Mujeres y educación STEM: Tres años después, ¿dónde estamos?
Llegó noviembre y con él una de las tradiciones de mayor arraigo y emocionalidad de nuestra cultura mexicana: la de honrar y recordar a quienes partieron de este mundo terrenal antes que nosotros.
En medio de esta celebración y la emotividad que la rodea, recordé que hace tres años, planteé una reflexión en este, Tu Espacio Digital, respecto de la urgente necesidad de impulsar la participación de las mujeres en la educación STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), visualizándola como la gran llave para la innovación, la equidad y el cumplimiento de la Agenda 2030.
En ese año (2023) las cifras en México y el mundo nos alertaban de una realidad persistente: apenas una fracción de las mujeres ocupaban espacios en el sector tecnológico y el desinterés de las niñas comenzaba desde las primeras etapas escolares.
Hoy, al hacer una pausa y mirar los avances y pendientes de los últimos tres años, la pregunta obligada es: ¿Qué ha cambiado en este periodo? Ven conmigo y descubrámoslo juntos.
Tomemos como referencia los datos duros. El Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco), en colaboración con Movimiento STEM+, midió la participación de las mujeres en las carreras y áreas de trabajo vinculadas con la Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés) en México (Imco, 2026).
Algunos de los principales hallazgos de esta medición se detallan a continuación:
1. Las brechas comienzan en el salón de clases.
El sistema educativo desincentiva el interés de las niñas por las matemáticas desde edades tempranas, lo que reduce sus probabilidades de elegir una carrera STEM. Aunque al inicio de la primaria no se observan diferencias entre niñas y niños, estas emergen y aumentan conforme avanzan los niveles educativos.
2. En niveles básicos, 69 por ciento de las jóvenes en México no alcanza competencias matemáticas fundamentales, frente a 62 por ciento de los jóvenes, según la OCDE. En niveles avanzados, la brecha se amplía: tres de cada mil jóvenes logran resolver problemas matemáticos complejos, mientras que entre las jóvenes solo una de cada mil lo consigue.
3. En el ciclo escolar 2024-2025, las mujeres representaron 54 por ciento de la matrícula universitaria en México; sin embargo, esta presencia no se mantiene constante en todas las carreras. De cada tres estudiantes en carreras STEM una es mujer.
4. Baja representación en el top de elecciones. Las mujeres se concentran en áreas de estudio como educación (75 por ciento), ciencias de la salud (69 por ciento) y ciencias sociales y derecho (61 por ciento). En contraste, los hombres se inclinan en mayor medida por carreras STEM, particularmente en tecnologías de la información (76 por ciento) e ingeniería, manufactura y construcción (68 por ciento).
5. De las diez carreras más elegidas por mujeres en el ciclo escolar 2024-2025, solo una es STEM. En cambio, entre los hombres, cuatro de las diez pertenecen a estas áreas, incluyendo Ingeniería industrial que ocupa el segundo lugar. Para las mujeres, esa misma carrera se ubica en la décima posición.
6. La baja presencia de mujeres en STEM limita su movilidad económica. Estas carreras son las más resilientes ante un mercado laboral en rápida transformación tecnológica y con mayor demanda debido a la inteligencia artificial, según el Foro Económico Mundial citado por Imco.
De igual manera, el estudio revela que existen ventajas de las mujeres que eligen y ejercen carreras STEM, entre los cuales destacan las siguientes:
1. Mayores ingresos. Una egresada de carreras STEM gana en promedio 16 mil 993 pesos al mes, 7.4 por ciento más que las profesionistas en otras áreas.
2. Mayor participación económica. Mientras que 46 por ciento de las mujeres participa en el mercado laboral, esta proporción asciende a 70 por ciento entre egresadas de estudios superiores y a 74 por ciento, particularmente entre egresadas STEM.
3. Empleos de calidad. 77 por ciento de las mujeres STEM trabaja en la formalidad, frente a 74 por ciento de las profesionistas, lo que implica mayor acceso a seguridad social, ahorro para el retiro y servicios como guarderías.
A pesar de lo anterior, persiste la desigualdad entre hombres y mujeres, ya que la brecha salarial de género en STEM se mantiene en 15 por ciento. De igual manera, las brechas entre entidades federativas en materia de talento STEM son significativas. Coahuila y Querétaro lideran a nivel nacional: 18 por ciento de sus profesionistas se dedican a áreas STEM.
Ante este panorama, nos enfrentamos a una realidad dual: Por un lado, el contexto tecnológico ha dado un giro monumental, la irrupción masiva de la inteligencia artificial, la automatización avanzada y la relocalización de cadenas de suministro (nearshoring) en nuestro país han colocado a las carreras STEM en el centro absoluto del desarrollo económico.
Sin embargo, tal y como lo muestran los datos presentados por Imco, el reto estructural de la brecha de género sigue mostrando una inercia compleja.
Si bien es cierto, en los últimos años hemos visto un aumento en la creación de redes de mujeres en la ciencia, mentorías especializadas y programas institucionales impulsados por universidades, centros de investigación y organizaciones civiles, las estadísticas nacionales aún reflejan que el camino hacia la paridad es largo.
A tres años de aquella primera charla con docentes e investigadoras zacatecanas, la convicción sigue intacta: integrar plenamente a las mujeres en el mundo STEM no es solo una cuestión de justicia laboral o de competitividad económica; es el cimiento indispensable para construir una sociedad más justa, resiliente e innovadora.
Por esta vez, cerraremos con una pregunta: ¿Qué papel nos toca jugar desde nuestras trincheras para acelerar este cambio?
Cuéntame tu opinión. Nos leemos pronto.
