TEPETONGO. El calendario del colectivo Las Escarabajos se ha ido marcando con jornadas de búsqueda en campo independientes, este 2025 concluyó con el regreso a El Caquixtle, Tepetongo, donde se localizó una falange (hueso de pie) y ropa en lo que parecía ser un sitio de entrenamiento del crimen organizado. Esto tras la localización de siete fosas clandestinas el 2 de octubre.
Con este hallazgo realizado este domingo, el colectivo realizó el reporte a la Fiscalía General de Justicia del Estado (FGJE) con el objetivo de recolectar los indicios; sin embargo, les notificaron que acudirían hasta hoy.
El Caquixtle ha sido prospectado en cuatro ocasiones previas, y persiste como un punto fuerte dentro del mapa de la búsqueda: un territorio donde se presume que aún podrían localizarse más cuerpos.
Volver a esta localidad no es insistencia ciega, compartieron las integrantes del colectivo, ya que consideraron que “la tierra no siempre entrega todo a la primera, hay fosas que se revelan con el tiempo, con lluvias, con otros ojos. Por eso se regresa”.
FINALIZAN AÑO CON 17 BÚSQUEDAS
Al cierre de 2025, Las Escarabajos han realizado al menos 17 búsquedas independientes, documentadas en medios de comunicación y en redes sociales de colectivos aliados. Algunas concluyeron sin hallazgos visibles; otras dejaron indicios, restos o prendas.
En el recuento del año se llevaron a cabo prospecciones en Jerez de García Salinas, Fresnillo, Villa de Cos, Valparaíso, Tepetongo y otros puntos del estado.
En algunos de ellos, el trabajo de Las Escarabajos permitió la localización de restos humanos que más tarde fueron identificados y devueltos a sus familias. En otros, solo quedaron señales: fragmentos, prendas, silencios que siguen esperando nombre.
En los últimos meses, un gesto ha comenzado a repetirse: Cruces de madera son colocadas en fosas y en sitios donde se levantaron restos humanos, no como cierre, sino como un acto simbólico que nombra el lugar, que lo saca del anonimato del monte y lo inscribe en la memoria colectiva.
Las integrantes explicaron que las cruces no reemplazan la justicia ni la identificación pendiente, pero resisten al olvido. “Son una forma de decir que la tierra ya habló y que alguien escuchó”.
Insistieron que la búsqueda continuará en El Caquixtle. Porque mientras haya madres que no dejen de mirar al suelo con esperanza y dolor, este 2026 seguirá contándose así: búsqueda tras búsqueda.

