“Cuando el pasado cobra vida: Indigital y la revolución cultural en realidad aumentada” Segunda parte
Iniciamos una nueva semana, ya casi cerrando junio y hoy, entre letras, café y la frescura de las lluvias, continuaré con la segunda y última parte del tema dedicado al proyecto Indigital.
En mi colaboración anterior, mencioné la entrevista publicada por el Foro Económico Mundial, en donde Mikaela Jade narra que una de sus experiencias más gratificantes, al estar operando este proyecto, ha sido el trabajo transgeneracional: ver a cuatro generaciones de mujeres de una comunidad remota denominada Barada Barna, al oeste de Queensland, trabajando juntas en la creación de hologramas: una niña de cuatro años, una adulta mayor de 84 y las generaciones intermedias.
Esto pone de relieve que cuando existe un objetivo común, motivante y trascendente, distintas generaciones pueden colaborar juntas para lograr un resultado sorprendente, unidas, además del interés de la preservación de su cultura, por la tecnología.
Entre los conocimientos ancestrales que se han transmitido a través de Indigital, están el cómo cuidar la naturaleza y vivir en armonía con tu comunidad –habilidades que poco a poco hemos estado perdiendo. La gran expectativa de la creadora, es que, al promover la cultura indígena, Indigital pueda contribuir a detener su desaparición.
Explica que los conocimientos, lenguas y tradiciones de las Primeras Naciones están desapareciendo rápidamente en su país. Comenta que Australia tiene el mayor índice de extinción de lenguas del mundo y les asusta que sus sistemas de conocimiento no se transmitan a las generaciones futuras.
Desde mi punto de vista, ésta es una preocupación genuina, que además deberíamos compartir todos acerca de la preservación del conocimiento y la cultura de nuestros antepasados, antes de que la modernidad termine por extinguirles.
Indigital, en los últimos cuatro años, ha trabajado con 10 mil alumnos, 400 educadores y 170 adultos mayores. Es importante mencionar que, con base en datos de la misma fuente, en todo el mundo hay más de 476 millones de indígenas que viven en 90 países.
Jade dice que sin incluir las formas de ser y conocer de estos pueblos, corremos el riesgo de perder la sabiduría transmitida de generación en generación.
Me llamó la atención una reflexión que comparte durante su entrevista: “Lo que mi comunidad siempre dice es que tú eres los sueños de tus antepasados y tus descendientes son tus sueños”, a lo cual agrega que nuestra mayor responsabilidad como seres humanos en este planeta durante tan poco tiempo, es ser unos buenos antepasados.
Estas afirmaciones pudieran parecernos bastante idealistas en un mundo tan material como en el que vivimos; sin embargo, ¿acaso no es cierto que mucho de lo que hoy tenemos nació a partir del sueño de alguien más?
Por otra parte, en 2025 contamos con el beneficio de la tecnología, que está haciendo posibles muchos de aquellos sueños que alguna vez tuvieron las generaciones que nos antecedieron.
Iniciativas como Indigital, demuestran que es posible transitar en una era en la que la herencia cultural se encuentra en una encrucijada: por un lado, corre el riesgo de perderse ante la globalización y la homogeneización cultural; por otro, se abren nuevas posibilidades para su conservación a través de herramientas digitales.
El futuro de la preservación cultural no radica en elegir entre lo ancestral y lo moderno sino en armonizar ambos mundos, tendiendo puentes entre la memoria colectiva y las tecnologías emergentes.
Seguramente en cada uno de los libros que has leído, en los lugares que has visitado, has podido constatar que cada tejido tradicional, cada canto ritual, cada lengua minoritaria lleva en sí, siglos de sabiduría.
En nuestra era, gracias a la tecnología, podemos documentarlos, compartirlos y revitalizarlos, además, de brindar oportunidades de desarrollo a las comunidades implicadas.
Desde la realidad aumentada que revive leyendas en su lugar de origen, hasta archivos sonoros y visuales accesibles globalmente, la ancestralidad no desaparece: se transforma.
Proyectos como la digitalización de códices prehispánicos o el uso de Inteligencia Artificial (IA) para preservar lenguas indígenas son claros ejemplos de cómo la tecnología puede ser aliada, no amenaza. La magia consiste en saber encauzarla.
Al exponer la experiencia de Indigital no estoy promoviendo una réplica exacta sino la adopción de las soluciones tecnológicas que más se adapten a un principio fundamental: escuchar a las comunidades, respetar su voz y usar la tecnología como amplificador, como caja de resonancia, jamás como un sustituto.
En cada parte del mundo, existen pueblos con historias valiosas que desean y merecen ser contadas, preservadas. La clave radica en la colaboración intercultural y el fomento a soluciones locales con impacto global. ¿Tú qué opinas?
Nos leemos pronto.
