el honor, por parte de varios sujetos ante la complacencia de la chota.
Digo, ¿a estos cuates quien les dio la autorización para agredir a una persona? Independientemente de su conducta, existen autoridades encargadas de sancionar, en términos de las leyes, a quien cometa un ilícito, pero no existe ninguna norma que permita a la raza a que se pase de lanza.
Hace poco, un amigo me platicaba lo siguiente: “La otra vez un méndigo escuincle mugroso, se subió al cofre de mi carro para limpiarme el parabrisas y lo único que hizo fue dejarme sus nalgas pintadas. Pinches indios deberían de correrlos de los semáforos”.
Y sí, este Lord Nissan se molestó porque su nave, según él, quedó manchada. Ya después me platico lo de Lady Racista muy molesto: “Pinche vieja extranjera, debería de meterla a la cárcel por decirle indio y negro al policía”. Sí, doble moral tenemos, la moral de las redes sociales que juzgan y linchan. Este es México, el hogar del surrealismo. ¡Chale!
