El fin de los abrazos
Lo ocurrido este sábado en Zacatecas fue terrible, muy lamentable, muy preocupante y muy extraño, en los últimos 22 años hemos sido testigos de infinidad de homicidios perpetrados por diversos grupos de la delincuencia organizada, pero estos grupos regularmente se masacran entre ellos o atentan contra servidores públicos.
Cómo olvidar los 10 cuerpos depositados en plena Plaza de Armas el 6 de enero de 2022; o el asesinato en Pinos del general José Silvestre Urzúa Padilla, coordinador de la Guardia Nacional en el estado, el 22 de noviembre de 2022; la ejecución en Guadalupe del juez Roberto Elías el 4 de diciembre de 2022; el asesinato del presidente municipal de Florencia de Benito Juárez en julio de 2011; la desaparición forzada de la directora del Cereso de Cieneguillas el 22 de agosto de 2012; o la del ex director de la Policía Ministerial Gustavo Domínguez, hace apenas un mes y medio, solo por mencionar algunos.
A todos estos atentados les podemos dar mil explicaciones, pero para el asesinato brutal de 10 zacatecanos prominentes este fin de semana no hay explicación convincente, mucho menos justificación; los conocíamos, a ellos y a sus familias, eran gente de trabajo, de trabajo honrado que, como tantos, estaban siendo extorsionados y pagaban puntualmente su cuota, así me lo hicieron saber algunos de sus familiares.
Ante la ausencia de un móvil o motivo, se especulan muchas cosas, por ejemplo, que pudo tratarse de un mensaje cifrado para nuestras autoridades locales, puede ser, pero no deja de ser una especulación sin sustento firme.
El secretario general de Gobierno nos conminó a no sacar raja política del caso, estoy totalmente de acuerdo con él; sin embargo, es desde el gobierno donde permanentemente se saca raja política del fenómeno delictivo, no se cansan de culpar al pasado, de insistir en que la violencia actual es parte de la herencia maldita que recibieron.
Y tienen razón, la violencia actual es el legado, la herencia de la nefasta política resumida en las consignas oficialistas “abrazos no balazos”, “la violencia no se combate con más violencia”, “hay que combatir las causas”, etcétera, etcétera. Esa filosofía política provocó que en el sexenio de López Obrador se cometieran más de 200 mil homicidios dolosos (con Peña Nieto fueron 156 mil y con Calderón 120 mil).
Yo celebro el cambio de estrategia que la presidenta Sheinbaum ha instruido en materia de seguridad, a los delincuentes no se les abraza, se les debe perseguir y aplicarles todo el peso de la ley, por eso me quedo con las palabras sentidas del general Arturo Medina Mayoral, secretario de Seguridad Pública del estado:
“Yo soy un general del ejército, jamás voy a dar un paso para atrás, son unos viles, repugnantes, dementes, nefastos, abusivos y cobardes que se esconden pero los vamos a encontrar, y si para eso nos tenemos que pasar a Durango o a Jalisco nos vamos a pasar, a donde sea”.
Medina Mayoral no politizó el caso, es un hombre de Estado, tampoco revictimizó a las víctimas, como desafortunadamente lo hizo el Fiscal, simplemente dijo lo que muchos queríamos escuchar del responsable de la seguridad en Zacatecas, “son unos cobardes que se esconden, pero los vamos a encontrar”.
Ojalá que así sea, que de verdad sus palabras sean el fin de los abrazos y el inicio de un combate frontal a la impunidad, ojalá que pronto encuentren a quien hace tres años y medio asesinó a Raúl Calderón y a los que este sábado asesinaron a gente de bien, gente que generaba empleos y pagaba impuestos, padres de dejan en la orfandad a familias que lloran de tristeza, pero también de rabia totalmente justificada.
EL MEOLLO
ARTURO NAHLE GARCÍA
arturo.nahle@hotmail.com
