Nombres de lagos, ríos, árboles, flores, profesiones, minerales, piedras preciosas, constelaciones, cantantes y todo lo que ayude a recordar a dónde se puede volver.
Para explicarle a alguien cuál es el tiempo y el lugar donde se habita hacen falta referencias. Cada vez con mayor frecuencia se utilizan cadenas comerciales como alusiones: cerca del Oxxo, por la Farmacia Guadalajara o junto a Soriana.
Sin embargo, tradicional y culturalmente se le asignan apelativos a los bulevares, avenidas y callejones para que la gente memorice dónde vive y, de paso, también recuerde algún suceso o ídolo oficialmente reconocido y prófugo del olvido.
La brevedad existencial permite aspirar a dejar un legado, una familia, quizás una fortuna, un libro, un árbol o, ya de perdido, el nombre de una calle.
La identidad nacional se construye de fragmentos que la historia oficial conglomera en una narrativa con un sentido que convenga a la misión en turno del país. A veces conviene saberse independientes, otras revolucionarios y algunas más incluso transformadores de algo que necesitaba cambiar de forma porque a la anterior ya no le andaba quedando el saco.
El asunto es que parte de la doctrina implica aprenderse a quienes se les debe eso que se llama patria, y qué mejor manera de hacerlo que tomando como referencia los nombres de héroes consagrados y repitiéndolos todos los días y muchas veces.
Casi en cualquier estado, municipio o localidad del país hay una calle que se llama Miguel Hidalgo, Benito Juárez, Emiliano Zapata, Francisco I. Madero, Independencia, 16 de septiembre, Morelos, Lázaro Cárdenas o 5 de mayo.
Además de los héroes nacionales, no heroínas, con frecuencia se encuentran valores cívicos o conceptos nacionales tales como Libertad, Progreso, Constitución, Reforma, Justicia, Democracia y todas esas nociones que es más fácil decir dónde están que lo que son.
Igualmente se toman prestados nombres de lagos, ríos, árboles, flores, profesiones, minerales, piedras preciosas, constelaciones, cantantes y todo lo que ayude a recordar a dónde se puede volver.
De tanto repetirse, las palabras dejan de ser extrañas y terminan por darle forma a lo cotidiano, lo común y lo familiar. Así, a pesar de no haber conocido a Juárez más que en humildes o soberbios billetes, se puede mencionar su nombre con la naturalidad de quien dice casa.
Sería mentira afirmar que se piensa en la separación del Estado y la Iglesia cuando se da la dirección, porque ni falta que hace. Tampoco resulta indispensable saber qué hizo Donato Guerra, López Portillo ni por qué está Quebradilla la avenida.
Hay quien nunca va a conocer el río Lerma, distinguir los Nogales o alcanzar la Justicia, pero, irónicamente, siempre va a vivir ahí. Quizás para muchos debe de ser un honor dejar su nombre para una calle; lo de menos es que las georreferencias le funcionen para poder descansar más en paz.
En algunos sitios todavía se conservan menciones anteriores al arribo gandalla de los gachupines. Hay calles que se llaman Xicohténcatl, Quetzalcóatl, Tláloc, Cuauhtémoc, Moctezuma o Nezahualcóyotl.
La representación de nombres femeninos, como en el resto de la cultura oficial o no, es baja. Los nombres más frecuentes, como puede intuirse, son Sor Juana Inés, Leona Vicario y, por supuesto, Frida Kahlo. Pareciera que la equidad y la paridad todavía no llegan a la silenciosa y añeja fábrica de la memoria espacial e histórica.
Es más probable que una calle lleve el nombre de una virgen o una santa que el de una intelectual, artista o heroína nacional, no porque tampoco existan las segundas, sino porque todavía, y a pesar de los pesares, el pueblo rinde mucho más culto a las primeras.
Por fortuna, hay un Callejón del Beso, otro del Deseo, de los Sapos, del Romance, del Resbalón, de la Caja, del Infiernillo y de la Mantequilla.
Hay nombres de calles que luego se cambian por otros que alguien cree que merecen más ser recordados. La memoria selectiva por disposición oficial. Aquí que antes era Colón, ahora se llama Mujica.
La cosa es no olvidarse a dónde volver. Se trata de no confundirse y que para explicarle a alguien cual es el lugar donde se habita no dar como referencia la Tierra y la Libertad, no le hace que el destino lleve a un callejón de sueños rotos, pero con un gran Oxxo en la esquina.
COLUMNA: EL SUEÑO DE LA RAZÓN
AUTOR: Israel Álvarez
CABEZA: Los nombres de las calles
