De la lucha de Mineros de Zacatecas y por qué acompañarlos
Hago una pausa en la serie de textos dedicados o vinculados a las vivencias en los municipios -con sus amplias variedades de problemáticas- para compartirle algo que viví apenas este fin de semana, en el marco del juego de futbol entre los Mineros de Zacatecas y el Club Atlético Morelia de la Liga Expansión MX, que dicho sea de paso, desafortunadamente perdimos, ante un buen rival, aunque con el ingrediente de un arbitraje un tanto dudoso; pero bueno, no es ese el punto.
Este fin de semana pude apreciar desde otra perspectiva el esfuerzo que el equipo hace, más allá de lo estrictamente futbolístico. Quizás los zacatecanos no nos damos cuenta, pero quienes somos “hinchas” del equipo podemos dimensionar lo que se vive de manera “ordinaria” en el estadio, vamos notando ciertas cosas que, con el paso del tiempo, van cambiando considerablemente la perspectiva del equipo.
Primero, hablemos de un par de cosas de logística: los accesos fueron más acordes a las necesidades de las personas aficionadas, en todas sus expresiones demográficas. Si bien el hecho de que este encuentro futbolístico ocurriera a par de la Feria Nacional de Zacatecas (Fenaza) derivó en cierta atención por los festejos, afortunadamente se facilitaron distintos accesos para que las diferentes expresiones de aficionados pudieran tener una opción de ingreso adecuada.
Por otra parte, la organización y coordinación de las diferentes modalidades de patrocinios y la propia directriz para generar identidad y participación de los aficionados, desde el consumo de productos, acciones publicitarias, hasta la nueva voz del estadio. Además de la participación del famosísimo “Chango”, el cual ha desarrollado una peculiar y efectiva forma de interactuar con el público.
Vayamos también a otras cosas que no son visibles normalmente para el aficionado, pero que valen la pena analizar: el futbol en México es un negocio. Sin embargo, hay de negocios a negocios.
La dinámica del balompié profesional depende de determinaciones o regulaciones de la Federación Mexicana de Futbol (FMF) para quienes participan en torneos como la Liga de Expansión; más allá del romanticismo de ser campeón y aspirar al ascenso en la Liga MX, los equipos deben tener un plan de negocios, que conlleva una gran inyección de recursos.
Pensemos, por ejemplo, en el espacio físico donde se desarrollan los encuentros: el estadio Carlos Vega Villalba. Si bien el inmueble tiene cuatro décadas y características de “olímpico”, recientemente fue remodelado y ampliado, debido a la constante necesidad de ser adaptado a determinadas demandas, particularmente de movilidad.
Es claro que todo lo anterior requiere de una buena inyección de recursos y se entiende que sea difícil que la iniciativa privada invierta recursos en el inmueble sin una certeza jurídica que le garantice la base de su uso o usufructo en un periodo para recuperar la inversión.
Sin embargo, existe una posibilidad con una lógica de competencia: a partir de la posibilidad del ascenso se abre el escenario para que, en la llamada “primera división”, se obtenga apoyo económico de la federación y haya patrocinios más sólidos y amplios.
Además de llevar a cabo un comodato del inmueble por un mayor tiempo que facilitaría ciertas inversiones (piense, usted, en un palco como hay en otros estadios).
El proyecto de Mineros de Zacatecas, independientemente de sus detalles operativos o comerciales, debe reconocerse como un proyecto de zacatecanos para zacatecanos; su estructura de equipos para participar en distintas ligas es algo ejemplar, con muy pocos referentes en el país.
Nuestro equipo está marcando un camino digno de seguirse, revisarse y analizarse como posible caso de éxito, donde con recursos propios y elementos políticos (sin grandes apoyos gubernamentales y desdén de boicot), económicos (vetos y complicidades de los machuchones del futbol mexicano para proteger sus intereses) y sociales (épocas donde el deporte no tiene tanta prioridad), se está tratando de darle algo a Zacatecas, de mantener una marca, afianzar un deporte y generar identidad a través del futbol; de competir para llevar a nuestro estado a los espacios de protagonismo del balompié. ¿Por qué no pensar en cosas chingonas?
La pelea que da nuestro equipo porque se reconozca el ascenso como una necesidad en la competencia deportiva no es cualquier cosa; claramente hay una horda de ojetes de “pantaloncillo largo” que saben cuidar los grandes negocios que el futbol genera para ciertos personajes, pero no se puede seguir tapando el sol con un dedo: el soccer va más allá de los llamados equipos grandes y los grupos económicos detrás de ellos.
El futbol es el deporte nacional por excelencia y eso debería implicar abrir las puertas a una mayor competitividad -como es en otras ligas del mundo, las más importantes, ¡carajo!- y con ello, generar nuevas plazas, nuevas esperanzas y nuevos derroteros donde se defina la fuerza y calidad del futbol mexicano.
La lucha de Mineros de Zacatecas debe ser la de los zacatecanos por un lugar que podemos merecer dentro del protagonismo deportivo nacional. Pero no se trata de ganar un lugar a base de billetazos o contubernios, sino por la calidad deportiva. Por eso y por más hay que acompañarlos. Y podemos empezar con ir a disfrutar un juego de futbol. Vale la pena hacerlo. Hay que ser de Mineros en las buenas y en las malas.
*Doctor en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Administración Pública, UNAM
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