Los gallitos de Monreal
Existen pasados zacatecanos que bien pueden ser recuperados o imaginados desde lo social, por sus actores, lugares de reunión, prácticas de consumo y representaciones. Ahora mismo hay un acervo documental expuesto, las fotografías sobre la cantina El Gallito, del maestro Tomás Hernández Monreal (sita en la galería bar Acá las quince, frente al Museo Zacatecano).
Están expuestas 35 fotografías, 35 gallitos, de un emblemático lugar el cual ofertó espacio, bebidas, botanas y convivencia durante el transcurrir del siglo 20. El salón estuvo la plazuela Genaro Codina (contiguo al mercado del Laberinto).
El maestro Hernández Monreal da cuenta de El Gallito como un espacio de convivencia de transeúntes masculinos de procedencia rural o mineros y habituales burócratas o universitarios que presumían no estar corporativizados en el régimen. Como todo lugar de libación provocaba la reunión de personas, ideas y prácticas: beber y conversar entre roqueros con empleados de corbata sin marca; de jóvenes con suéteres y adultos con sombrero y gustos de música en vivo y no la de máquinas tragamonedas.
Las fotografías, datadas en su mayoría en la década de 1980, no son simplemente retratos de Carmelo, Salvador Iturriaga, José Antonio Chew, o del Cara Ríos y el Rusty (el último tronskista realmente respetado en la UAZ). Son evidencias de lo habitual en Zacatecas. En cada imagen, en cada gallito, está la captura de un instante de la vida cotidiana masculina en la ciudad de Zacatecas, de quienes asistieron con posibilidades económicas para consumir voluntariamente bebidas y convivir de personas con deseos de conversar para compartir ideas, comportamientos y fantasías políticas o literarias.
Además, hay otros personajes que evidencia el maestro Hernández Monreal: el sonido de los diferentes instrumentos testimoniados y la luz “natural” que ingresa y hacen al Gallito. La iluminación va provocando los grises temporales, los cuales configuran el momento poético del maestro Monreal. Esas tonalidades provocan interrogar sobre las horas de convivencia, los que hicieron desde la cantina los futuros recuerdos. Lo describe mejor, con comprensión artística, el maestro Eduardo Cardoso: “Las imágenes creadas por Tomás irrumpen como memoria lumínica, fragmento de luz, artificio cultural”.
LA BATALLA DE JUNIO 23 DE 1914
La batalla por Zacatecas fue un hecho de guerra en el marco de la fase armada de la Revolución mexicana. Situemos: la ciudad de Zacatecas era entonces una de las pocas plazas leales al régimen huertista. Por su ubicación, en el centro del país, y en la ruta del ferrocarril central era una plaza deseada. El ataque lo hicieron las divisiones del Norte y del Centro —una potencia de 23 mil hombres—, dirigidas por Francisco Villa, Felipe Ángeles y Pánfilo Natera. El encontronazo sucedió luego de las tomas de Chihuahua, Torreón, Saltillo y Paredones; para el villismo fue un triunfo más, para Zacatecas significó el todo.
El plan del general Luis Medina Barrón era enfrentar y resistir. El plan de Villa fue el plan de Ángeles: enfrentar y resistir. El triunfo, perciben ambos, los colocará igual o más entre los federales o ante Carranza. La derrota, conciben, publicitará la estrella en ascenso de Álvaro Obregón, quien marcha jubiloso a la capital por el Occidente del país. A las cinco de la tarde, del día 23, los federales comenzaron a desalojar sus posiciones. Después de las seis de la tarde ingresaron con violencia los todavía constitucionalistas.
La entrada triunfal, el mero día de san Juan Bautista de los revolucionarios no significó la paz. Siguieron fusilamientos, ajusticiamientos, delaciones de militares vestidos de paisanos, destrucción de edificios, saqueos discretos y ocupación de casas y oficinas. El cambio de signo político fue evidente: Manuel Carlos de la Vega se hará cargo de la administración estatal. El general Ángeles fue destituido por Carranza como subsecretario de Guerra.
La mayoría de los muertos fueron federales. Ajenos a la vetusta ciudad, nadie reclamó sus cuerpos. El olor a muerte invadió el ambiente y construyó el mito de la toma. Los vidrios de los palacios, una vez estrellados, quebraron la elegancia del porfirismo. Después de la batalla reino la grita… el orden lo debieron negociar los liberales porque ello fueron los intermediarios en la comunidad. En el día de san Juan la revolución no ha triunfado, ni un ciclo concluye.
POSDATA
La ausencia de una amplia historiografía sobre la Revolución en Zacatecas ha dado lugar a actos de botepronto, en los cuales los empleados gubernamentales muestran ignorancia y dan discursos acomodaticios, como “conmemorar (RR)” los hechos de sangre e imponerlos como hecho definitivo de la revolución.
