MADRID. La jornada de esta semana en San Isidro cerró con una atípica corrida mixta en Las Ventas de Madrid, un cartel compuesto por el rejoneador Diego Ventura y a pie los matadores Cayetano Rivera y Ginés Marín.
Los toros de rejones fueron del hierro de El Capea, los cuales cumplieron con creces al ser un lote que permitió dimensionar el gran nivel y maestría del caballista de la Puebla del Río, quien rozó la Puerta Grande con la faena que consiguió con el cuarto de la tarde, en la que puso las emociones.
El idilio de Diego Ventura con Madrid sigue vigente, se mantiene y, sobre todo, acrecienta gracias a la magia del rejoneador.
Quien no tuvo la suerte, pero tampoco las ganas, fue el matador de toros Cayetano Rivera, que lo que sí se le debe reconocer es el mérito de estar de nueva cuenta en Las Ventas tras el percance que sufrió hace apenas unos días en esta misma plaza.
Perdió la brújula: en el quinto se esforzó el mínimo y la afición, a final de cuentas, terminó por aburrirse.
Por otra parte, y en contraste, estuvo Ginés Marín, con un lote de pocas opciones pero con el que lo intentó: se metió entre los pitones, tuvo valor y determinación, y de la misma manera Madrid se lo reconoció. Ésa es la diferencia, cuando no se tiene pero se quiere.
LAS NOTAS MAGISTRALES DE VENTURA
Diego Ventura abrió la tarde montando a Guadalquivir, con el que saludó a Bolillero, de 560 kilos, del hierro de El Capea, dejando un rejón de castigo.
Fueron dos vueltas magistrales al ruedo. Temple y mando al llevarlo de costado. Ventura y la magia de hacer lo imposible, posible.
Fabuloso, el artífice del comienzo de esta gran obra bajo la firma auténtica de un guerrero que lució espectacular con las dos primeras banderillas.
No tardó en salir la estrella, Bronce, y el toreo reunido, la clase, dando el pecho y yendo de frente, temerario y con señorío.
Guadiana y un cierre espectacular con las banderillas cortas y al violín. Las tres piruetas deletreadas en los finales antes de colocar las rosas fueron el gran colofón de este primer encuentro de Ventura con Madrid. Pesado con el Rejón de Muerte. Palmas
Pinchó Diego Ventura una extraordinaria faena, de creciente intensidad y nivel, a su noble cuarto, premiado con la vuelta al ruedo.
Lo paró con Velázquez, buscando encelarlo porque le costó al astado en ese primer tercio. Pero ya en banderillas se lo metió en el canasto desde el toreo de costado por dentro con Nómada, con el que dejó piruetas rozando los pitones.
Quebró con emoción con Lío, citando muy en largo, pero haciendo la suerte a centímetros; y se dejó ver una enormidad por la cara con Bronce, con el que dejó un gran par a dos manos sin cabezada, muy despacio.
Remató con un rosa final con Guadiana antes del desacierto con el rejón, el único borrón de una actuación importante y de mucha vibración con el tendido.
CAYETANO Y LO QUE NO PUDO SER
Cayetano Rivera y el mérito de cumplir con éste, su segundo paseíllo en Las Ventas, sobre todo tras el percance que sufrió el jueves en esta plaza.
Rivera tuvo un breve saludo capotero con Alegría, del hierro de Montalvo. En la cercanía de tablas comenzó su trasteo, entendiendo que buscaba la protección del fuerte viento.
Un toro de poco juego y lucimiento, descompuesto, con la cara suelta. Bajo estas condiciones sonaba complicado que luciera. Pinchazo y estocada para retirarse en silencio.
Ante su segundo, un ejemplar que no tuvo malas ideas del hierro de Montalvo, pero Cayetano navegó y al final no llegó a buen puerto.
GINÉS Y SU GRAN APUESTA
Con el tercero de la tarde, de nombre Zocatín, del hierro de Montalvo, Ginés Marín tuvo un buen saludo capotero.
Brindó a la afición de Madrid, que volvió a registrar un lleno en Las Ventas.
Fue un inicio de faena muy pensado, con pausa, luchando contra el viento y buscando el pitón derecho; ligó una serie, pero al toro en los finales le costaba mucho embestir.
Se paró el astado, pero el ánimo de Ginés se mantuvo y decidió robarle los muletazos por el izquierdo, cruzándose a pitón contrario, en un claro y determinante esfuerzo.
Pinchazo y estocada para saludar con fuerza en el tercio. Ante el sexto bis, sobrero de José Vázquez, todo fue voluntad. Apostó y empujó hacia delante la deslucida embestida de un toro que nunca se entregó.
LA MAGIA
El idilio de Diego Ventura con Madrid sigue vigente, se mantiene y, sobre todo, acrecienta gracias a la magia del rejoneador. Como prueba de ello el temple y mando al enfrentar al astado, con el cual hizo de lo imposible, posible.















