JALISCO. Este domingo se celebró la Segunda Corrida del Carnaval de Autlán de la Grana, en la que sobresalió el triunfo de Ernesto Javier El Calita, quien cortó una oreja de peso a su segundo ejemplar del hierro de La Estancia.
Una tarde de contrastes fue la que se vivió en la plaza Alberto Balderas, marcada por el astado que se le fue vivo al español Román Collado.
En tanto, las actuaciones de Diego San Román fueron sólidas, pues dio una vuelta al ruedo después de que se le negó la concesión de una oreja tras la faena a su primero.
En cambio, el rejoneador Jorge Hernández Gárate saludó en el tercio, perdiendo con el rejón de muerte la posibilidad de tocar pelo.
UN APRESURADO ROMÁN
Posterior al paseíllo, se anunció que el matador Román Collado lidiaría los dos primeros astados debido a que tenía que emprender un viaje a Venezuela, donde actuará hoy.
Sin duda la presión por el tiempo terminó por cobrarle factura, pues se le fue vivo su primer toro, mientras que en el segundo la gente se le fue encima porque decidió abreviar.
Don Juan, de 560 kilos, fue el ejemplar de La Estancia que abrió plaza. Fue aplaudido desde la salida por su presentación. Un astado oro que peleó en el caballo y que en la faena de muleta ofreció a cuenta gotas, pues terminaron por pesarle los kilos, acabándose muy pronto.
Valerosa y solvente fue la actuación del español, quien buscó las vueltas. Mal con la espada.
Román Collado lidió al segundo, pues se corrió el turno con motivo de su viaje a Venezuela. Poco dijo con un animal que se empleó, Mexicano, de 530 kilos, de La Estancia.
SÓLIDEZ Y MADUREZ DE HERNÁNDEZ GÁRATE
El tercero de la tarde, Destino, de 480 kilos, de la ganadería de La Estancia, correspondió a Jorge Hernández Gárate, quien saludó montando a Tin Tán, colocando dos rejones de castigo, y mostrándose con mando.
Con Clavillazo comenzó con las banderillas, bajo el temple y el mando, dejando la espectacularidad cuando se recreó al violín.
La actuación del potosino estuvo cargada de emoción y entrega, siempre determinado en demostrar su maestría, midiendo los terrenos y atendiendo los tiempos de un astado con movilidad, transmisión y calidad.
Valladolid le acompañó en un binomio perfecto con las banderillas cortas, en un carrusel de perfecta ejecución. Dejó en buena colocación el rejón de muerte y logró dar una vuelta al ruedo como premio.
EL TRIUNFO DE EL CALITA
Tequilero, de 524 kilos, cuarto de la tarde al que Ernesto Javier saludó con una buena brega. Un comienzo de faena sólida y técnica por lo bajo, para después ligar el ejemplar por la senda derechista. Así, asentó el ritmo y el tiempo en las notas de un estilo tan suyo.
Al astado le faltó más transmisión, pero El Calita supo dar ese extra, tapando los defectos y buscando los recursos del lucimiento, de una transmisión que dio cuenta de un deseo claro de triunfo. Pasaportó al segundo viaje para retirarse entre palmas.
Don Joaquín, de 497 kilos, fue para Ernesto Javier, quien bregó muy bien al toro. Una faena que comenzó bajo la incertidumbre del animal que parecía que no regalaría embestida alguna.
Sin embargo, éste terminó por meterse al engaño, estructurando una faena poderosa, a media altura, con verdad y valor, pero sin arrebatos. Mató de gran estocada y cortó una oreja.
DE NUEVO, EL VALOR DE SAN ROMÁN
Berrinches, de 470 kilos, de la ganadería de La Estancia, se jugó en quinto lugar. Correspondió al queretano Diego San Román, quien una vez más llevó el valor y la determinación como estandarte, dejando constancia desde el saludo capotero.
En su faena de muleta, el matador no se guardó nada. Toreó en las cercanías, con los pitones rozándole la taleguilla. Fue temerario y poderoso, por lo que la afición se le entregó en todo momento. Por el izquierdo tuvo ese peligro, y terminó por arrollarle sin consecuencias.
Aguantó, y por el derecho lo hizo estoico y con base en esa firmeza y determinación.
Al final, se sabe lo que tiene San Román por ofrecer y hoy no fue la excepción. Demostró valor y temeridad, quedándose entre los pitones. Su actitud se mantuvo intacta, así como su desmedido valor, sin dar un paso atrás, sereno, con la cabeza fría y el alma desbordados.
Manoletinas, ajustadísimas en las notas finales. La rúbrica fue una media estocada en buen sitio. Aunque hubo mayoritaria petición, no se concedió la oreja, quedando en una salida al tercio entre el clamor del público.
El queretano aguantó temerariamente con el sexto, que no tuvo absolutamente nada que dar. Abrevió para retirarse entre palmas.
FOTOS: MANOLO BRIONES

