FRESNILLO. El obispo de Zacatecas, Sigifredo Noriega Barceló, ofició este 25 de diciembre una misa en el Santuario del Santo Niño de Atocha, ante miles de peregrinos que abarrotaron el atrio y las inmediaciones para ser parte de “nuestra fiesta, la fiesta del hijo de dios, de dios con nosotros”.
En su homilía, subrayó que la Navidad es un tiempo en el que el mundo entero desea felicidad, misma para la cual el ser humano está hecho. No obstante, advirtió, en ella hay un significado profundo, vinculado al nacimiento de Jesús, pues es gracias a él que la vida adquiere sentido y claridad.
“Cuando crezca [Jesús] nos dirá: yo soy el camino, y nos llamará dichosos, felices, bienaventurados”, afirmó.
LA PALABRA DEFINITIVA
Noriega Barceló hizo énfasis en la importancia de la palabra de dios, destacando que Jesús no solo tiene palabra, sino que él mismo es “la palabra”, la palabra definitiva que dios ha pronunciado sobre la humanidad, la historia y la creación.
“Esta palabra da sentido a la vida, al sufrimiento, al amor y a todo lo que somos”, señaló, destacando la seguridad que brinda para caminar en la vida cotidiana.
Recordó que el Evangelio proclamado en este día anuncia que “la palabra se hizo carne: dios que se hace hombre para que el hombre llegue a ser hijo de dios”.
Añadió que este acontecimiento es motivo suficiente para vivir siempre con alegría y esperanza, solo posible gracias al “sí” de María, pronunciado en nombre de toda la humanidad. Por ello, dijo, la Iglesia la reconoce y agradece eternamente, colocándola siempre junto al niño.
LA LUZ DEL MUNDO
El líder religioso explicó que, en la antigüedad romana, el 25 de diciembre se celebraba la victoria del Sol sobre la oscuridad, durante el solsticio de invierno; pero con la llegada del cristianismo, se transformó en la anunciación de Jesucristo, como la verdadera luz del mundo: el Sol que vence las tinieblas del pecado y de la muerte.
En el contexto del cierre del año jubilar dedicado a la esperanza, afirmó que el niño Jesús es la garantía de que dios cumple sus promesas. “Él ha vencido la oscuridad y ofrece la certeza de la resurrección y de la vida plena, recordando que el ser humano está llamado a la plenitud que solo dios puede dar”.
Al finalizar la celebración, Sigifredo Noriega agradeció a los miles de peregrinos por su presencia y testimonio de fe, así como a los sacerdotes y a la comunidad de Plateros por el servicio permanente que brindan a quienes visitan el santuario.
“Qué bueno que cuidan al Niño, porque él no viene a causar conflicto, sino a acompañarnos, sanarnos y salvarnos”, concluyó.
