ZACATECAS. El 7 de agosto de 1945, ex alumnos de la Universidad de Lviv fundaron el club Lechia Gdańsk. Antes de que estallase la Segunda Guerra Mundial, la ciudad de Lviv formaba parte del territorio polaco, pero tras el pacto Ribbentrop-Mólotov, fue anexada por la Unión Soviética y pasó a formar parte de la República Socialista Soviética de Ucrania.
Con esto, entre 700 mil y 1.5 millones de polacos fueron desplazados a otras ciudades, como Gdańsk, al norte del país. Entre ellos se encontraba un electricista naval del astillero, de nombre Lech Walesa, quien se convertiría en presidente de Polonia en 1990 por haber liderado el primer sindicato soviético anticomunista.
En 1949, el club Lechia Gdańsk alcanzó por primera vez la primera división polaca, llegando a su punto más alto en 1983, cuando levantó la Copa Nacional, mismo año en el que hasta entonces, su más conocido aficionado, Lech Walesa, era galardonado con el Premio Nobel de la Paz.
El Lechia Gdańsk no volvería a llevarse los titulares de su país hasta 2009, cuando sus hooligans y los del Lech Poznań protagonizaron una riña entre 140 aficionados repartidos en ambos bandos. La batalla, comúnmente llamada como “ustawka”, tuvo una duración de seis minutos en una población rural llamada Rebochowo, cerca de Gdańsk.
Los miembros llamados Free City Hooligans, seguidores del Lechia Gdańsk, salieron victoriosos aquella noche. Dentro de ese grupo, se encontraba Karol Nawrocki, actual presidente de Polonia impulsado por el partido ultraderechista y nacionalista.
Al término de su campaña, una vez ya electo regidor, Nawrocki declaró que sobre su juventud no se avergüenza de nada y que aquel episodio fue una muestra de combate noble y masculino.
Actualmente, el club Lechia Gdańsk se encuentra al fondo de la tabla con cero puntos, a pesar de haber conseguido una victoria el pasado fin de semana. Esto debido a una suspensión de cinco puntos por no cumplir con los lineamientos económicos de la primera división polaca.
Aunque el equipo esté lejos de su mejor momento como en los 80, la historia siempre le recordará la responsabilidad que conlleva ser un club formado por ucranianos y con dos presidentes como aficionados.
