La Marcha Aréchiga
No existe nada más liberador, para la aterrada alma, sobre todo en estos años de muchos balazos y más ideológicos bandazos, que leer los diarios y las redes sociales y enterarse que, existe un serio debate, en las benditas redes, sobre los recursos que el ayuntamiento capitalino determinó erogar (más de dos melones de varos) para que, un artista de llaveros e imanes para el refri, se aventara una escultura dedicada a la Marcha Aréchiga, mejor conocida en los bajos mundos del hampa, como Marcha de Zacatecas.
O sea, ¿una escultura para homenajear una marcha? Digo, si el rancho es la capital de las marchas del Centro-Norte: son los profes de la CNTE, son los de Telesecundarias, los Sanmarqueños, las féminas anarquistas que piden manden a Rubén Ibarra a Gaza y hasta de ciudadanos para protestar por las marchas.
En fin, que resulta que faltan más músicos para crear más y más marchas. Dice el anecdotario que Genaro Codina, por allá en el siglo 19, se aventó una marcha con dedicatoria para el góber de aquella época – Jesús Aréchiga- quien, en un acto de valerosa moral, decidió que mejor se llamara Marcha de Zacatecas. Dicen que le dio 1 mil varos de regalo a Codina y todos felices.
La pitera escultura sigue en el debate y ya se busca el lugar propicio para colocarla, pero donde no se moje porque, dicen los enterados, de seguro se deshace por ser de cartón corrugado. Ya ven cómo es la raza. Mientras el artista ya trabaja en su obra, contando peso por peso para que no le falte material.
Pero sigamos con la historia. Se dice que Genaro Codina y Fernando Villalpando estaban reunidos con varios cuates y, entre copa y copa, porque dudo mucho que estuvieran tomando agua de horchata, ya envalentonados echaron la apuesta de saber quién podría escribir la mejor marcha.
Genaro Codina llevaba mucha ventaja porque, unos años antes, le había compuesto una marcha a Porfirio Díaz, quien lo premió con la Jefatura de Hacienda en el rancho.
Y aquí hago una pausa para preguntarme, ¿a nadie se le ha prendido el foco para componerle un rap, un corrido tumbado o ya de perdida un reguetón a la presidenta? Los músicos andan muy atrasados. Si le hubiesen compuesto ya alguna melodía a la jefa de las instituciones, seguro fuera delegado de alguna institución: el ISSSTE, el Bienestar, el IMSS, pero nada de nada. No hay moral ni inspiración mis cuates.
Cuántos músicos no hubieran salido del anonimato, pero no se ponen las pilas. Échenle cacumen y hagan en chinga una Marcha de la CNTE, seguro les cae una lana para hacer frente a las necesidades más urgentes, digo, las caguamas no las regalan.
Y resulta pues que, de la apuesta, Genaro Codina ganó y Fernando Villalpando se aventó el arreglo y todos felices y contentos (la letra gachísima se adjudica a Salvador Sifuentes).
Casi parecido a la apuesta entre Renato Leduc y Adán Santana, que dio origen al soneto “Tiempo” (Sabia virtud de conocer el tiempo…), que después se musicalizó y fue interpretada a dúo por Marco Antonio Muñiz y José José. Todo de una apuesta y al calor de bebidas espirituosas, que sacan a madrazos a las musas que se encuentran dormidas. ¡El pisto es cultura!
Zacatecas debería convertirse en espacio de construcción de marchas, pues se tiene el material necesario. Tanta pinche marcha que pone en jaque al tránsito, una composición a un importante personaje que marchó hacia otra dimensión, a algún jubilado o pensionado, a un universitario que marchó por las marchas de las féminas democráticas que les valió destrozar una vida y una familia.
No mis cuates, material es el que sobra, lo que falta es ingenio. Ya les hubieran autorizado una escultura pitera para colocarla en toda la ciudad, que sería Patrimonio Cultural de la Escultura Pitera.
Zacatecas no avanza porque no hay apoyo para los nuevos valores. Por lo pronto, marcho a tumbarme unas quesabirrias, porque el estómago no respeta. “Sabia virtud, de conocer el tiempo, a tiempo amar y desatarse a tiempo, como dice el refrán dar tiempo al tiempo, que de amor y dolor alivia el tiempo”.
