Una Presidenta
La elección de este 2024 fue llamada “histórica” por muchas causas. Ya sea por el número de cargos que se eligen o por el número de votantes llamados a las urnas, lo cierto es que las elecciones más grandes de la historia están por realizarse.
Sin embargo, hay un detalle que no pasó desapercibido para nadie: será la primera vez en el devenir de nuestro país que seamos gobernados por una mujer.
Independientemente de las preferencias, éste no es un tema menor; detrás de este hecho hay siglos de lucha por los derechos políticos de las mujeres, encabezados por activistas e ideólogas de diferentes latitudes del mundo.
Es bien sabido que las primeras voces femeninas que exigieron el derecho al voto resonaron en Estados Unidos y posteriormente en Reino Unido. Luego, el germen que plantaron mujeres como Laureana Wright o Emmeline Pankhurst comenzó a replicarse por toda Europa y más tarde en Latinoamérica.
En nuestro país se dice que el movimiento sufragista comenzó en el periodo posrevolucionario. Sin embargo, antes de la Revolución Mexicana, hubo mujeres que pugnaron por la mejora de las condiciones laborales de la otra mitad de la población e incluso exigieron ser consideradas ciudadanas.
Hace 200 años un grupo de zacatecanas solicitó al gobierno local el reconocimiento de la ciudadanía por su contribución a la lucha independentista.
Seguras de su derecho, mandaron sendas cartas al gobernador que no obstante, no tuvieron el resultado deseado; su petición fue interpretada como extravagante y pretenciosa, adjetivos y opinión que reafirma el multicitado y afamado historiador Elías Amador. El hecho quedó en nada, pero sin duda marcó un precedente para todo lo que se desarrollaría después.
Entre la primera y segunda década del siglo 20, Hermila Galindo destaca en los anales de la historia nacional por propugnar, por primera vez en una publicación, el sufragio femenino y los derechos laborales.
La revista Mujer Moderna se posicionaba como una caja de resonancia donde se defendía la emancipación de la mujer y por ende, su participación en la vida política de México, no como acompañante y esposa, sino como protagonista.
Después aparecen nombres como Elvira Carrillo Puerto o Refugio García, esta última integrante del Frente Único para los derechos de las Mujeres, una organización bastante activa que apoyó la candidatura de Lázaro Cárdenas con la esperanza de que se lograran las reformas constitucionales necesarias para el acceso femenino al voto, que por cierto, Cárdenas negó.
Al llegar Miguel Alemán Valdés a la presidencia, Refugio García envió en 1947 una iniciativa al Congreso que modificaba el artículo 115 Constitucional para permitir la participación de las mujeres como votantes y candidatas a nivel municipal, abriendo la puerta a la reforma constitucional de 1953 que permitió de una vez por todas el libre derecho a voto de todas las mujeres a nivel federal.
Fue gracias a la primera reforma que Belem Márquez García pudo convertirse en la primera presidenta municipal de Zacatecas, no sin críticas y contratiempos, mientras que dos años después hizo lo propio Asunción Padilla en Genaro Codina.
Que este brevísimo resumen sirva para recordarnos a todas que lo que hace más de 70 años parecía improbable, y hace 200 años una extravagancia impensable, es hoy una realidad.
Así que ejercer el derecho al voto no es solo una obligación ciudadana sino una obligación histórica con todas las mujeres que nos antecedieron e insistieron en hacer esto posible, no sin críticas, vituperios y hasta encarcelamientos.
Así que, quién sabe, en unos meses podremos tener a la primera mujer presidenta, casi 71 años después de que por primera vez las mujeres mexicanas pudiéramos votar.
PD. Según el portal de El Economista, actualmente hay 14 mujeres que son jefas de Estado: Moldavia, Perú, Kosovo, India, Honduras, Grecia, Georgia, Etiopía, Bosnia y Herzegovina así como Barbados, son naciones dirigidas por mujeres (materializando quizá los sueños de las sufragistas decimonónicas) y probablemente pronto sean 15.
