Arroyo Zarco y San Fernando lidiaron toros de calidad y transmisión en la Monumental de Aguascalientes. Antonio Ferrera alcanzó la hondura, Emiliano Gamero puso la emoción a caballo y Leo Valadez encontró argumentos para el lucimiento.
AGUASCALIENTES, AGS.— Hay tardes en las que el triunfo se queda a medio camino, no por ausencia de materia, sino porque el toreo, tan generoso como imprevisible, también conoce de encuentros que no terminan de resolverse. La corrida conmemorativa del 451 aniversario de la fundación de Aguascalientes tuvo toros para escribir una historia distinta a la que finalmente dictaron los resultados.
Y conviene detenerse en ellos. Porque hubo embestidas de calidad, nobleza con transmisión, pitones que permitieron el toreo despacioso y ejemplares que merecieron algo más que una anotación en la estadística. Arroyo Zarco y San Fernando ofrecieron una corrida de matices, con cuatro toros que, desde sus distintas condiciones, dieron argumentos para el lucimiento.
La tarde comenzó con “Taquero”, de San Fernando, un ejemplar que tardó en fijarse en la cabalgadura de Emiliano Gamero. El rejoneador debió trabajar para encelarlo, pisando terrenos comprometidos y procurando sujetar sus acometidas. Sobre “Júpiter” consiguió pasajes estimables, aunque las dificultades del toro impidieron mayor continuidad.
Después llegó “Barquerito”, de Arroyo Zarco, y con él una de las expresiones más depuradas del festejo. Antonio Ferrera lo recibió de rodillas y pronto descubrió una embestida de fina condición, con humillación, recorrido y una nobleza que invitaba a prolongar el muletazo. El español toreó con cadencia, especialmente al natural, dejando que el toro recorriera los vuelos hasta el final.
La faena adquiría profundidad cuando, durante un cambio de mano, Ferrera fue prendido violentamente. La voltereta quebró el ritmo, pero no su determinación. Se levantó y volvió a ponerse delante para instrumentar dos series de extraordinario pulso, aprovechando hasta el último aliento de un toro que mantuvo su entrega. La espada impidió un desenlace acorde con la calidad de lo realizado. El torero pasó a la enfermería con contusiones en el pecho.
Leo Valadez encontró en “Titán”, también de Arroyo Zarco, un ejemplar de escasas posibilidades. El hidrocálido mostró resolución con el capote y asumió el tercio de banderillas, pero la falta de respuesta del toro terminó por reducir sus opciones.
La emoción regresó con “Catrín”, de Arroyo Zarco, segundo del lote de Gamero. El toro tuvo calidad, transmisión y una acometividad que el rejoneador supo aprovechar. Sobre “Jaque Mate” llegaron los embroques de mayor ajuste, las piruetas ceñidas y una ejecución que exigió precisión en los terrenos. Con “Lobo” colocó banderillas sin cabezada y culminó sobre “Hijo del Sol”. La labor, de notable variedad, perdió su recompensa por el desacierto con el rejón de muerte. El ejemplar fue ovacionado en el arrastre.
Pero todavía quedaba “Josefo”, de San Fernando, y con él una de esas embestidas que parecen reclamar silencio para apreciar su verdadera dimensión.
Ferrera regresó de la enfermería y encontró un toro generoso, de buen recorrido por el derecho y una condición excepcional por el izquierdo. Allí surgió el toreo de mayor hondura. Naturales lentísimos, el cuerpo encajado, la figura asentada y una muleta que gobernaba sin violentar. No hubo necesidad de acelerar los tiempos. El toro acudía con nobleza y el hombre respondía con una expresión serena, casi íntima, donde cada muletazo encontraba su propia medida.
Fue una faena de sensibilidad y conocimiento, de las que se construyen desde la colocación y el pulso. La defectuosa ejecución de la suerte suprema frustró el triunfo y Ferrera recorrió el anillo en una vuelta al ruedo. “Josefo” recibió una merecida ovación en el arrastre.
Cerró plaza “Tío Vic”, también de San Fernando, que ofreció buen juego por el pitón derecho. Valadez, decidido desde el capote y entregado con las banderillas, consiguió series de trazo estimable en un comienzo prometedor. Sin embargo, su labor terminó dividiendo las opiniones. El toro fue despedido entre palmas.
La Monumental asistió así a una corrida en la que los aceros condicionaron los resultados y las embestidas tuvieron mayor entidad que los trofeos. “Barquerito” aportó clase; “Catrín”, emoción; “Josefo”, profundidad, y “Tío Vic”, nobleza y buen son.
El triunfo quedó atrás. Pero hubo toros que merecieron ser toreados, muletazos que justificaron la espera y una verdad esencial: cuando el toro embiste con calidad, el toreo encuentra su razón de ser.
Ficha del festejo Aguascalientes, Ags., 24 de octubre de 2026. Monumental. Corrida del 451 aniversario de la ciudad. Toros de San Fernando (1.º, 5.º y 6.º) y Arroyo Zarco (2.º, 3.º y 4.º). Destacaron 2.º, 4.º, 5.º y 6.º.
Emiliano Gamero: Palmas y palmas tras aviso.
Antonio Ferrera: Palmas y vuelta al ruedo.
Leo Valadez: Silencio y división de opiniones.

