CDMX. Los pasillos del mercado de la Merced, en el Centro de la Ciudad de México, no se ven como antes de la pandemia, ahora lucen vacíos, con puestos solos y con comerciantes que cuentan con una mano las ventas del día.
María, vendedora de sidra, aseguró que antes acababa con toda la mercancía para medio día y que por mucho le sobraba una de las 20 cajas que traía para vender.
«La verdad ahorita está muy tranquilo, tanto en Navidad como ahorita no ha habido mucho movimiento, ahorita apenas he vendido 3 cajas desde que empezamos a vender 5 días antes», dijo.
Los locatarios comentaron que, a raíz de la alza de precios, la gente ya compra lo mínimo para la cena o suele irse por los productos más baratos sin importar que puedan ser de menor calidad.
Melton Velázquez, vendedor de fruta al interior del mercado, aseguró que sus ventas han bajado al menos un 50 por ciento en comparación a los años antes de la pandemia.
«El problema es que ya todo es caro, entonces la gente busca ahorrarse lo más que pueda porque no hay con qué, no hay dinero», comentó.
El puesto de Melton ofrece la manzana, una de las más pedidas, desde 25 pesos el kilo, hasta 53, además de la una que no baja de 130 el kilo.
Sixto Hernández, locatario dedicado a la venta de chiles secos y semillas, dijo que las obras de remodelación dentro del mercado también han afectado a las ventas porque entorpece el flujo de la gente.
«Ya llevamos 6 meses con las afectaciones y nos dicen que todavía nos esperemos otros 4, la verdad es lo que más nos ha pegado, antes los pasillos se abarrotaban que ni nos dábamos abasto», dijo.
Por su parte, Viviana, trabajadora del hogar y madre de dos niños pequeños, afirmó que antes con mil 500 pesos podía preparar la cena para 4 personas y que hasta sobraba para partir la piñata.
«Ahorita con un caldo de camarón, una ensalada de manzana y el ponche ya son alrededor de 3 mil pesos lo que me gasto».
Viviana comentó que ha tenido que duplicar su presupuesto casi al doble para la cena a raíz de la alza en los precios, además de que suele preparar suficiente comida como para que dure un par de días más.
«Antes preparábamos para que todos se llevará si sobraba, a nosotros nos gusta que todos queden satisfechos pero ahorita es comprar lo justo y tener que planear muy bien las compras», aseguró.
Olivia, vendedora de ropa interior, también dijo que ha tenido que subir sus precios casi un 50 por ciento, sin embargo, afirma que la tradición de usar ciertos colores aún sigue muy presente en la gente.
«Hay precios desde 25 pesos a 250 pero generalmente la gente ya se va por lo más barato porque sienten que no vale la pena gastar tanto en algo que solo usarán una vezla verdad no es la venta que esperábamos».
A pesar de la baja afluencia, Olivia trabajará hasta las 11 de la noche esperando poder vender más calzones rojos y amarillos en la tarde.
Dijo que por su trabajo, su familia no suele practicar muchos rituales de año nuevo, sin embargo, la cena y uvas es algo que nunca puede faltar.
