El amor con escenario político
La primera vez que leí sobre Ángeles Mastretta fue en la revista Encuentro. Esta era una publicación del gobierno federal “dedicada a la juventud”. El escritor de la reseña de Arráncame la vida era PIT II, Paco Ignacio Taibo II. En esa publicación mensual conocí muchas de las novedades editoriales de la década de 1980 y algo de la siguiente. Fue una temporada donde el actual director del Fondo de Cultura Económica era un lector generoso, des-canónico, tolerante y respetuoso, sin duda otra época de disidencia y antihegemonía. Algo le pasó al señor, a quien leí para saber de los orígenes del Partido Comunista y los anarquistas operantes en México.
Me quedé por años con Arráncame la vida (1985, Premio Mazatlán) como una lectura referencial para algunos cursos que impartí sobre introducción a la literatura. Me quedé con ella y Silvia Molina. De Mastretta me gusta cómo teje los hilos de la historia política con compinches y todo —el general Andrés Ascensio—; los enamoramientos con hombres decididos —Carlos Vives—; y la vida cotidiana pretérita en la mítica Puebla.
En Puerto Libre, la columna que sostiene Mastretta, en Nexos, nunca me he detenido. Vi pasar Mujeres de ojos grandes (1993); pero me detuve en Mal de amores (1996, 1997 Premio Rómulo Gallegos). Escribió Héctor Aguilar Camín: “Mal de amores es una novela cuya prosa nítida y rápida consigue arrobarnos con su maestría, mientras nos regala los delirios de una invocación amorosa cuya desmesura nos contagia de futuro y esperanza”. No escondo mi amor por Emilia Sauri: libre, pertinaz, inteligente culta, revolucionaria del primer maderismo y lo más: enamorada sin pedir permiso.
Este fin de semana miré la adaptación de Mal de amores. El guion lo hicieron para una serie que presenta Neflix. La directora y otras labores es Catalina Aguilar Mastreta, hija de la escritora. Me gustó y lo presumo como uno de mis ejercicios de mi libertad de consumo. La historia está urdida con casi todos los relatos de la novela. La actriz principal me arrobó: posee la belleza casi Salma del Callejón de los milagros y con un sincero color natural de piel mexicana —nuez, ladrillo del norte desértico o cartón mojado—.
El tópico que me atrae no es el amor apasionado de las mujeres, ni los descuidos masculinos por esos amores, sino en los escenarios políticos donde interviene voluntariamente Emilia Sauri. La historia inicia en 1910, cuando Francisco I. Madero está de gira por el país. Llega a Puebla, donde un grupo de clasemedieros están organizados para las elecciones. La socialización es en casas particulares de liberales situados entre el positivismo y la esperanza democrática; es en las residencias para hacer posible la participación de las mujeres —solteras, casadas, hermanas, amigas, amantes—. Entre los organizados aparecen los hermanos Carmen y Aquiles Serdán; en la serie no son protagonistas. Por supuesto también aparecen los filiales a “la dictadura”; declarados herederos de la guerra de Reforma o colaboradores del gobernador en turno.
No soslayó que Mal de amores, la serie y la novela, contienen lecturas políticas de la escritora y la guionista. No son visiones que ensalzan la violencia armada de los héroes de bronce revolucionarios, sino las posibilidades que proporcionan las prácticas democráticas: clubes, mítines, influir en el tipo de elecciones de entonces, papeles impresos y periódicos. Proyectan los diferentes grupos socioeconómicos y cómo es posible ensamblar alianzas. Son lecturas sobre la revolución mexicana, pregonando la importancia de la fase maderista.
Claro que hay alusiones al zapatismo y las fuerzas armadas del inmenso norte. Obvio citan a Zacatecas y la mítica “toma” de junio de 1914. En una breve síntesis le dice el apasionado revolucionario a Emilia: “cayó el gobierno y Huerta se fue. El ejército de Villa tomó Zacatecas y luego Carranza le ganó en llegar a la Ciudad de México… todos los líderes se turnaron para sentarse en la silla presidencial”. Agrega otro personaje, “la toma de Zacatecas fue una moridera que no saben…” En la novela, la primera cita es cuando el apasionado revolucionario escribe por correo normal desde “un pueblo en el norte de Zacatecas”, en abril 1911.
SEPTIEMBRE, MES DE
LAS NACIONES MEXICANAS
“Y bueno, (casi) todos sabemos que el sábado 15 de septiembre de 1810, a las 11 de la noche, no ocurrió nada, absolutamente nada. El virreinato durmió tranquilamente y en su mayor parte tuvo un plácido domingo”. Lo escribió Luis González de Alba en “Mentiras de la Independencia” (Nexos, septiembre 2009).
POSDATA
Fracasos, rezagos, bajas, retrocesos, reprobados en las evaluaciones Pisa.
