Saúl Monreal, un salto para atrás
Para Marco Tulio Cicerón, el Senado era el corazón de una república ideal, ahí debían estar los mejores hombres, los más sabios y virtuosos, los de mayor experiencia y estabilidad para guiar al Estado; desde entonces, antes de Cristo, en cualquier república es un altísimo honor ser miembro del Senado.
En México, Valentín Gómez Farías, Ignacio Comonfort, Venustiano Carranza, Miguel Alemán, López Mateos y Díaz Ordaz, entre otros, fueron senadores antes de ser presidentes de la República; pero no recuerdo ningún caso en el que un senador haya dejado su escaño para ir a buscar una presidencia municipal, y menos de un ayuntamiento que ya lo gobernó en dos ocasiones.
¿Tan atractivo es gobernar un municipio que hasta hace poco estaba catalogado como el más inseguro del país y donde hace apenas tres meses la delincuencia organizada colgó en la vía pública a varios empresarios y funcionarios?
Pues ese es el caso de Saúl Monreal, abogado y político zacatecano que ha sido dos veces alcalde de Fresnillo, diputado local y desde hace dos años senador de la República. Saúl quería ser gobernador, igual que sus hermanos Ricardo y David, la reforma anti nepotismo impulsada por la presidenta Sheinbaum se lo impidió y hace unos días sorpresivamente anunció que buscará, por tercera ocasión, la alcaldía de Fresnillo.
Esta ilógica precandidatura sorprendió a propios y extraños, no tiene sentido, parece un salto para atrás; sin embargo, creo que pudiera ser la repetición de una situación que me tocó vivir hace 22 años.
En el 2004 el entonces gobernador Ricardo Monreal estaba empecinado en dejar como sucesor a su gran amigo de la juventud Tomás Torres Mercado, a la sazón secretario general de Gobierno. El reto no era nada fácil, había que desplazar nada menos que a la dama de la izquierda mexicana, Amalia García Medina. Mientras que Tomás era un político muy local y con escasa trayectoria, Amalia era una figura nacional que ya había sido diputada local en la Ciudad de México, diputada federal en dos ocasiones, senadora y dirigente nacional del PRD.
Finalmente, Ricardo tuvo que doblar las manos y dejar pasar a Amalia, pero a cambio de un acuerdo político muy favorable para ambos, Amalia sería la candidata a gobernadora, pero Ricardo pondría a los 18 candidatos a diputados locales y a los 58 candidatos a presidentes municipales, incluso pactó algunos espacios para su gente en el gabinete.
Para Tomás negoció la coordinación de la campaña, repetiría como secretario general de Gobierno y en el 2006 sería candidato a senador.
Amalia respetó el acuerdo en sus términos; sin embargo, en una comida a la cual yo asistí, le pidió un favor al gobernador, le solicitó uno de los 58 municipios. Ricardo le preguntó qué municipio quería y los asistentes nos fuimos de espaldas cuando le dijo, nada menos que Fresnillo, el municipio más grande del estado y del cual era oriundo el todavía gobernador.
“¿Para quién quieres Fresnillo?” preguntó Ricardo, “para tu hermano Rodolfo”, contestó Amalia, “de ninguna manera”, reviró Ricardo, “si no dejé pasar a mi papá hace tres años menos a mi hermano”, Amalia insistió y finalmente Rodolfo fue el candidato.
Fue así como Amalia, con gran inteligencia, se aseguró de que el monrealismo no le jugara las contras, que la estructura y las huestes de Ricardo votaran por ella y su partido. Tres años después Amalia repitió la faena imponiendo a otra hermana, Susana Monreal, como diputada federal por Frenillo.
Pues 22 años después la historia se repite, la sorpresiva candidatura de Saúl pareciera que tiene el mismo propósito, asegurar que el poco o mucho monrealismo que aún hay en Fresnillo no le juegue las contras a Verónica Díaz.
Evidentemente Saúl va a regañadientes, dudo mucho que se le antoje jugar por tercera ocasión por la presidencia municipal, sobre todo después de las derrotas que ya sufrió en años anteriores; ¿pero quién se lo pidió? ¿Quién se lo ordenó? ¿La presidenta Sheinbaum, Ricardo o David? ¿A cambio de qué deja el paraíso del Senado para ir al infierno de Fresnillo?
Quien haya sido flaco favor le hizo, mandarlo a una campaña a hablar bien de “La Secta” y de “La Mustia” es ir a tragar sapos, si gana perderá la gloria del Senado, si pierde será el sepulturero de una marca que ya dio lo que tenía que dar.
En fin, suerte para Saúl, es un tipazo que no merece ese castigo, yo en su lugar lo pensaría cien veces.
