¿Más cosas chinas?
El título de este texto no tiene otro objetivo que el de reflexionar brevemente sobre nuestro Centro Histórico.
Es un hecho conocido que uno de los locales más grandes de la avenida González Ortega -que hasta hace unos meses ocupaba una sucursal más de Vips y antiguamente era una agencia de autos Chevrolet-, será convertido en una tienda de productos de origen asiático.
Ante los comentarios que pude leer y escuchar en redes sociales o en comunicaciones personales, me atrevo a hacer algunos apuntes sobre un fenómeno que es cada vez más frecuente en otros centros históricos del país.
Le reto a buscar en Google. Si inserta las palabras “chinos” y “centro histórico”, leerá varios titulares de periódicos con frases como “Los chinos dominan y controlan el negocio en el Centro Histórico de la Ciudad de México”, o “Comercio chino se expande en el Centro Histórico de SLP”; “Vendedores del Centro histórico desplazados por chinos”, entre otros.
Al parecer, la invasión asiática ha generado preocupación entre el sector comercial de los centros históricos por sentirse desplazados ante una “competencia desleal”, pues según sus palabras, sus productos no pueden competir ante la abundante masa de objetos de todo tipo y de bajo costo que ofrecen los asiáticos, ni tampoco ante su capacidad de poder pagar rentas cada vez más elevadas en fincas que, por su ubicación y tamaño, se han vuelto impagables.
Este hecho ha reanudado la conversación sobre fenómenos como la gentrificación y la esencia de los centros históricos tradicionales como el nuestro.
Para el caso de San Luis Potosí se ha mencionado que las tiendas chinas están desalojando a quienes por generaciones “han dado vida a la ciudad”, refiriéndose a los negocios familiares con giros específicos que han ido desapareciendo.
Es visible entonces que el tema no solo tiene connotaciones económicas sino que también alude a la preocupación por la posible pérdida de identidad del primer cuadro, donde la tradición se ve arrasada por la llegada de extranjeros.
Académicos como Guadalupe González Hernández, experta en los procesos de transformación del Centro Histórico de Zacatecas, señala que a partir de 1990 se observa un cambio paulatino de la orientación económica de esta zona: pasó de ser un centro que proveía bienes y servicios básicos a la población residente, a la provisión de comercio y servicios para el turista.
Este hecho, provocado por el impulso al turismo y la mercantilización del patrimonio histórico, elevó las rentas del suelo ocasionando la paulatina expulsión de la población que ahí habitaba o vendía sus productos hacia otros espacios.
La oportunidad es aprovechada por extranjeros con la suficiente capacidad económica para poder pagar las rentas en fincas situadas en el corazón de las ciudades. Imagine el costo mensual del edificio de la avenida González Ortega, ¿habría algún empresario local que se anime a emprender en este sitio? Francamente no lo sé.
Expertos en migración china como Camilo Matos ponen sobre la mesa el tema del racismo. Si fuera un francés o quizá un español quien pusiera un restaurante en este lugar, ¿estaríamos satisfechos o también se expresaría el descontento? Dejo la pregunta en el aire.
Quizá no tiene nada que ver con la nacionalidad sino con la utilidad que ese sitio pueda tener para la población y su capacidad para convocar y generar espacios de socialización o dinamización de la zona.
Mientras tanto, me gustaría finalizar diciendo que hoy más que nunca es perceptible la pérdida de identidad y centralidad, valga la redundancia, del primer cuadro de nuestra ciudad. Hace unas décadas recuerdo calles populosas, llenas de gente que compraba, hacía trámites gubernamentales, comía y compartía cafés en los diferentes locales de la avenida Hidalgo.
Hoy, visito el centro y lo veo cada vez más vacío, silente y descuidado. El trajín de un viernes por la noche ha quedado reducido a puntos concretos en los que la conversación se apaga a cierta hora de la noche.
¿Qué estamos pensando para nuestro centro? ¿Un museo para los turistas, un marco colonial instagrameable y nada más? ¿O un centro para los visitantes, pero también para sus habitantes?
*Maestra en Estética y Arte
