El algoritmo: un juez invisible que decide por ti en las redes sociales
Parte 2
Al calor de la emoción de las fiestas patrias, te invito a leer esta segunda y última parte de mi colaboración publicada hace una semana, en la que, como recordarás, reflexionamos acerca del funcionamiento del algoritmo y la manera en que determina los contenidos que, como usuarios de Internet y las redes sociales, hemos de consumir.
La última idea que analizamos fue la existencia de opacidad en el funcionamiento de los algoritmos, que es una de las críticas consideradas clave, es por ello que se les ha llegado a denominar como “cajas negras”, ya que las empresas no revelan cómo están diseñados ni cuáles son las variables precisas que influyen en sus decisiones.
Los usuarios no podemos saber, más allá de las reacciones que agregamos a cada publicación y que aportan información para la creación de un perfil específico, por qué visualizamos ciertos contenidos ni cómo se priorizan en nuestro feed.
Algunos investigadores como Eli Pariser, director ejecutivo de Upworthy, afirma que los algoritmos pueden tener dos efectos en nuestro ecosistema de medios: en primer lugar ayudan a la gente a rodearse de medios que refuerzan lo que ya creen; en segundo, tienden a degradar el tipo de medios que son más necesarios en una democracia, noticias e información sobre los temas sociales más importantes (polituit.com).
Agrega que el contenido que cada usuario ve, por ejemplo en Facebook, se filtra según su elección social de amigos y comportamiento en la plataforma, así como un conjunto de suposiciones que el algoritmo realiza sobre qué contenido vamos a disfrutar. Todas estas suposiciones las desconocemos por completo.
En el algoritmo de Facebook toda la información es atomizada y distribuida sobre la base de un conjunto de reglas ocultas, inexplicables, rápidamente iterantes e individualizadas (polituit.com).
Las decisiones automatizadas sin explicación. Los algoritmos toman decisiones que afectan la visibilidad de publicaciones, la viralización de noticias o incluso la censura de contenidos, sin que existan mecanismos claros para impugnar o entender esas determinaciones.
Es probable que a pocos usuarios les genere un verdadero interés conocer los porqué y para qué detrás de los contenidos que consumen, en tanto que lo relevante pareciera limitarse a mantenerse conectados la mayor parte del tiempo.
Sin embargo, en esta exposición permanente a múltiples contenidos, donde cualquiera de éstos puede hacerse viral en un tiempo considerablemente corto, existe otro riesgo que es casi imperceptible, se denomina “infoxicación”. Esto es, una sobrecarga de información difícil de procesar (Martisi, 2025).
¿Qué consecuencias puede traer la infoxicación propiciada por los algoritmos?
Diversas investigaciones convergen varias dimensiones:
Cognitivas
Psicológicas
Sociales y culturales
En cuanto a las cognitivas, la dificultad para concentrarse se sitúa en el primer sitio. Éste es quizá uno de los principales problemas que enfrentamos en la era digital. El cerebro se sobresatura por estímulos constantes.
Asociado al anterior, está la posibilidad de enfrentar un bloqueo mental ante tal cantidad de información. Se vuelve difícil procesar, analizar y tomar decisiones con claridad, lo cual conlleva a una superficialidad en el pensamiento, confiriendo mayor relevancia a la cantidad sobre la calidad.
Respecto de las psicológicas, el estrés y la ansiedad ocupan el primer escaño, como consecuencia directa de la sobreexposición, principalmente frente a noticias negativas. La fatiga informativa ante el bombardeo de información al que se ve sometido el cerebro puede provocar agotamiento emocional y adicción a la conectividad.
En lo concerniente a las sociales y culturales, la desconfianza hacia los medios ante la diversidad de información que consumen puede conducirles a aislarse de temas relevantes.
La pérdida de experiencia vivida, como señala el sociólogo Goldenberg, la inmediatez digital puede destruir la experiencia reflexiva y profunda de las personas.
En suma, los algoritmos están diseñados para maximizar la permanencia de un internauta en la plataforma o sitio del cual se trate, lo cual implica mostrarle más y más contenido que le pueda resultar atractivo o provocador. Así, una persona puede pasar horas en el eterno scrolleo casi sin percibir el paso del tiempo.
Ante este funcionamiento autónomo de los algoritmos, ¿qué podemos hacer como usuarios?
En primer lugar comprender cómo operan y tomar conciencia de ello; cuestionar los contenidos a que se tenga acceso, es decir, reflexionar acerca de cuáles pueden ser los intereses detrás de ello; siempre verificar fuentes, realizar ajustes de privacidad limitando el acceso a los datos personales en redes sociales y, por último, elegir de manera consciente qué seguir.
Si bien estas acciones no romperán con la autonomía en el funcionamiento de los algoritmos, sí permiten recuperar control consciente y activo de la experiencia digital.
Y tú, ¿estás en disposición de hacerlo? Compárteme tu opinión.
Nos leemos pronto.
