LUIS MOYA. La presencia del crimen organizado y su silencioso control en Luis Moya trastornó la vida de sus pobladores, que aseguran sentirse constantemente vigilados.
“No es como que nos amenacen, pero convivimos con ellos, y eso nos continúa provocando temor aun cuando ya es parte de nuestra vida cotidiana”, reveló una vendedora de alimentos.
A diferencia de ella, hay negocios locales que operan bajo la constante presión de los integrantes del crimen organizado.
“Aquí nos ponen a vender solo lo que a ellos les conviene”, mencionó un comerciante.
Incluso, el control se extiende más allá de la zona urbana y alcanza el área rural, donde los agricultores se enfrentan al “derecho de piso” para poder trabajar sus tierras.
La tensión se palpa en cada esquina. Otro campesino relató el hallazgo de restos óseos en parcelas de trabajo: “Yo nunca vi nada, solo en la mañana que llegué, la Fiscalía [General de Justicia del Estado] (FGJE) y el Ejército Mexicano ya tenían resguardadas las parcelas”.
Por ello, los habitantes, cansados de vivir de esta manera, expresaron su anhelo de cambio: “Queremos seguridad, nos sentimos observados y eso no nos deja vivir tranquilos”.
