El buen viejo Zárate
El ingeniero Francisco de Paula Zárate es el gobernador constitucional de Zacatecas, en 1910. Sucedió al abogado Eduardo Guillermo Pankhrust, quien murió en 1908. Ambos eran parte de la facción liberal que apoyaba la permanencia presidencial del general Porfirio Díaz.
El Correo de Zacatecas, en julio de 1908, definió a Zárate como un individuo con principios liberales, en cuyo partido “ha estado siempre afiliado”. En el texto enfatizó su filiación positivista, lo hizo al enunciar que él experimentaba una profunda aversión hacia la política, prefiriendo la tranquilidad y la independencia de la vida privada, a los azares y desengaños de la vida pública.
El ingeniero Zárate, además de ser el titular del ejecutivo estatal, es socio de una empresa minera y está vinculado a lo más “granado” de la sociedad. Su difunta esposa, Francisca Río de la Loza, fue sobrina del ministro de Guerra, Manuel González Cosío. El hijo del ingeniero funciona como el agente relacionista del gobernador.
Las huellas materiales del gobierno del ingeniero Zárate todavía son apreciables; más porque están integradas a la patria celebratoria. Lo más visible es el monumento a la Independencia. Como gobernador colocó la primera piedra. Luego desveló la escultura (febrero de 1911). No olvidar el actual edificio de rectoría, entonces destinado a la jefatura política.
Zárate no fue conciliador como lo fue Pankhrust, el ejecutivo del 1904-1908. Tampoco un católico público como Genaro G. García, el gobernador de 1900-1904. Menos fue un liberal jacobino como el general Jesús Aréchiga, el gobernante de 1888-1900. En la divisa de Zárate solo estuvo: sin política, orden y progreso.
Francisco I. Madero conoció a Zárate en marzo de 1910. En el diálogo, el primero percibió el desprecio por las formas democráticas que simulaban el funcionamiento estable del régimen. En esa ocasión, el ingeniero se pronunció ajeno a los corralistas, los reyistas y otros grupos en el poder. Su preocupación era mantener la paz.
A pesar de la “urticaria política” de Zárate, para las elecciones de 1910 se formaron tres asociaciones porfiristas: el Círculo Nacional Porfirista, el Club Reeleccionista y el Club Popular Zacatecano. Además, concurrieron tres plataformas ideológicas sin club formal, pero sí con su respectivo periódico: los católicos, los liberales-masones y los antirreeleccionistas. Sea por la pluralidad de actores políticos o por su darwiniana actitud, Zárate no permitió ninguna manifestación callejera. A Madero le negó permiso para un mitin.
Zárate no fomentó un grupo político propio. Al iniciar su administración heredó la nomenclatura que integró Pankhrust en 1904. Era una nómina con amigos de toda la vida, algunos prosélitos de Aréchiga, y empresarios que no ocultaban su confesión católica tipo García.
En 1910, coincidentes las elecciones intermedias locales con las federales, el buen viejo Zárate (así lo llamaron Roque Estrada —en La revolución y Francisco I. Madero— y Ramón López Velarde —en La Nación—) fue un excluyente definitivo de los arechiguistas, quienes promovían el antirreeleccionismo en la capital del estado, incluso recibieron a Madero y Roque Estrada en la casa del licenciado Benito Garza.
Congregados algunos liberales arechiguistas a la promoción opositora, con ellos estuvieron empleados particulares, editores de publicaciones literarias, estudiantes del Instituto y la Normal. Casi todos eran lectores del libro La sucesión presidencial de 1910 de Madero.
Vale cuestionar: ¿por qué los arechiguistas intervinieron en la oposición, pero no en la revuelta de noviembre? Considero, hasta aquí, que quizás no procesaron la oportunidad del cambio, dado que con el régimen porfirista mantenían más creencias y prácticas políticas en común, y porque la nueva fuerza política del maderismo estaba apenas en construcción.
En septiembre de 1910, al realizarse las designaciones para los poderes Legislativo y Judicial de Zacatecas, es elocuente la exclusión de los opinantes de las plataformas. A los cargos fueron instalados los mismos colaboradores que tenía el gobernador Zárate, desde 1908. Eran individuos que laboraban en posiciones de alcance estatal desde 1900.
La nómina muestra que la alternancia y la rotación de los grupos no existían efectivamente. Los triunfadores lo eran por obtener en las actas electorales “la totalidad de los votantes”.
Un caso diferente sucedió en el distrito estatal de Juchipila. Allí los maderistas antirreeleccionistas tomaron como base de operaciones el club que organizó las fiestas del centenario. Ellos postularon a Luis G. Reinoso. No ganaron, pero confirmaron que las elecciones con triunfos premeditados desde el poder eran el medio para acceder a él. Comprendieron que su intervención fue una secuencia más de “la ficción democrática” que acontecía en el país. A nivel municipal, están las oposiciones antirreeleccionistas en San Juan Bautista del Teul y Concepción del Oro.
