CIUDAD DE MÉXICO. La Plaza México celebró este miércoles 79 años, con un festejo marcado por el deseo de una resurrección. Una afición tan agotada que lleva años enfrentando los embates de las prohibiciones, hoy se dirigió al coso más grande del mundo, con el único deseo de sentir la lidia.
El cartel anunciaba el adiós de una figura de época como lo es Enrique Ponce, lo que despertó el interés. Asimismo, el deseo expreso de ser parte de una fecha histórica, en la que la leyenda escribiría su nombre en letras doradas.
Enrique Ponce cortó las orejas de un astado de regalo. Tuvo que apostar para ganar, y así lo hizo con el ejemplar de Los Encinos, que le permitió gestar una faena de gran clase. Demostró el magisterio aquilatado por décadas, mismo que lo llevó a encumbrarse en lo más alto de la tauromaquia.
Lejos de terminar un romance, este miércoles nació un idilio perpetuo. Enrique Ponce hizo su paseíllo número 50 en el Coso de Insurgentes, con historias de grandeza a lo largo de los años, tardes gloriosas y de triunfo, tejiendo así uno de los capítulos de mayor relevancia entre España y México.
Ponce calentó los tendidos desde las verónicas de recibo, y tras brindar a la afición, apoyó el trasteo en la mano diestra.
El torero valenciano supo sacar todo lo que el animal tenía en tandas medidas, que cerró siempre con remates de trazo largo y mucha cercanía, manteniendo el tono alto del trasteo.
Rugió la plaza al natural y llegó el culmen cuando, tras volver a la diestra, logró rematar con un eterno natural tras un cambio de mano. Cerró con el toreo por lo bajo, dando una nueva lección en cercanías.
El triunfo llegó también para los mexicanos: Diego Silveti cortó dos orejas y salió a hombros. De igual forma, Alejandro Adame cosechó un trofeo en la solvente tarde de confirmación de alternativa.
En cambio, los toros de Los Encinos ofrecieron poco destacaron el primero y el tercero.
La Plaza México registró una gran entrada, con más de tres cuartos de aficionados en los tendidos, es decir, alrededor de 30 mil lugares.
EL IDILIO DE ENRIQUE PONCE
Un lote sin opciones dio paso a un ejemplar de regalo, un toro de 505 kilos, protestado de salida, pero con el que Enrique Ponce buscó cambiar el lado de la moneda desde el saludo con el capote.
El valenciano fue consciente de que no había mucho por hacer, pero aún así buscó siempre el muletazo con la figura vertical, pulsando apenas y sin obligarle. Hizo todo muy pausado, a buena letra.
Lo que logró construir tuvo calidad, pero sobre todo interpretación. Una faena que contó y valió. La estocada fue certera, por lo que se le concedieron las dos orejas.
DIEGO SILVETI, UNA TARDE ROTUNDA
El tercero de la tarde, Lironcito, de 469 kilos, de Los Encinos, resultó un animal potable, con nobleza y calidad, al que Diego Silveti toreó a ritmo desde el saludo con el capote.
En la faena de muleta, el matador apostó una vez más y así corrió la mano diestra con mucha torería. Muletazos con suavidad y temple, en series portentosas en las que manifestó su clase infinita.
Cuánta naturalidad surgió en su toreo por el derecho, pues tuvo las notas artísticas al fundirse en muletazos profundos con una actuación en la que todo llevó su tiempo.
La faena fue creciendo en intensidad y terminó con la interpretación de las bernardinas. Silveti cerró su labor, que coronó con gran estocada. Cortó, tras la petición, dos orejas.
FIRME TARDE PARA ALEJANDRO ADAME
El abre plaza no fue un astado sobrado de fuerza; aunque con poca transmisión y deslucido, correspondiente a Alejandro Adame, quien confirmó su alternativa.
El ejemplar fue obediente al toque, pero cuando pasaba lo hacía carente de esa calidad y transmisión.
No tuvo mala condición el animal, por eso Alejandro Adame aprovechó los pasajes que pudo ligar, pues sin forzarlo logró tirar de él.
Alcanzó muletazos con parsimonia y cadencia, con el acompañamiento de todo el cuerpo y con naturales de gran manufactura. Todo a media altura y bajo una inspirada actuación, con elegancia y clase, entendiendo mucho al astado.
Los últimos muletazos fueron en cámara lenta, y por eso llegó con fuerza al tendido. El astado embistió muy despacio, demandando pausas. Apostó Alejandro por el pitón derecho, con pases con poderío, prendiéndole adelante. Sin precipitarse logró un buen acompañamiento.
Los adornos finales: pases por lo alto y el toreo en redondo con circulares invertidos. Estocada certera para cortar una oreja.
MÉXICO, SENTIR EL TOREO
En el paseíllo resaltó la presencia de un país que sigue defendiendo a capa y espada sus tradiciones: México. Su identidad, bajo un cúmulo de valores y emociones, distingue a una afición que rindió los Honores a la Bandera.
Este símbolo se desplegó y cubrió la mitad del ruedo; blanco, verde y rojo, sobre una piel que se erizaba ante el más rotundo de los olés.
UN BRINDIS DE ADMIRACIÓN
En una barrera de la primera fila de sombra estuvo presente el entrenador de la Selección Nacional, Javier El Vasco Aguirre, quien fue objeto de un brindis por parte del matador Diego Silveti.
El guanajuatense le expresó su admiración, y sobre todo su deseo de ver a México llegar lejos dentro del balompié.
Cabe mencionar que El Vasco ha sido uno de los personajes populares que ha defendido la tauromaquia desde cualquier trinchera y con plena libertad.
PEPE AGUILAR, AL SON DEL MARIACHI
Apenas se enfilaba Enrique Ponce con los dos trofeos obtenidos con el ejemplar de regalo, cuando comenzaron a sonar las notas musicales de “El Rey”, bajo la interpretación del cantante mexicano Pepe Aguilar, quien se recreó con un popurrí para acompañar la despedida del valenciano ante la afición de la Plaza México.
UN ESPONTÁNEO SE LANZÓ AL RUEDO
Cuando se dio el cambio de tercio del último astado que lidiaría Enrique Ponce, un espontáneo, el novillero colombiano Maikel Ramírez, se lanzó al ruedo y evadió a quienes quisieron detenerle.
Con una muleta en la mano, porfió con buenos muletazos, y acto seguido, fue abrazado por Enrique Ponceen en un gesto solidario.
En la playera que portaba el novillero se leía la frase: “Quiero ser torero y en Colombia me lo quieren prohibir”.
OTRO EMOTIVO ADIÓS
El banderillero Fernando El Güero García se despidió de los ruedos en el marco de la Corrida del Aniversario 79 de la Plaza México.
Sus hijos cortaron la coleta de uno de los toreros de plata más importantes que ha tenido el país.
El Güero formó parte de las cuadrillas de toreros como Rafael Ortega, Federico Pizarro, Fernando Ochoa, y durante 15 años con Eulalio López Zotoluco, así como con los españoles Enrique Ponce, Sebastián Castella, José María Manzanares, Daniel Luque, entre otros.
Una de las tardes más relevantes de su carrera fue el 24 de mayo de 2005 en la Feria de San Isidro, en Las Ventas, Madrid.




