Orto, un opositor antimaderista
Carlos Toro nació en la ciudad de Zacatecas, en 1875. Fue un escritor prolijo. En cada texto expuso sus ideas: fue filial a las leyes de Reforma; positivista en la comprensión de la sociedad; y, romántico en la creación poética. Fue instruido en el Instituto de Zacatecas.
A los 20 años publicó el relato “Tradición”. Allí dijo: “Con la muerte del padre vino la ruina. No fue la miseria que se acerca poco a poco, quitando hoy una comodidad y trayendo mañana un disgusto; fue el violento huracán que todo lo arrasa: el hogar querido y cómodo abandonado de improviso por un cuarto de vecindad; la falta de pan después de la abundancia… María (su madre), inspirada por el amor, supo hacerlo acostumbrarse a la ruda lucha diaria por el pedazo de pan. Ella cosía, pero ¡produce tan poco la costura!”
Cuando cumplió 30 años, terminó la novela Vencedores y vencidos. Ésta fue publicada en 1916. La empresa Biblios la editó en 390 páginas. Según Fernando Tolá, la obra no tenía relación con los cambios políticos de entonces. El texto apareció después de la muerte de Carlos Toro. El fallecimiento ocurrió el 7 de agosto de 1914, en la Ciudad de México.
El conjunto de su obra narrativa fue publicado en los años siguientes. En 1932, El Gráfico obsequió a sus lectores “Horrores del presidio (cárcel de Belén). Novela de un perseguido”. Seis años después, la editorial Polis circuló Pedruscos recogidos en la sombra. Este texto, impreso en más de 200 páginas, no abordó los conflictos visibles y antecedente de la revolución, pero sí hace un retrato de la sociedad mexicana.
En 1947 apareció una reunión de cuentos con el título El miedo. El libro fue prologado por Leopoldo Ramos. Algunos textos fueron inicialmente publicados en periódicos de la Ciudad de México, Aguascalientes, Torreón, Monterrey y Zacatecas.
UN ENSAYO OPOSICIONISTA
En septiembre de 1913, con el seudónimo de Orto, Toro ganó el primer lugar en un certamen literario dedicado a la virgen de la Covadonga. Intervino en la categoría de ensayo. Participó con el texto: “Carácter de la lírica moderna en España y en Hispano-América”. Orto era un apodo endilgado en sus años de juventud. Así lo testimonia Ramón Puente, en la novela Juan Rivera, allí lo describe como “un obeso prematuro, con nariz ancha”.
Antes, en marzo de 1913, redactó La caída de Madero por la revolución felicista. Impreso está en 64 páginas, más la cubierta ilustrada y fotografías en páginas no numeradas. En la cubierta se indican los precios y los sujetos responsables del volumen. Toro como autor; Federico García y Alva como editor; y, Flores, el dibujante. Las fotografías fueron proporcionadas por la Agencia de Información Fotográfica, de Agustín Casasola.
No sobra asentar que la publicación tuvo una página de publicidad, pagada por la Tabacalera Mexicana. Por la fecha, el folleto es una de las primigenias publicaciones que dan cuenta de la decena trágica, el ascenso de Huerta y la muerte de Madero. Tiene un factor mayor: es un explícito manifiesto en favor de Félix Díaz. El editor era entonces un prosélito de las facciones adherentes al viejo porfirismo.
Trascribimos los dos primeros párrafos del ensayo. El objetivo es mostrar las huellas positivistas del panfleto: “Un verdadero golpe de mano del Destino había elevado al poder y mantenido en él a un anormal, probablemente degenerado inferior, candidato a la parálisis general (como se encargarán de la ciencia médica y la psicología de demostrarlo), que por las contradicciones extraordinarias de la nación, deformada por una tiranía de 30 años, encontrara campo propicio para el contagioso desarrollo de su vesania, no de otra suerte que una infección cunde en un organismo debilitado ya por viejos males.
La falta absoluta de educación, y aun sumaria instrucción del 80 por ciento de los mexicanos, anhelos irrefrenables de libertad, sordas aspiraciones de mejoría, indecisos latidos de barbarie ancestral, todo eso ocupaba e inflamaba los órganos de la vida nacional, ofreciendo excelentísimo medio a la expansión de una insania de alucinado” …
MUCHOS LIBROS
Recién recibí el libro Morena. Historia y perspectiva, de Ricardo Monreal Ávila. Lo publica la Cámara de Diputados. Confieso: a este escritor ya perdí la cuenta de cuántos títulos tiene en su haber. Estoy a punto publicar la reseña del descuidado libro Francisco García Salinas (2025) y luego noto que salió otro, 1847. El despojo (2026), sin ignorar Breve historia del Poder Judicial de la Federación (2025). A cómo va, viene el libro sobre Jesús González Ortega.
