De la indignación al voto de castigo
Para muchos, es claro que la contienda electoral que estamos viviendo, en su etapa más álgida de campañas, revela una verdad dolorosa: nuestro país está dividido de una forma polarizada.
Esa división que experimentamos va de la mano con una serie de consideraciones respecto del ejercicio de gobierno que podemos ver en los distintos ámbitos, es decir, el federal, lo estatal y lo municipal, a lo largo y ancho del territorio.
Mucha de esa circunstancia o vivencia que nos hace experimentar un rechazo total o absoluto respecto de lo que vemos en el ejercicio de gobierno, es la indignación. Para entendernos, es preciso traer a cuenta el significado de la palabra: cuando hablamos de indignación, debemos concebirla como “enojo, ira o enfado vehemente contra una persona o contra sus actos”, según la Real Academia de la Lengua.
Así pues, ese enojo, ira o enfado vehemente nos hace rechazar de manera tajante a la expresión política (gobernante, partido político, grupo político, familia caciquil, figura mandamás, etc.) que de manera formal lleva las riendas del ejercicio de gobierno (tiene la responsabilidad legal de hacerlo) o bien, a quienes influyen pero no tienen una responsabilidad de elección popular producto de las urnas, sino que gozan de un espacio de confianza o cercanía con el gobernante electo.
A todas esas expresiones las podemos ver como la causa de nuestros males.
Es así como, dependiendo de la percepción y realidad que tenemos respecto del funcionamiento de las organizaciones públicas, vamos definiendo una idea de aceptación o rechazo de lo que podemos entender por “el gobierno”.
Y en cuanto a percepción, entiéndase todo aquello que nos hace creer o sentir que las cosas están de determinada manera, de mera sensación; y por realidad, remítase a la experiencia vivida que le ha hecho constatar que “el gobierno” está mal (o bien, según usted vea) y que ello abona a nuestra preferencia.
Pero, por naturaleza, las personas solemos engancharnos más en lo negativo de los gobiernos que en lo positivo. Eso nos lleva destacar con mayor énfasis las cosas que nos incomodan, nos molestan y/o nos afectan, que aquello que significa un beneficio; en consecuencia, los gobiernos luchan (aunque no siempre) por aparentar que “las cosas están bien” cuando la percepción y la realidad manifiestan una situación distinta.
Con eso en consideración, permítame llevar el propósito de esta colaboración a un plano electoral: ¿qué se puede hacer cuando nos sentimos afectados, agraviados e indignados por nuestros gobernantes y su desempeño? ¿Qué espectro tenemos como ciudadanos, para tratar de que las cosas cambien para bien? ¿Qué situación nos espera para hacer valer el sentir? ¿Cómo pasar de la indignación a la acción pública? La respuesta es sencilla: mediante el ejercicio del voto.
El voto es uno de los instrumentos en el proceder democrático que tenemos para hacer sentir nuestra voz. Y en esta elección de 2024 es importante emitirlo.
Habemos quienes pensamos que es fundamental el salir a votar, porque de ahí dependerá la perspectiva de nuestro país para los próximos 20 años, es decir, para la incidencia sobre toda una generación de mexicanos.
El Instituto Nacional Electoral (INE) destaca sobre las elecciones de 2024 que “La renovación de los poderes Ejecutivo y Legislativo se debe de realizar mediante elecciones libres, auténticas y periódicas (…) Este Proceso [2024] se caracteriza porque las 32 entidades llevarán a cabo procesos concurrentes. El INE, en coordinación con los Organismos Públicos Locales, desarrollará las actividades para elegir más de 19 mil cargos en los estados”; además “El Proceso Electoral 2023 -2024 será reconocido como el más grande que ha tenido México.
Se celebrarán elecciones federales y la concurrencia de las 32 entidades federativas”. Será la elección más grande que ha vivido México. Nos debe importar a todos.
En síntesis, en todo el país habrá elecciones. En unos estados serán intermedias (como el caso de Zacatecas); en otros, habrá elecciones que iniciarán un mandato gubernamental (como en Yucatán).
En un caso y en el otro, el voto tendrá diferentes significados e interpretaciones una vez que concluya la elección, pero es importante señalar algo: es muy posible que el primer significado, y sobre todo de manera previa a la elección, es que muchos aquellos ciudadanos que están decididos a acudir a la jornada electoral la aprovechen como el espacio del voto de castigo ante aquellas políticas fallidas, gobernantes decepcionantes, equipos nefastos o experiencias negativas. Ya veremos más adelante.
*Doctor en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Administración Pública, UNAM.
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