ZACATECAS. Uriel Moreno El Zapata cortó dos orejas y se convirtió en el triunfador de la tercera corrida de la Feria de Pachuca, en una tarde cuesta arriba para todos por el poco juego de los ejemplares de Marrón.
El que mostró el gran nivel fue Fauro Aloi, a quien el juez de plaza le arrebató el triunfo.
EL TESÓN DE ALOI
Al rejoneador Fauro Aloi le correspondió Chipotle de 516 kilos, el abre plaza del hierro de Marrón, un toro muy distraído que tardó en entrar en ritmo; sin embargo, buena doma tuvo el caballista, que le sometió, llegando y aguantando mucho.
Lo pasó con un rejón de castigo, y en las banderillas comenzó de gran manera, citando de frente y batiéndose a pitón contrario.
Le faltó emoción y emotividad al astado, pero Fauro supo manejar los terrenos, medir las distancias y los tiempos con pulcritud, y es así como colocó, con gran lucimiento, una segunda banderilla.
Fue temerario y puso sobre la mesa una apuesta nada fácil, pero que estaba determinado a ganar; y fue de esa manera en la que acortó a milésimas la distancia y, dando el pecho, cuajó una batida deletreada en la que reinó la clase.
El tesón se hizo manifiesto en dos banderillas al violín, en las que con valor se hizo llegar con determinación. Las cortas llegaron en los pasajes finales, precediendo la ejecución de la suerte suprema, teniendo un rejón fallido, y es que el toro de Marrón ayudó muy poco. Al final, saludó con fuerza en el tercio.
LA ESTOCADA DE EL ZAPATA
El segundo, Sultán, fue otro ejemplar que apuntó las mismas condiciones del primero: muy distraído y suelto.
Uriel Moreno El Zapata se esforzó desde salida: de rodillas, con un farol saludó al astado de Marrón, al que después bregó con torería.
El astado no apretó en la Suerte de Varas, pensándose que no había que obligarle mucho en el Segundo Tercio, pero para El Zapata el compromiso con el público antecede a todo, y por ello no dudó ni un momento en tomar las banderillas, siempre tan solvente y con esa innata facilidad en la que adornarse en plenitud de facultades se vuelve tan fácil.
Uriel es muestra de la perfecta condición física y de una espectacularidad tangible que provoca emoción. El torero tlaxcalteca brindó una esperanzadora faena al público que pese al frío respondió.
Inició con muletazos muy suaves, por alto, pero el animal perdió las manos y acusó esa falta de fuerza. No quedaban por debajo de las ganas del torero por convencer, ni del astado por embestir, con ese fondo de nobleza que dio paso a dos series por derecho de buena manufactura.
El ejemplar humillaba, y también tuvo franqueza por el izquierdo, una lástima esa contada transmisión que no dio paso a que tomara otro rumbo la faena.
Los naturales tuvieron las buenas notas, y por ello se quedó en ese pitón, deseando que la faena caminara con el viento a favor a pesar de las embestidas a cuenta gotas.
Se hizo del toro y eso tuvo todo el mérito; al final la rúbrica fue una buena estocada.
RETIRADA EN SILENCIO
Capotito de 519 kilos, tercero de la tarde, un animal armonioso de hechuras al que Arturo Saldívar saludó con verónicas.
El ejemplar no cambió en condiciones respecto a los dos primeros: mantuvo el comportamiento de la poca fuerza y el perder las manos, aunque con esa voluntad de embestir.
Fue una faena muy pausada, con los muletazos templados, ligando de uno en uno y dando paso a la construcción de una actuación muy sólida en la que cuajó lo mejor por el pitón derecho.
El toro comenzó a quedarse, dando ya medias embestidas y metiéndose además con peligro. Manoletinas como parte de ese claro esfuerzo final. Pinchazo y estocada caída para retirarse en silencio.
RECONOCIMIENTO
El cuarto de la tarde, Gladiador de 502 kilos, correspondió a Arturo Gilio, quien tuvo un breve saludo capotero.
Apenas en los primeros compases el astado perdió las manos. La debilidad una vez más presente se convirtió en el representativo de la corrida de Marrón que, en este punto, quedaba a deber en demasía.
Tuvo un gran mérito el lagunero, que se inventó sobre la marcha la faena, sacando los muletazos y dando pie a convencer a un frío tendido agradecido con esto.
Encontró el punto a seguir sobre un pitón derecho franco, ligando series con clase. Pinchazo y estocada para retirarse entre palmas.
PETICIÓN NO CONCEDIDA
El quinto y segundo de Fauro Aloi fue Mestizo, un toro bien presentado pero suelto y distraído, tardándose mucho en atender el llamado del caballista.
Un rejón de castigo y cambió el tercio. Una vez más, Fauro llegó mucho en cada encuentro para provocar sus acometidas, que se producían cuando se metía casi entre los pitones.
Así lo hizo en reiteradas ocasiones con temple, para llegar tan arriba al clavar y meterse entre el astado y las tablas por donde apenas había espacio para ello.
No dudó en ajustarse bajo el mando y temeridad de su expresión artística para adornarse con las banderillas.
Se lo dejó llegar muy cerca y sintió a milímetros el calor del roce de los pitones, para batirse en cámara lenta.
El mejor de los rumbos lo tuvo Fauro, que rompió en la faena y logró lo impensable: que el astado fuera a más. Banderillas a dos manos para poner la plaza como una caldera.
El broche de oro con las banderillas cortas fue impecable también. Se volcó en el rejonazo final para culminar así su gran actuación. Hubo mayoritaria petición que no se concedió, dando una vuelta al ruedo con mucha fuerza.
EL FIN DE LA NOCHE
Tabernero, sexto de la tarde y segundo para El Zapata, que estuvo breve en el saludo capotero. No escatimó en lo que hizo con las banderillas, logrando poner al público de pie.
Y así, ante el buen ánimo del respetable, deseoso del triunfo, inició una faena variada, escrita con las letras de la inventiva de un torero que tiene su propio estilo y que con las décadas que suma como matador cada día se asume con esa entereza.
Con El Zapata es todo o nada, y a pesar del animal, tan rajado, usó los recursos y logró tirar para hacer una faena con pasajes de calidad. Pinchazo y estocada fulminante para cortar una oreja.
Plomero, séptimo de la noche, permitió un buen saludo capotero de Arturo Saldívar, que se recreó por verónicas.
Faena cuesta arriba en la que apenas pudo dibujar los primeros compases, pases por alto y una determinación en los pasajes siguientes, donde al astado le costó una enormidad embestir. Falló con la espada y se retiró en silencio.
Gilio cerró la noche con la variedad en el capote, recreándose por verónicas y ejecutando un quite por chicuelinas.
El toro quizá fue el que tuvo mayor transmisión, iniciando Gilio de rodillas, con un cambiado por la espalda; en ese tenor se desarrolló su faena, siempre anteponiendo la entrega, el valor y la verdad.
La actuación de Gilio fue por ambos pitones; sin embargo, no coronó con el acero, retirándose entre palmas.









