Chega de Saudade
“La iglesia dice: el cuerpo es culpa. La ciencia dice: el cuerpo es una máquina. La publicidad dice: el cuerpo es un negocio. El cuerpo dice: yo soy una fiesta”. (Eduardo Galeano).
Durante los años 70, la Central de Inteligencia Americana (CIA) dedicó buena parte de sus esfuerzos, para aniquilar la idea de una iglesia al servicio de los pobres. La llamada Teología de la Liberación, adoptada por muchos religiosos en América Latina, enfrentó la persecución, represión y aniquilamiento, por parte de dictadores financiados por Washington, bajo la premisa de que una iglesia al servicio de los pobres, no era sino una concepción marxista que debía ser desterrada de tajo.
En El Salvador, sacerdotes y monjas realizaban trabajo de base y en muchos casos fueron asesinados por los paramilitares fascistas, bajo el grito: Haz patria, mata un cura.
Bajo esa narrativa, las dictaduras de Efraín Ríos Mont, en El Salvador, Hugo Banzer, en Bolivia, Anastasio Somoza, en Nicaragua, Augusto Pinochet, en Chile y otros gorilas más, se dedicaron piadosamente a matar y violar monjas, a desvivir a sacerdotes, el caso del obispo Oscar Arnulfo Romero fue un ejemplo de las atrocidades de los militares, quienes definían a la iglesia católica en tres grupos: una tercera parte marxistas, otra de centro y otra de derecha.
Se señala a un obispo de esta corriente, como delator de curas y monjas radicales en Colombia: el pandillero secretario de la Conferencia Episcopal Latinoamericana, Alfonso López Trujillo.
En diferentes países de Centro y Sudamérica, sacerdotes católicos, ante la embestida de los grupos paramilitares de extrema derecha, financiados por la CIA, se incorporaron a las guerrillas, como es el caso de Camilo Torres quien se enlistó en el Ejército de Liberación Nacional en Colombia, junto a los curas españoles Domingo Lain y Manuel Pérez.
Gaspar García Laviana, otro sacerdote español participó en la guerrilla nicaragüense. Asimismo, participaron con el Ejército Sandinista de Liberación Nacional (ESLN) Miguel D’Escoto y Ernesto Cardenal. Este último, reconocido poeta, quien fue Ministro de Cultura en el gobierno sandinista de 1979 a 1987.
Aún queda en la memoria de muchos, la ocasión en que Juan Pablo II visitó Nicaragua y el poeta se arrodilló esperando alguna indulgencia del reaccionario pontífice, quien lo señaló con dedo flamígero en un abierto regaño a su participación en la guerrilla y ser actor de la Teología de la Liberación.
Es obvio que, Juan Pablo II, se había convertido en un enemigo de cualquier ministro eclesiástico que tuviera ideas exóticas a favor de los pobres, pues nadie negaba su estrecha relación con los movimientos más reaccionarios del mundo.
Juan Pablo II, viajaba y viajaba, llevando una biblia con la inscripción: “Sufre, sufre y sé pobre, que llegarás al cielo. Pero nada de pedir expropiaciones ni nacionalizaciones, que mis grandes amigos de las trasnacionales quieren un pueblo ignorante y sometido a la explotación”. Ni más ni menos.
En México, la Teología de la Liberación tuvo como sus principales exponentes a dos obispos, quienes consideraban esencial llevar una nueva visión de la iglesia comprometida con campesinos y obreros, a través de las llamadas Comunidades Eclesiales de Base: Sergio Méndez Arceo y Samuel Ruiz.
Las comunidades eclesiales de base fueron organizaciones que, posteriormente y en buena medida, dieron nacimiento al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), quien hizo su aparición pública el primero de enero de 1994, en el sureste mexicano, unas de las regiones más olvidadas por los gobiernos priístas.
Ahí inició una aventura que puso a nuestro país en los grandes titulares del mundo. Hoy día, las comunidades indígenas del sureste mexicano siguen esperando el milagro de salir del atraso y la pobreza, milagro que no ha llegado.
