ZACATECAS. El zacatecano Tomás López Monreal encontró en la preparación de desayunos como chilaquiles y el peculiar platillo “calzón” una forma de volver a empezar en su tierra, luego de ser deportado de Estados Unidos, donde trabajó durante más de 15 años.
Ubicado en la avenida Preparatoria, su negocio, Salsabrosa, Desayunos y Comidas, todos los días recibe a estudiantes, trabajadores y familias que vuelven por su distintivo sazón, el cual ha perfeccionado durante años.
Don Tomás relató que el negocio lo abrió en enero de 2016, luego de encontrarse con una realidad complicidad en su regreso al estado estado: “Nadie me quería emplear, nadie, nadie, y fue muy difícil”, recordó.
El arte culinario ya era familiar para él, pues trabajó como cocinero en Estados Unidos. Tras su deportación y con la necesidad como principal motivación, señaló que buscó emprender en distintos ramos como la soldadura, mecánica y otros negocios.
Dedicarse a la cocina, compartió, no estaba entre sus planes. “Yo fui cocinero allá, pero después ya no quería cocinar; la necesidad me obligó a abrir un negocio y entre ellos quedó el restaurante”, dijo.
Con un sazón que no era totalmente zacatecano ni estadounidense, Tomas recordó que el comienzo tampoco fue sencillo; su intención, explicó, era ofrecer “algo bueno, barato, económico y sabroso” a sus comensales.
Con los años, el pequeño negocio creció y debió ampliar la variedad de su menú, con alrededor de 30 platillos, entre los que destacan los chilaquiles y sus ahora famosos “calzones”.
Don Tomás describe a los “calzones” como una especie de pizza; entre risas aclara que, si bien tomó prestado el nombre de un platillo italiano, la receta es suya. “El nombre fue el que me robé, pero todo es creación de aquí”, dijo.
El platillo, relató, comenzó casi como una prueba y terminó convirtiéndose en uno de los productos más solicitados del negocio. Al principio, recuerda, preparaba alrededor de 15 piezas que podían durar hasta dos días.
Luego de la pandemia, de aquellas contadas piezas, pasé a producir alrededor de 120 en un solo día, al utilizar entre nueve y 10 kilos de masa para satisfacer la demanda diaria, expresó.
Don Tomas narró entre risas que el vínculo entre Salsabrosa y sus comensales es tal que el día que no abre no pasa desapercibido: “Me reclaman todavía un mes después (…) Oiga, pasé, ya no está abriendo”.
Los estudiantes, refirió, se convirtieron en uno de los principales clientes, aunque en la cocina no hay distinciones, solo el gusto por lograr el mejor sabor. “Dios me regaló el don de cocinar a mi persona y eso me da gusto, sea quien sea, aquí no hay diferencias”, expresó.
Todos los días, mientras las órdenes se preparan y los clientes esperan sus platillos, don Tomás dijo que ya no piensa regresar a Estados Unidos; su vida, dice, parece haberse quedado nuevamente en Zacatecas. “Mientras tengamos salud, fuerzas y tiempo, aquí estaremos”, afirmó.
Salsabrosa, Desayunos y Comidas abre sus puertas de lunes a viernes, de las 9 a 16 horas aunque los sábados también suele abrir, pero con un horario más corto.





