¿En dónde quedó la justicia?
“Donde hay poca justicia es peligro tener razón”: Francisco de Quevedo
Pocas veces me meto en los enredos de la justicia y sus instituciones. Y es por la sencilla razón de que, en muchas ocasiones, lo que uno pueda opinar es tomado, no como crítica constructiva sino, como la horca para los malvados.
Y de verdad que, a los encargados de las instituciones de justicia en nuestro país, y en Zacatecas, la crítica se ha sustituido por el insulto fácil o el desmadre más simple. Y me queda claro que existen momentos en el desarrollo de la sociedad que, el hartazgo social, conlleva a tomar medidas radicales para hacer entender a las autoridades que están haciendo mal su trabajo.
Lo viví en muchas manifestaciones contra la represión y falta de libertades en el país, en contra del partido hegemónico, en contra de las arbitrariedades contra los grupos vulnerables, contra la tortura y la cárcel a punta de tehuacanazos. Era mi obligación salir a la calle y protestar.
Los tiempos han cambiado y las instituciones de procuración y administración de justicia se siguen transformando, a paso lento, pero ahí la llevan. Una amiga, ex alumna de la Licenciatura en Derecho de nuestra Alma Mater, madre soltera, quien labora en gobierno del estado, tuvo la osadía de ejercer sus derechos y demandó a su ex patrón. La resolución del tribunal laboral, con todos los elementos de prueba aportados, condenó al patrón al pago de salarios caídos y prestaciones. Hasta ahí todo bien. Sin embargo, este sujeto, no contento con la resolución, denunció a la trabajadora del gobierno, meses después, por el delito de fraude en su perjuicio. Algo así como cuando los patrones encabronados porque perdieron en los tribunales laborales, corren a la Fiscalía a denunciar al trabajador de robo.
La primera fiscal que llevó la carpeta de investigación señaló muchas veces que no había elementos para procesar, ante de irse de jueza. La fiscal que lleva la carpeta señaló lo mismo, no hay elementos para procesar, pero señaló que estaba muy presionada de arriba para proceder en contra de la compañera, por la simple razón de que la novia del presunto ofendido, sacó a relucir sus contactos en la Fiscalía, por haber sido esposa de un ex fiscal que estuvo en la época de Alejandro Tello y por haber laborado en la citada Fiscalía.
¿O sea cómo? ¿Aun existe ese tipo de vergonzosas actitudes de llegar y decir que condenen a alguien que te cae mal, simplemente porque tienes lo que, comúnmente, se conoce como palancas? Qué triste y patético. En mis años como Oficial Mayor de la entonces Procuraduría General de Justicia del Estado jamás vi o hice semejantes estupideces, ni me presté a componendas para beneficio de unos u otros. Ahora bien, después de una audiencia mega chafa en donde la parte ofendida y sus abogados releyeron la carpeta de investigación, el asunto se complicó porque ahora ya le sacaron otros delitos (con argumentos verdaderamente deleznables). ¿Así se procura y administra justicia todavía? ¿Seguimos viviendo en la época de instituciones que condenan nada más porque no tienes contactos en los círculos más importantes de la vida política?
Créanme que me da tristeza y me encabrona de sobremanera, que la imparcialidad y el respeto a los derechos humanos se los pasen por el arco del triunfo para quedar bien con quien dice tener la vara muy alta. Deseo y quiero seguir pensando que las instituciones se han modernizado y por encima de intereses particulares, los derechos y libertades que postula la Constitución siguen siendo la vía para la convivencia civilizada; rechazo el amiguismo y el compadrazgo como elementos que pretenden ser parte del procedimiento penal.
Estaré muy al pendiente de la audiencia que se reanudará hoy. Y como ciudadano y docente universitario tendré la obligación moral de luchar por el respeto de la ley. Basta ya de caminar por las calles como influyente, como celebridad que puede pisotear la ley y las instituciones. México ha cambiado y ese tipo de actitudes solamente dan asco. Confío en la institución y sus funcionarios, todavía, los jueces no pueden ser los fariseos de la sociedad moderna.
