Sobre el sistema de jubilaciones en la UAZ
No es conveniente que se satanice el sistema de pensiones de la UAZ, en particular, del personal académico, por eso considero oportuno hacer algunas precisiones.
En primer lugar, no se jubila de la misma manera el personal del STUAZ en relación con el personal del SPAUAZ y si se trata de investigar, sería bueno que revisaran la manera en la que se jubila el personal del STUAZ y no meter a toda la UAZ en la misma bolsa. Pero no dedicaré estas líneas a aclarar las diferencias entre las jubilaciones de un sindicato y otro, eso le toca a la autoridad, que se supone está trabajando en optimizar los recursos.
En cuanto al modelo de jubilación, en general, la UAZ ya hizo lo que le correspondía para abatir el costo de la jubilación desde agosto de 1991 con la incorporación del personal (todo el personal) al ISSSTE, de esa forma, las jubilaciones no las paga la institución sino el ISSSTE.
En aquel momento, parte de la negociación para que se accediera a esa incorporación implicó, en el SPAUAZ, que la diferencia entre la jubilación que pagara el ISSSTE y el salario que percibía el docente en activo, la pagara la institución, y que para ello se debería constituir un fideicomiso para que fuera, a través de ese mecanismo que se pagara esa diferencia. Esta demás decir que el monto que aporta la UAZ a los jubilados que ingresaron antes de 1991 es una cuarta parte del salario que recibe un docente en activo.
La incorporación al ISSSTE fue en 1991, en aquel momento Francisco Flores Sandoval era el rector, y no hizo nada para constituir ese fideicomiso, pasaron dos rectorados de Virgilio Rivera Delgadillo, y tampoco fue capaz de constituirlo, después llegó Rogelio Cárdenas Hernández, le siguió Alfredo Femat Bañuelos, Francisco Javier Domínguez Garay, Armando Silva Cháirez, Antonio Guzmán Fernández, Rubén Ibarra Reyes, Armando Flores de la Torre y ahora Ángel Román Gutiérrez y ninguno de ellos hizo nada por constituir ese fideicomiso.
En el periodo de Alfredo Femat se aportó capital semilla para la constitución de ese fideicomiso, mismo que fue utilizado en el periodo de Domínguez Garay para la construcción de campus de la UAZ en municipios.
Para tenerlo claro, la constitución de un fideicomiso requiere de la voluntad de quien conduce la institución, en este caso de la Rectoría. Y pasaron y pasaron rectores y ninguno tuvo la voluntad de constituirlo, ellos podrán decir que no había dinero, que había déficit presupuestal y que no ajustaban, pero lo que no dicen es que, en la UAZ, quienes han conducido los destinos institucionales se han conducido con opacidad a lo largo de sus administraciones y nunca se ha tenido la certeza de que el recurso se gaste en lo que ellos dicen que se gasta, por lo que decir que “no se ajusta” no es justificación suficiente.
No pueden culpar a quienes no tomaron las decisiones, puesto que por más organizados que estuvieran los docentes, la decisión de constituir el fideicomiso no recaía en el colectivo docente sino en quien dirigía la institución, podrán decir y es eso, su dicho solamente, que los maestros no querían aportar para ese fideicomiso, pero la realidad es que nunca hubo una propuesta seria, ni la transparencia suficiente para que se lograra su conformación.
Cobrar ahora los platos rotos a quienes no los rompieron es injusto, sobre todo cuando el costo de los funcionarios universitarios no se ha transparentado y mientras eso no se haga, amenazar a las y los jubilados con que perderán sus prestaciones no es otra cosa más que violencia laboral ejercida no nada más por quien administra la UAZ, también por quien conduce el país.
Crear una narrativa culpando a quienes han entregado su vida laboral a la docencia y a la investigación, que han dejado toda su energía formando generaciones y generaciones de profesionistas y que lucharon por tener un contrato colectivo que salvaguardara los derechos de presentes y futuras generaciones, no es correcto.
