CDMX. Gracias a los esfuerzos comunitarios que coordinó en contra de la minería en la Amazonia, Alessandra Korap Munduruku ganó un Premio Ambiental Goldman 2023, conocido como el «Nobel» del medio ambiente.
La mujer de 38 años se convirtió en líder del grupo indígena mundurukú para defender el territorio de Sawré Muybu, ubicado en Pará, un estado del norte de Brasil. A pesar estar habitado por comunidades mundurukú, carecen de reconocimiento formal del Gobierno brasileño.
En 2020 se reveló que Anglo American, compañía minera británica, poseía 13 aplicaciones para investigar la minería de cobre en el territorio mundurukú. Tras enterarse, Korap Munduruku desarrolló una campaña para oponerse a dichos proyectos mineros.
Después de meses de presión por esta líder y su coalición, Anglo American anunció formalmente en mayo de 2021 el retiro de 27 permisos aprobados para investigar minerales en territorios indígenas en la Amazonia, entre ellos 13 localizados en los bosques tropicales de Sawré Muybu.
«La decisión protege un área críticamente amenazada de la Amazonia, el bosque tropical más grande del mundo y un sumidero de carbono globalmente significativo, de más minería y deforestación», destacó el Premio Ambiental Goldman.
Korap Munduruku, de 38 años, obtuvo el galardón en la región de Sudamérica y Centroamérica. Antes de ser presidenta de la Asociación Indígena Pariri, trabajó como profesora. En 2018 decidió estudiar Derecho para representar y proteger mejor a las comunidades mundurukú y a la Amazonia de la minería, la tala y otras amenazas.
El Premio Ambiental Goldman fue fundado en 1989 por Rhoda y Richard Goldman. A la fecha, existen 219 ganadores de 95 naciones. En 2023, los otros reconocidos son:
Diane Wilson, de Estados Unidos, consiguió el galardón en la región de Norteamérica porque en 2019 ganó un caso emblemático en contra de Formosa Plastics, una de las más grandes empresas petroquímicas del mundo, debido a que desechó ilegalmente residuos tóxicos en la costa del golfo de Texas.
Chilekwa Mumba, de Zambia, obtuvo el premio en África debido a que organizó una demanda para responsabilizar a la compañía Vedanta Resourses por la contaminación en la provincia de Copperbelt. Fue la primera vez que una corte inglesa determinó que una empresa británica podía ser considerada responsable del daño ambiental causado por una subsidiaria en otro país.
Delima Silalahi, de Indonesia, recibió el reconocimiento en Islas y Naciones Insulares gracias a que lideró una campaña para asegurar que unos 72 kilómetros cuadrados de tierras forestales tropicales estuvieran bajo la administración legal de seis comunidades indígenas. Habían sido convertidas en plantaciones de eucalipto por una compañía de papel.
Zafer Kizilkaya, de Turquía, ganó en Asia gracias a que su trabajo colaborativo con cooperativas pesqueras y autoridades turcas logró expandir la red de áreas marinas protegidas a lo largo de unos 498 kilómetros en las costas del Mediterráneo.
Tero Mustonen, de Finlandia, lideró la restauración de 62 sitios degradados por la minería industrial de turba. En total, fueron transformados alrededor de 348 kilómetros cuadrados en humedales biodiversos y productivos. Por eso recibió el galardón en la región de Europa.

